
Creo que ayer comenzó un largo tiempo de silencio...Dejaré llevarme por las pláticas, por las enseñanzas de los demás, de las personas que mueven el mundo, y no por los bestiales literatos y otras cacatúas nombradas intelectuales, "científicos sociales", hasta historiadores y teóricos de campanario, que dicen que piensan, que garrapatean libretas, escriben libros y descifran su mundito. Karel Kosik, en
Reflexiones antediluvianas, escribió esto que me ha sacudido:
Los literatos [o en su defecto, intelectuales, "científicos sociales", hasta historiadores y teóricos de campanario] con frecuencia no comprenden que la mayoría habla incluso cuando calla, porque habla en su idioma, que los hombres de la pluma desprecian. Alguien tiene que sembrar y cosechar, construir casas, conducir los autobuses y los trenes, repartir el correo, trabajar en las fábricas, talar el bosque y cultivar las vides, curar y operar; en eso consiste la elocuencia de la gente, que los literatos, fascinados por lo extraordinario y encantados con su excepcionalidad, tachan de ordinario. Los intelectuales de nuestro tiempo, narcisistas vanidosos y malcriados, están tan concentrados en sí mismos y en su propia importancia, prestan tal atención a sus estrepitosas y prolongadas charlas, que no oyen lo que quiere decir el silencio del pueblo (de la mayoría muda, callada) ni lo que anuncian los acontecimientos, los hechos, las historias, a cuyo sentido y advertencias no prestan atención.
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