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martes, 7 de abril de 2015

Es hora de anudar la soga rota: Elías Rivero y Bernardo Caamal Itzá, vidas paralelas.



Planteo que nuestro pueblo ha sido gobernado por unas cuantas familias, que el poder siempre recae en unas cuantas familias, y que la historia así lo señala… Bernardo Caamal Itzá.

En 1964, el tercer director del Centro Coordinador Indigenista de Peto, el antropólogo Salomón Nahmad, apuntó estas siguientes “escenas cotidianas” que pudo percatarse al vivir un tiempo en la Villa de Peto:

En la villa de Peto había una clara división entre los indígenas y los catrines [blancos y mestizos[1] estos últimos]. Los primeros asistían a la escuela “Francisco Sarabia”, a la salida de Peto, y los catrines asistían a la escuela de monjas, en el centro de la Villa [de Peto]. Cuando Nahmad y su esposa decidieron mandar a su hijo a la “Francisco Sarabia” hubo una fuerte reacción, tanto del personal del INI, ya que el antropólogo Mejía mandaba a su hija con las monjitas, como del resto de la comunidad mestiza [de Peto]…. En las vaquerías quedaba de manifiesto nuevamente la tensión en las relaciones interétnicas, los blancos se sentaban de un lado y los mayas del otro. Cuando Nahmad acudía con su familia a las corridas, su mujer iba vestida con hipil y se sentaban del lado maya: “las señoras de Peto todas catrinas, no más no entendían, pero yo creo que esto ayudó a revalorar a los muchachos mayas, a los promotores[2] y a tener una imagen positiva de ellos, a confrontarse con la sociedad y bueno eso empezó a darles empoderamiento a las comunidades”.[3]

Nahmad era un convencido de que las relaciones de poder en Yucatán eran “muy injustas” y luchaba para que los indígenas, como los mayas de la región de Peto, pudieran participar políticamente y obtener posiciones. Buscaba que los indígenas fueran activos en el cambio político y jurídico.[4] Podemos sostener, basados tanto en fuentes orales y revisando la documentación periodística del siglo XX, que esta situación política contemplada por Nahmad en la Villa de Peto (me refiero al hecho de que, en Yucatán, en los pueblos grandes como Peto, Valladolid o Tekax, cabeceras de los antiguos Partidos políticos a lo largo del siglo XIX,[5] el poder era y sigue siendo de “mestizos”, “blancos”, catrines o “dzules”[6]), se acentuó posterior a la debacle del mundo decimonónico yucateco salido de la Guerra de Castas y subsistió a los cambios y desarticulaciones económicas, políticas y sociales ocurridas durante los primeros cuarenta años del siglo XX. En esta tesitura decimonónica posterior a 1847, el indio maya fue visto, entre las élites yucatecas, como simple “bárbaro” al que habría que hacerle la guerra “pacificándolo”, o bien, como un peón de campo al que habría que “amestizar”(léase domeñar) mediante distintos cerrojos jurídicos, económicos y políticos, suprimiéndoles categorías de poder como las antiguas repúblicas de indígenas, etcétera,  reduciéndoles sus espacios agrarios en el noroeste yucateco mediante la crecida incisiva de las haciendas henequeneras, o creando una serie de normativas para la individualización de sus tierras.[7] Las relaciones étnicas de poder (disminución de los resquicios de poder maya, ubicuidad de la dominancia ladina) que podemos observar en la segunda mitad del siglo XIX, al término de los reacomodos políticos suscitados en el periodo postrevolucionario (1910-1940), subsistieron a lo largo del siglo XX.[8]
En una escala microhistórica sobre la región de Peto, sostengo que las viejas familias decimonónicas, o el elemento “ladino” o “dzul” petuleño, se adaptarían a las nuevas coyunturas políticas, medrarían en la época del chicle, y junto con algunos “turcos”, progresarían y se parapetarían políticamente. Además, como fueron en la segunda mitad del siglo XIX, serían los encargados de la educación local, del comercio, y algunos tipos pintorescos tendrían hasta el prurito cultural y participarían estruendosamente en vaquerías, fiestas del pueblo, carnavales, y otras bellaquerías aldeanas.[9] Pero eso sí, como ha apuntado Iturriaga y he apuntado anteriormente, siempre conservando las “formas”, dividiendo el mundo “ladino” del mundo indígena de la región. Y, por supuesto, los lazos de parentesco, los casamientos y otras afinidades, estarían bien marcadas y redundarían en la hegemonía política de los dzules del pueblo, dueños del “conocimiento” como profesores, por ser “gente de razón”, etcétera, y esto es un lugar común el señalarlo. 
Similar a lo que Thompson y otros han referido,[10] en la Villa de Peto, los viejos dzules o catrines de finales del siglo XIX (dueños de comercios, administradores del “Ayuntamiento”, algunos azucareros venidos a menos), que vivían en el centro del pueblo, eran los dueños de las pequeñas fincas de la región; eran los que hacían sus testamentos, los preocupados por la amenaza constante del “bárbaro”[11]; los que “reclamaban para sí” el palacio municipal y la iglesia del pueblo, y eran los dueños de los establecimientos comerciales y los que a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, detentaban el poder político, monopolizaban una educación no popular, y se hacían cargo de ejercer la “justicia” en el pueblo.[12]
Sin embargo, como señalo en el trabajo referido sobre la región de Peto,[13] para marzo de 1911, al grito de “ya se acabaron esos tiempos” del monopolio del poder por unas cuantas familias, el platero petuleño, Elías Rivero,  encabezando a los conjurados de Xthazi (un grupo de no más de 30 campesinos mayas y mestizos del pueblo), asaltaron el cuartel de la Villa de Peto, y acto seguido se internaron al monte y recorrieron los florecientes ranchos y una que otra hacienda cañera al sur de la Villa, agrandando sus tropas con peones que se les unían a la buena o a la mala, y cayeron contra la hacienda esclavista Catmís días después, y ayudados por los fieros yaquis, se batieron resueltamente en armas contra tropas mandadas por la dictadura porfiriana henequenera, pregonando “¡Viva la libertad! ¡Muera la dictadura! ¡Mueran los negreros de la Administración! En casi 15 años, Elías Rivero, un maya puro de Peto, con las armas en la mano y con la legítima bandera de ser veterano de la revolución en Yucatán, combatiente de los rebeldes orozquistas en la lejana Chihuahua, y fundador de la Liga de Resistencia petuleña[14] del Partido Socialista, que fue una especie de almácigo para el reforzamiento de las estructuras de poder maya, casi aniquiladas en Yucatán posterior a 1847;[15] trataría de reivindicar los derechos de su pueblo pisoteados por los “catrines” y otros petimetres de la Villa; y cuando se diera el golpe militar contra Felipe Carrillo Puerto, “su maestro”, para febrero de 1924 se levantaría en armas enarbolando nuevamente la causa del socialismo yucateco, y para abril de ese año entraría a Peto acaudillando a su ejército de 300 guerrilleros socialistas armados con escopetas y machetillos. En mayo de 2014, un nonagenario del pueblo recordaría a “su general” Elías Rivero, de la siguiente manera:

Don Elías Rivero tenía su casa por la calle 34 y 32 de Peto. Era un moreno, utilizaba sombrero blanco y ropa blanca. Porque de antes no había mezclilla ni cotín, pura manta cruda se usaba antiguamente. Ese señor era guerrillero, y estaba a favor de los pobres, por eso tenía a su gente; a favor de los pobres, y no a favor de los ricos. Ese señor andaba con 6 personas a lo menos, bien encarabinados tanto de mañana, de tarde o de noche cuando visitaba los pueblos como Yaxcopil. En Yaxcopil hacía la asamblea, y ahí acudían los vecinos de Temozón, y ahí acudían los vecinos de Xpechil; ¡bueno!, es que andaba platicando don Elías, diciendo que no lo dejen, que él sigue, y que no se dejen gobernar los pobres por los ricos. Ese señor era político a favor de los pobres, no a favor de los ricos. Ese señor no era un hombre viejo, tenía como 35 años a lo mucho, lo conocí gordo, moreno, no muy alto. Él andaba platicando que ninguno se deje que lo esclavizaran otra vez, y que por cualquier cosa, él está dispuesto para combatir lo que pasa. Entonces, hasta que quedó libre y ganaron la libertad, él también comenzó a andar aquí, pero no creas que está completamente libre de ir a otros lugares, solamente allá en Peto andaba. Aquí se murió en Peto, dicen que lo llevaron después, que en el Museo de Mérida llevaron sus restos. Así me lo platicaban, pero quién sabe si es cierto.[16]

Indagando sobre la vida de Elías Rivero, concluí que, al final, a este revolucionario de los primeros tiempos en Yucatán, después de 1924,  sobre su figura se empezó a correr un velo de silencio, no sé si consciente o inconsciente, entre las élites políticas pueblerinas que administraron el Ayuntamiento a lo largo del siglo XX. Rivero no aparece en la lista de “caciques” que Joseph apuntó en un ensayo sobre el caciquismo en la era de Carrillo Puerto, y tampoco tiene un “biógrafo” como Pedro Crespo o José Loreto Baak, y su actuación revolucionaria no se recuerda ni en museos o casas de la cultura locales, y no hay ninguna estatua pública a su memoria en la Villa de Peto.[17] El velo del silencio sobre esta importante figura del Peto “revolucionario” de los primeros años del siglo XX, cruza todo ese siglo y se presenta hasta los inicios de la centuria actual. Los petuleños actuales, a pesar de ser muy afectos a las rememoraciones históricas, a los desfiles cívicos y a conmemoraciones de la Revolución mexicana donde se teatraliza en sus calles principales los enfrentamientos entre los “porfiristas” y los “revolucionarios”, no conocen ninguna plaza, ningún mercado, ningún parque o una escuela, y menos un monumento que tenga el nombre o recuerde la figura de Elías Rivero. Por el contrario, han bautizado una escuela con el nombre de un maestro decimonónico, Inocencio Ruiz, el cual, cuando vivía, era dueño de sirvientes de campo en “los años de la esclavitud”; o bien, han bautizado una colonia y una escuela primaria con el nombre de un héroe de la aviación mexicana, Francisco Sarabia. Esta idea del silenciamiento de la memoria de Rivero, podría entenderse si vemos a la historia que fraguan las élites (en este caso, de las élites pueblerinas), como una memoria selectiva, o como un olvido programado por parte de estas élites locales.[18] Concluí mi estudio sobre Rivero, señalando que, una vez muerto el 31 de mayo de 1947 a la edad de 71 años, el viejo caudillo revolucionario sureño no dejaba herederos tanto biológicos como  políticos. Nadie recogió su legado, solo dos gentes de fuera –meridano uno, y tzucacabense el otro- hicieron unos pequeños bosquejos de su vida y obra. Su causa agraria, su causa política concretizada en la frase en lengua maya que siempre repetía (“Yo soy un indio, lo entiendo, pero un ciudadano con derechos”), su causa social para liberar a sus hermanos de la esclavitud de la pobreza y de la injusticia, con el tiempo sería diluida por las élites rurales decimonónicas en el pueblo, que al final se reposicionaron, y mediante un gatopardismo político cínico al declararse “socialistas”, se afiliarían al PNR callista y luego al PRI, y unos cuantos al PAN. Las condiciones actuales de pobreza, injusticia y marginación del pueblo maya de la región de Peto, comprueba claramente esa cláusula apuntada: si queremos que todo siga igual, razonaban las élites dzules y blanquedas, es necesario que todo cambie. Mientras que Rivero moría en la casi indigencia, las viejas elites “dzules” hacían su muy particular “revolución” y hacían patria monopolizando el Ayuntamiento, el comercio, engordando con el dinero del chicle, abriendo burdeles y cantinas, presidiendo vacunamente las misas, educando y haciendo una política cerrada por el filtro étnico del poder mestizo. Como historiador de la matria, uno siempre se preguntaba, ¿no habría siquiera uno solo, un solo continuador de los años de Elías Rivero?  Mi actitud pesimista comenzó a cambiar en el año 2012, pero antes de referir por qué, traigamos a cuento la memoria.
A principios de 2008 conocí a un agrónomo de Peto al quien antes de estrecharle la mano, había leído algunas cosas escritas por él en indistintos portales de internet, siempre tocando temas en lo que él es experto: la milpa, las lluvias, las cabañuelas, anécdotas del monte, las costumbres mayas, etcétera.  Bernardo Caamal Itzá, tal es el nombre de este agrónomo salido de la Universidad Autónoma de Chapingo, me saludó con efusividad y me dijo que igual él había leído algunas cosas mías. Desde ese momento, me volví amigo de Bernardo, y para un día de ese 2008, realizamos, con otros dos amigos y la familia de Bernardo, un “memorable viaje” hacia el oriente de Yucatán, a Valladolid, y en el trayecto “puebleamos” lugares históricos de la Guerra de Castas como Tixcacaltuyú, Yaxcabá, etcétera.   Muy pocos le decían Bernardo, casi todos lo conocen como Arux, personaje creado por Bernardo en uno de sus programas de radio de la XEPET.
No miento si digo que he tenido desavenencias serias con Bernardo en cuanto a algunos tópicos, pero en cuanto a cuestiones políticas, creo que ambos coincidimos: comparto sus preocupaciones por el pueblo, sus fastidios al comprobar que a esa lejana Villa la tienen secuestrada por un grupo de “caciques” pueblerinos que arrea a una borregada acrítica, y me horrorizo junto con él, del estado de exclusión histórica en que se tiene al pueblo maya de la región.
En el 2012, Bernardo, el agrónomo; Bernardo, el Arux; Bernardo el comunicador y periodista maya; Bernardo, el reconocido internacionalmente por su trabajo para honrar el “tsikbal”,[19] decidió incursionar en la política local. Quería tal vez cumplir con su tarea, de devolver a su pueblo esos conocimientos técnicos que en Chapingo devoró, como se dice, quemándose las pestañas; esos conocimientos que maduraron en su interior con la experiencia de la comunidad; esos conocimientos de un hombre de “origen milpero” enseñado por las consejas de su madre y de los padres de su madre. Bernardo, quien tuvo que irse desde joven a estudiar en otros lugares (Oxkutzcab, Chapingo) porque en su propio pueblo no había las condiciones para hacerlo, y en lo que duró este viaje de iniciación y expatriación de estudiante, su orgullo de pertenecer al gran pueblo maya tal vez se acendró: “Mi mayor tesoro es el hecho de saber que tengo raíces mayas”.
Nacido en 1968, año axial para México, en 1994, otro año no menos axial, Bernardo terminó su compromiso académico en Chapingo y decidió regresar a la Villa de sus mayores con el título de agrónomo. La encontró peor de lo que ya estaba, maniatada por sus caciques dzules, o por sus familias “blanqueadas”. Para vivir, Bernardo tuvo que trabajar fuera, y tuvo contactos con amigos de otros pueblos. Maxcanú, Mérida, Felipe Carrillo Puerto, fueron algunos de sus centros de trabajo.[20] De 1994 a 2012, aunque se dio la alternancia política en la Villa, el pueblo de Bernardo seguía maniatado por sus caciques, fueran tricolores o azules. Ese memorable 2012, con la experiencia de los años, de bregar todos los días, el Arux decidió pasarse al ruedo de la política local desde la banda izquierda, y haciendo política desde abajo. En una nota de tesis, apunté lo siguiente:

En las elecciones de 2012, un miembro de la sociedad maya de Peto, Bernardo Caamal Itzá, un comunicador indígena con escuela del INI histórico que Salomón Nahmad quiso implantar en Peto desde 1960, promotor de la cultura maya en ámbitos de la producción, los saberes de la milpa y las tradiciones agrícolas; bajo el eslogan “un arux en campaña” (Caamal Itzá utiliza como apodo a ese personaje mítico de la cultura maya) participó en ella bajo las siglas de un partido de izquierda; y con un grupo de colaboradores mayas, este agrónomo salido de las aulas de Chapingo, presentó un discurso político reinvidicador de las clases populares de la Villa, y que al parecer fue recibido con enfado –y a veces con burla- entre los que se dicen “dzules” de la villa de Peto. En una nota de prensa, se decía que “Un arux irredento pero indómito está moviendo el tapete a los eternos caciques de la villa de Peto, ese sector de adinerados que controla la venta de licor y cerveza, que acapara la comercialización de los abarrotes y la carne, que trafica con propiedad ejidal y mangonea los programas federales y estatales. Ejerciendo la corrupción y el clientelismo, estos caciques feudales son los que ponen y quitan alcaldes a su conveniencia, utilizando al PRI, al PAN, sin importarles el desarrollo del municipio y mucho menos el destino de sus habitantes”.[21]

A pesar de los exactos y claros discursos de Bernardo contra los “caciques” del pueblo, las estructuras políticas de Peto no se modificaron aquella vez. Hoy, en el año 2015, año trágico postAyotzinapa, el Arux está otra vez en campaña, y como Elías Rivero en 1911 y 1924, Bernardo sabe contra quiénes lucha exactamente. Para mayo de 2014, Bernardo escribió una demoledora radiografía política del pueblo de Peto, fustigando nuevamente a los caciques priístas y panistas:


Es claro que en las altas esferas del poder [local] se van fraguando proyectos que atentan contra el futuro de este pueblo tan lejos de dios y tan cerca de los caciques, en donde sus operadores usan a sus anchas el dinero público para cometer tantas atrocidades, para luego intentan tapar el ojo al macho con pasquines que resaltan algunas de sus obras que sin embargo son opacadas por la ola de robos por todos lados, y para que nadie se entere hostigan a quienes quieren dar a luz pública tantas atrocidades que cometen contra el pueblo. Convivios de alto nivel para decidir el futuro del grupo gobernante, a su vez expulsar a los jóvenes que no comulgan con sus intereses. Población olvidada por Dios, Peto ha sido gobernado por siete alcaldes foráneos y en las últimas fechas han formado el Grupo de los 20, que es el que decide quiénes son las personas idóneas a sus intereses y quienes recibirán todos los recursos para “vender una imagen caritativa, sonriente y cercana a Dios”, porque en el fondo saben que “don dinero mata carita”, aunque después de la amnesia electoral el pueblo se la pase lamentado del estado en que se encuentra al mismo tiempo que cientos de sus jóvenes abandonan Peto y cruzan la frontera a Estados Unidos en busca de trabajo, dejando a sus familias en manos de sus opresores.[22]

La Kuxaan Sun, la soga rota en 1947 con la muerte de Elías Rivero, al correr los katunes ha sido nuevamente anudada. Bernardo Caamal Itzá se encargó de hacerlo.




[1] Por la palabra “mestizo”, lo entiendo no en términos como se conceptúa en Yucatán, sino como elementos de la sociedad no indígena.
[2] Promotores indígenas del INI de Peto trabajando en las comunidades a partir de 1959.
[3] Eugenia Iturriaga, 2004 Estrategias indigenistas en el sur de Yucatán: Relaciones interétnicas vistas a través del Centro Coordinador Indigenista de Peto. Tesis de Maestría en Ciencias Antropológicas opción Antropología Social, Mérida, Yucatán, UADY, 2004, p. 94-95.
[4] Ibidem. p. 93. Podemos decir que Nahmad, nacido en 1935 al igual que don Guillermo Bonfil Batalla, aunque trabajó dentro de un indigenismo oficial, dio cabida a las ideas de esa generación crítica signadas desde De eso que llaman antropología mexicana (1970), y las Declaraciones de Barbados (1971, 1977) donde se pedía una nueva perspectiva humanista, solidaria y responsable de los Estados hacia los pueblos originarios. Sus elementos teóricos y su puesta en práctica de un indigenismo distinto a la paternal idea estatista de él, posibilitó reforzamientos étnicos y aquilataría la disrupción del Movimiento indígena a partir de la década de 1980 en México.
[5] Los partidos políticos yucatecos dataron desde tiempos coloniales y subsistieron todo el siglo XIX  y fueron suprimidos jurídicamente en el proceso de municipalización ocurrido en la década de 1910. Cfr. Salvador Rodríguez Losa, Geografía Política de Yucatán. Tomo III. División territorial, categorías políticas y población, 1900-1990, Mérida, Universidad Autónoma de Yucatán, 1991.
[6] No se descarte, desde luego, el proceso de “blanqueamiento” o “catrinización” (es decir, ir del indígena al “blanco” en sucesivas generaciones) que ocurre entre las “elites pueblerinas” yucatecas.
[7] Esta es la idea clásica que subsiste sobre el proceso agrario en Yucatán en el siglo XIX, pero hay que decir que este proceso no ocurrió al pie de la letra en zonas “inseguras” para el capital ladino, como fueron las zonas fronterizas a la territorialidad de Chan Santa Cruz como el lejano partido de Peto, en el que una sociedad maya y mestiza tuvo mayor margen de maniobra autonómica para hacer frente a las arremetidas del capital en la década de 1890. Cfr. Gilberto Avilez Tax, Paisajes rurales de los hombres de las fronteras: Peto (1840-1940). Tesis que para optar al grado de Doctor en Historia, México, CIESAS, 2015.
[8] Sobre las relaciones étnicas de poder, Pineda Gómez (2014: 57) ha señalado: “La dominación, además de implicar estructuras de clase, integró relaciones étnicas de poder, originadas históricamente a partir de la invasión europea del siglo XVI y recreadas con la independencia formal; pero sobre todo con el advenimiento de la gran industria. La jerarquización étnica de la fuerza de trabajo, acompañada por una ideología científica que trató de justificar ‘la inferioridad de los indios…”
[9] Sobre estas bellaquerías aldeanas de los dzules del pueblo, véase la serie de fotografías que se encuentran en el libro de Máximo Sabido Ávila, Mis memorias de Peto, Mérida, Yucatán, Edición del autor, 1996.
[10] Cf. Richard Thompson, 1974 Aires de Progreso: Cambio social en un pueblo maya de Yucatán, México, Instituto Nacional Indigenista. Se ha apuntado, que en asentamientos con población originariamente española (aunque no necesariamente, ya que las migraciones internas en la península modificaron la etnicidad de los pueblos), sus descendientes solían vivir en las primeras manzanas, en torno a la plaza principal, y se daba una marcada división entre el centro y los barrios o la periferia. Los del centro son todavía considerados los dzules (señores, amos); son los que tienen apellido español, dueños de tiendas grandes, “que reclaman para sí tanto el palacio municipal como la iglesia del pueblo”. Los de la periferia eran los de apellido maya, los milperos y los de menos recursos. Cfr. Ella Quintal et al, 2003 “U lu’umil maaya wíiniko’ob: La tierra de los mayas,” en Alicia M. Barabas coordinadora, Diálogos en el territorio. Simbolización sobre el espacio en las culturas indígenas de México, Volumen I, México, INAH, 2003, p. 312.
[11] En la segunda mitad del siglo XIX, la región de Peto fue escenario de reiteradas “incursiones” de guerra de los de Chan Santa Cruz. Cfr. Martha Herminia Villalobos González, El bosque sitiado. Asaltos armados, concesiones forestales y estrategias de resistencia durante la Guerra de Castas, México, CIESAS-CONACULTA-INAH y Miguel Ángel Porrúa editores, 2006.
[12] AGEY, PE, sección Justicia, c. 654 (1909).
[13] Cfr. Capítulo V de Paisajes rurales de los hombres de las fronteras
[14] Luego, en la Villa de Peto vendrían otros “socialistas” de dientes para afuera, como uno de los hijos del contrincante de Rivero, el porfiriano Máximo Sabido Ávila. En 1939, el hijo de este último, del mismo nombre por negar el apellido Can de su madre, y quien a fines del siglo XX escribiera un librito denostando a Rivero, se nombraría “socialista”, y junto con otros dzules del pueblo, le harían la barba al general Lázaro Cárdenas tomándose una foto con Tata Lázaro, foto en la que no aparecería Rivero, viejo ya, quien se encontraba en su milpa tratando de que mazorcaran sus elotes para sobrevivir sus últimos años. Cfr. Paisajes rurales de los hombres de las fronteras, pp. 407-408.
[15] Sobre este reforzamiento de las estructuras mayas de poder en el periodo socialista comandado por Felipe Carrillo Puerto, Cfr. Manuel Sarkisyanz, Felipe Carrillo Puerto. Actuación y Muerte del apóstol “rojo” de los mayas, Mérida Honorable Congreso del Estado de Yucatán, 1995. 
[16] Entrevista de tradición oral con el señor Francisco Poot Aké, Peto, Yucatán, México. 14 de mayo de 2013.
[17]  En la ciudad oriental de Valladolid, hay un Museo de la Cultura donde existe un pasaje en el que se rememora la revuelta vallisoletana de 1910, conocida en esa ciudad como “la primera chispa de la Revolución”. En Peto no existe ningún pasaje histórico, ni una estatua, ni nada que recuerde la figura de Elías Rivero.
[18] A lo largo del siglo XX, la mayor parte de las estructuras educativas que se dieron en la Villa de Peto (desde las primeras escuelas primarias hasta secundarias, preparatorias, colegios de bachilleres, etcétera), fueron copadas por elementos no indígenas de la región, desconocedoras de la historia reciente del pueblo, ninguneadoras y despreciadoras de las memorias orales del estrato popular. Esto, aunado a que las “historias matrias” han sido minusvaloradas desde larga data por el centralismo instaurado desde el periodo postrevolucionario mediante la visión homogénea de una historia oficial trasegada desde el centro de México, se hizo difícil recordar fehacientemente los años políticos de Elías Rivero, u otras consideraciones que sólo motivaban, cuanto más, acercamientos antropológicos o folklóricos (Véase el texto setentero sobre Xoy, de Marie-Odile Rivera, Una comunidad maya en Yucatán, México, SEP-Setentas, 1976). Contrario a periodos cuasi mitificados por las narrativas locales (cotéjese los trabajos de Arturo Rodríguez Sabido y Máximo Sabido), como el “chicle”, los “aviones” de Sarabia, o la “bonanza” de “Justicia Social”, se dice poco de los años de Elías Rivero, no se señala su final, se dan yerros enormes sobre los hechos de armas de 1911, y a Rivero se le etiqueta como un sanguinario hombre de “horca y cuchillo”.
[19] En el 2003 se le otorgó el Premio Internacional en Comunicación Rural Atkins.
[20] Bernardo fue director de XENKA, La voz del Gran Pueblo Maya, en Felipe Carrillo Puerto; igualmente fue director del Centro Coordinador Indigenista de Maxcanú, y varios años ha laborado en Mérida en la fundación Produce, además de asesorar a los campesinos de la región de Peto con proyectos de la Conafor.
[21] Un arux en campaña”, artículo de Freddy Espadas Sosa. Diario de Yucatán, 22 de junio de 2012.  
[22] Bernardo Caamal Itzá, “Se agiganta la sombra del caciquismo en Peto”, en El blog del Arux, 10 de mayo de 2014. 

lunes, 15 de septiembre de 2014

La leyenda negra, la leyenda rosa y la leyenda oral de Elías Rivero



Las distintas interpretaciones que se han hecho sobre la figura política de Elías Rivero me recuerdan a la distinción que Friedrich Katz hiciera sobre las tres interpretaciones de la figura política de Pancho Villa. Katz, en su primer tomo sobre la biografía definitiva de Pancho Villa, establece que sobre la figura de don Doroteo Arango vuelan las interpretaciones de la leyenda negra, las interpretaciones rosas, y la que menos se ha trabajado, la interpretación auténtica.[1] Para la figura de Rivero, podemos decir que igual existen estos tres tipos de interpretación, representados de este modo:
a) Una interpretación que hace énfasis en La leyenda negra de Rivero, y que se ejemplifica en los libritos de Máximo, “Maco” Sabido, Mis memorias de Peto; y en el librito de Arturo Rodríguez Sabido, Semblanza histórica de Peto. En estos libros, se desprecia, minusvalora, ningunea y hasta se execra y vitupera al Elías Rivero histórico, comparándolo como un simple bandido y un vulgar matón de pueblo. Las interpretaciones de estos dos libros, tal pareciera que fueran copia fiel de los documentos periodísticos y judiciales porfirianos, que llamaron “revoltosos”, “salvajes indios”, “bárbaros”, etc., a los revolucionarios petuleños.
Para Maco y Arturín, Rivero no fue el iniciador de la rebelión, cosa que sin duda es una vil mentira, y para Maco “Juan José Pérez Ruiz y Faustino Torres”, subalternos del general Rivero que morirían sin pena ni gloria, son “los auténticos precursores del movimiento de 1910”. El mentiroso de Sabido Ávila, tiene la desfachatez de decir, que los apellidos Pérez Ruiz y Torres figuran en la extinta Liga del Partido Socialista. La verdad, no he comprobado esta  última aserción, pero no me sorprende que Maco Sabido haya omitido, en su librito artesanal, que los restos del general Elías Rivero descansan en la Rotonda de los Socialistas Ilustres, donde comparte nicho eterno con otro fiero socialista, Pedro Crespo, vigilando hasta en la muerte al Dragón Rojo con ojos de jade de Motul, Felipe Carrillo Puerto. Elías Rivero y Pedro Crespo, a la par de Rogelio Chalé y otros socialistas genuinos, forman parte del selecto grupo de defensores de la Revolución desde el primer momento de 1911; y luego, Rivero y otros pocos, serían los únicos que tuvieron suficientes cojones para levantarse en armas y resistir el golpe de Estado que asesinó a Felipe Carrillo Puerto. Ni el padre de Máximo Sabido Ávila, que en 1911 estaba refugiado en su hacienda por temor al garrote porfiriano, ni ningún otro Sabido, ni nadie más de Peto, puede ser designado como genuino revolucionario que defendió hasta la muerte el legado carrilloportista. Rivero, en ese punto, no tuvo descendencia.
b). La interpretación "rosa" estriba en una visión romántica de “la vida ejemplar de un humilde campesino, sencillo y noble, que se llamó Elías Rivero”. Existen, que yo sepa, dos trabajos que intentan hacer un perfil de los hechos de Rivero. Uno, de Bustillos Carrillo, y otro de un profesor tzucacabense, Adriano L. Sosa, que escribió en la década de 1940, y que conoció a Rivero de cerca. Esta interpretación rosa está muy emparentada con las interpretaciones orales de la población maya del pueblo.
c) La interpretación oral de la figura de Elías Rivero, se da sobre todo en el estrato maya de la región petuleña: en ella se narran las gestas revolucionarias de un hombre que recorría los caminos del sur haciendo justicia a los pobres, diciéndoles que no vuelvan a la esclavitud, que él los cuidaría, y que se organicen para que no los mangoneen los ricos. En estas visiones orales de Rivero, se da hasta un proceso de mitificación del hombre: Rivero se libra de los soldados que lo persiguen, porque desde su casa hay “cuevas” donde se mete para salir a otro pueblo. O bien, Rivero se convierte en un huay miis (hombre que se convierte en gato) y sale sin que nadie se percate de él. O desde luego, Rivero combate del lado de los pobres en la Guerra de Castas, y Crescencio Poot es su amigo. O más bien, el “tsiris” (chaparrito) Rivero sobrevive a los balazos y al incendio de su casa de huano, metiéndose en unas tinajas llenas de agua.
El historiador que esto escribe, obviamente que combate con su pluma y sus documentos las interpretaciones criminales de La leyenda negra, escrita por las visiones conservadoras de los "catrines" del pueblo. Este historiador le hace caso a la interpretación rosa, y la coteja con fuentes documentales y orales de Rivero, para tratar de sacar una interpretación más creíble, diametralmente opuesta a la interpretación vacuna de los conservadores pueblerinos creadores y difusores de la Leyenda negra del general Elías Rivero.





[1] Katz, Friedrich, 1998 Pancho Villa, Tomo I México, Era.

sábado, 13 de septiembre de 2014

GERÓNIMO CEBALLOS, VETERANO DE LAS GUERRAS DE CASTAS, PIDE COMBATIR A LOS REBELDES DE RIVERO



Días después del asalto al cuartel de Peto y del asalto y toma de Catmís por los rebeldes encabezados por Rivero en 1911, en la Villa de Peto se dio un hecho curioso digno de haber sido escrito por el fabulador de Aracataca, Gabriel García Márquez. 
Y es que en plena zozobra en que se encontraba el pueblo debido al temor de que de un momento a otro, los “revoltosos” de Rivero se presentaran a Peto para tomarlo y prenderle fuego, se vio por las calles polvosas y desérticas del pueblo, a una figura extraña y reluciente en pleno invierno terminal y cálido del pueblo: vestido con toda la gala militar, la parafernalia, las charreteras, su medalla de oro de veterano de la guerra con los indios; y un sable forjado 50 años atrás y manchado de óxido viejo a imitación de la cara empergaminada de arrugas de su dueño, iba caminando con paso marcial y firme el veterano capitán de la Guerra de Castas, don Gerónimo Ceballos. 
Enjuto, flaco de carnes y con 81 años a cuestas, este hijo de Peto, despidiéndose de su esposa aquella mañana, le dijo que iba decidido a batirse con ese enemigo que decía frases extrañas como “Viva Madero y muera la dictadura":

Es de consignarse que el veterano don Gerónimo Ceballos, en los momentos en que la población estaba más alarmada, acudió al cuartel a ofrecer sus servicios para la defensa de la población.[1]

Don Gerónimo Ceballos no era el único fantasma de la Guerra de Castas que aparecía nuevamente en este pueblo de frontera. ¿Pero quién era don Gerónimo? Noticias de él nos dicen que el 4 de agosto de 1857, Juan María Novelo envió al comandante general del Estado la relación del capitán Gerónimo Ceballos procedente del pueblo de Chikindzonot, que había sido invadido por los rebeldes.[2] El censo de 1880 dice que Ceballos contaba con 50 años y que era un “labrador” que sabía escribir. En una relación de fincas de pueblo de 1890, Ceballos era dueño de la finca San Pedro, del municipio de Peto, donde cultiva caña y maíz. En 1883, Ceballos ocupó el cargo de juez suplente del pueblo, y no dudo que otros cargos en los años posteriores. 
La actitud resuelta de Ceballos en los días en que Peto estaba en alarma permanente por las acciones de Catmís, es otro ejemplo de que los fantasmas de la Guerra de Castas tardarían en morir en el pueblo. Habría de pasar más de una generación para que las cenizas se enfriaran, pero las acciones de Catmís tenían un basamento similar a lo que sucedió en 1847: modificar el estado injusto en que una élite oligárquica mantenía a los destinos de los pobres del campo yucateco. El patriotismo de Ceballos, desde luego, era un patriotismo étnico, pues a los rebeldes de Peto, los dzules del pueblo no los veían como sus iguales: eran simples indios a los que habrían que combatir.





[1] “Grandísima alarma en Peto”. Diario Yucateco. La tarde. 9 de marzo de 1911.
[2] AGEY, Poder Ejecutivo, serie milicia, sección comandancia en jefe Brigada Novelo, c. 197, vol. 147, exp. 2 (1857).

jueves, 11 de septiembre de 2014

AVATARES DE UN JEFE POLÍTICO: MÁXIMO SABIDO ÁVILA (1868-1951)

Fotografía del jefe político, Máximo Sabido Ávila, tomada en 1911. Archivo fotográfico de Arturo Rodríguez Sabido. 

Extractos de la tesis doctoral mía, llamada Avatares de una región de frontera. Peto. 1840-1940.

Al principio, durante los primeros momentos posteriores a la rebelión de la madrugada del 3 marzo de 1911 dirigida por Elías Rivero, entre el pueblo corrió el rumor de que el que comandaba a los "revoltosos" de Peto, se trataba de Máximo Sabido Ávila[1]. Y es que resulta que Sabido había ocupado por varios años el cargo de Secretario de la Jefatura política presidida por Casimiro Montalvo Solís. Cuando fue la conjura fallida de la Candelaria, del año de 1909, Sabido Ávila estuvo a favor de los conjurados para tratar de sacar a la fuerza a los molinistas del poder. Cuando se quiso llevar a cabo la rebelión de la Candelaria, los mismos petuleños le dijeron a los meridanos, dos años antes de 1911, que ponían la cláusula de dar 500 brazos para la rebelión de la Candelaria contra el clan que había detentado el poder desde principios de siglo, sólo si se les permitía matar a Casimiro Montalvo Solís, “the despised” jefe político y cacique del pueblo.[2] La prensa meridana, que desde el principio trataba de saber quién era el que dirigía a los amotinados de Peto, recordó a este hombre que venía de una tradición de letrados de pueblo, y que habían ocupado, en varias ocasiones, cargos en el Ayuntamiento de Peto durante la segunda mitad del siglo XIX. Recordando que a Sabido lo habían acusado de felonía, se exponía que:

Máximo Sabido es un sujeto que estuvo envuelto en la rebelión abortada en las elecciones últimas y con este motivo hay pendiente en su contra una orden de aprehensión. Durante mucho tiempo desempeñó la Secretaría de la Jefatura Política de Peto; pero con motivo de faltas graves cometidas, entre ellas las de haberse sabido que estaba combatiendo solapadamente al gobierno mismo á quien servía y proporcionaba datos a los enemigos; el coronel Montalvo lo destituyó…[3]

 Desde entonces, entre el viejo lobo de la política y hombre fuerte de Peto, Montalvo Solís, y Sabido, comenzó un distanciamiento; y Sabido  "guardó un odio contra su antiguo jefe”, el cual se extendería hasta el mismo Arturo Cirerol, compinche de Montalvo Solís, quien le facilitaba  muchachitas a Cirerol –sobre todo, muchachas indígenas- para que “Don Arturo” aliviara su dolor de braguetas. En 1913, siendo ya jefe político Máximo Sabido (sería el penúltimo jefe político en la historia del pueblo), en los días previos a la “Decena Trágica” cuando fue derrocado el gobierno de Madero, en Peto corrió el rumor de que Arturo Cirerol estaba reclutando gente para realizar en el pueblo un levantamiento contra el gobierno maderista. Sabido actuó rápido, le echó el guante a Cirerol y a varios hombres más, y los remitió a Mérida para las diligencias respectivas. En sus acusaciones, Sabido imputó a Cirerol, que cuando eran los tiempos de Montalvo Solís, bajo la anuencia de éste realizó su derecho de pernada.  
¿Pero de donde venía el penúltimo jefe político en la historia de Peto, aquel que hemos visto en los dos libros escritos hasta ahora por dos descendientes suyos,[4] vestido de gala con el traje militar de color caqui, y posando para la cámara frente a su escritorio de madera preciosa,  con dos sillas mecedoras, un pizarrón detrás de su espalda y un reloj que marcaba las diez de la mañana?
Este hombre que traicionó a Montalvo Solís, era descendiente de Máximo Sabido Pérez, un veterano de la Guerra de Castas que combatió a los mayas rebeldes desde el principio de esa larga y devastadora guerra. En 1857, Máximo Sabido Pérez,[5] expuso al gobernador, que habiendo sido nombrado alcalde segundo desde 1855, sus “cortos bienes” habían sufrido un quebranto, y suplicaba la remoción de su cargo.[6] Este Máximo Sabido Pérez era capitán de las fuerzas yucatecas combatiendo a los mayas rebeldes.[7]  En 1858, Máximo Sabido Pérez obtendría el grado de comandante militar. En 1867, sin las formalidades de la ley, y debido a que era comandante de las Brigadas de Guardia Nacional, Máximo Sabido Pérez se había ausentado de Peto dirigiéndose hacia Mérida. La migración de Sabido y varios “notables” petuleños, para octubre de 1867, se debió sin duda al miedo que cundía en la región. Porque ese año fue el de la deserción de buena parte de los mayas pacíficos del sur (de Campeche) que volverían a hacer causa común con Chan Santa Cruz soliviantados por el que dijera la frase “ea, ya tengo cinchado al toro, capéenlo si quieren porque yo me voy a mi pueblo”, el general rebelde Crescencio Poot. Varios desertores moverían sus tropas hacia puntos cercanos a Peto como Santa Rosa, Polyuc y Chunhuhub, cerrando un círculo de ataque.[8] 
Sin embargo, a contrapecho de las arremetidas rebeldes que se acrecentarían para 1870, Sabido regresaría a Peto a trabajar sus fincas de panela. El 12 de diciembre de 1871 el jefe político de Peto manifestó al gobierno una relación de industriales, agricultores y artesanos del partido de Peto que presentarían sus productos en una exposición del 5 de mayo de 1872. En dicha relación aparecía Sabido, participando con unas muestras de panela.[9] El negocio de la panela de este viejo hombre de armas vino en ascenso, pues este primer Máximo Sabido Pérez, en la invasión que los de Santa Cruz hicieron a Tahdziu en febrero de 1879, le habían robado los rebeldes unas arrias de mulas repletas de panela. Estas arrias se dirigían a Sotuta para su mercadeo.[10]
Este viejo veterano de la Guerra de Castas, y finquero de la panela y productor de maíz, [11]era el padre de Máximo Sabido Ávila. Sabido Ávila, según los registros parroquiales, nació el 2 de mayo de 1868 en Mérida.[12] Su bautismo se dio el 18 de mayo de 1868. Su madre se llamaa Benigna Ávila, su abuela paterna Gertrudis Pérez, y su abuelo materno Marcelino Ávila. Para marzo de 1911, la rebelión de los de Peto lo encontró, al parecer, prófugo de la justicia porfiriana. Cuando los de Peto, encabezados por Rivero, se presentaron a su finca Suná, en ella sólo estaba su mujer, Antonia Can. Suná:[13]

[…] dista una legua de Peto [y los rebeldes de Peto] llegaron al amanecer y habiendo preguntado por el referido Máximo Sabido les contestó la querida de este nombrada Antonia Can no estaba allí y que ignoraba su paradero. Que Elías Rivero y Delfino Encalada le dijeron á Antonia Can[14] que les podía dar para tomar, á lo que ella contestó: que estaba enferma y que sólo podía hacerles atoles de masa de maíz, lo que habiendo sido aceptado lo empezó á prepararlo y a repartirlo en una jícara para cada dos individuos.[15]

No obstante el rumor de que corría por el pueblo, de que Sabido tal vez fuera el que dirigía a los amotinados de Peto, vemos que en el mismo grueso expediente, no hay relación alguna entre Sabido y los hombres de Rivero. Al final, las vidas de estos dos correrían distintos rumbos. No se logra apreciar, que Sabido Ávila fuera socialista desde el primer momento, aunque, al parecer, como muchos conservadores, practicó el cooxviramiento político. Sabemos que en 1913 había, siendo jefe político, había comprado una finca con sirvientes endeudados por el rumbo de Tahdziu. En 1920 había comprado el salón Cine Palacio, lugar donde los adictos al Partido Liberal Constitucionalista hacían sus operacione políticas.[16] En 1922, al otrora jefe político, Carrillo Puerto le afectaría su finca Candelaria y anexa Dzoylá, para juntar tierras para el ejido de Progresito Nohcacab.[17] Pero cuando “el diputado Elías Rivero,” una vez entrado con sus trescientos hombres para liberal a Peto de los delahuertistas en abril de 1924, vemos al antiguo jefe político y ex dueño de sirvientes endeudados, como parte del Consejo Municipal.[18]
En uno de los últimos episodios de la vida de este “reaccionario enemigo de los trabajadores”[19], se dio por una nueva afectación a una finca de Sabido Ávila. La batalla legal, y , a veces, hasta de triquiñuelas legaloides, que libró el viejo Máximo, fue contra los campesinos de Xcanteil arropados por el Cardenismo. En una carta de 1938, Máximo Sabido Ávila se quejaba de la afectación de su finca Suná, haciendo una breve relación de ella:

Yo adquirí la finca por compra que le hice al señor Nicolás Borges finado ya, desde mediados del año de 1907, de modo que de esto hace treinta años. Desde que obtuve la finca tenía cerca de cien cabezas de ganado vacuno y seguí fomentándola. Cuando adquirí la finca, eso que es hoy poblado de Xcanteil, estaba completamente yermo y todavía después de diez o doce años de ser yo dueño de “SUNA” empezaron a radicarse en Xcanteil unos ex-sirvientes liberados, quienes desde que tomaron posesión de aquel lugar empezaron a maltratar mi ganado y más cuando se hicieron socialistas (época en que todo delito quedaba impune) resolví llevar mi ganado a otro lado dejando la posesión abandonada para seguridad de mi vida y de los de mi familia. Creo si es que Ud. no opina lo contrario, que a pesar de haber dejado la finca por las razones expuestas, no dejé de ser propietario de ella. Durante mi ausencia de ese lugar y sin que yo hubiese tenido conocimiento alguno de ello, se hizo el deslinde de los ejidos de la citada ranchería que en concepto de todo el que conoce la Ley de la materia no cabía dar ejidos a ocho personas por que la citada Ley expresa que los lugares que tuviesen veinticinco cabezas de familia para arriba tenían derecho a ello”[20].
Pero este pequeño boceto de la vida de este personaje principal de la Villa de Peto de principios del siglo XX, estaría manca si no trajéramos a cuento la historia oral del personaje, con otros sucesos que tocan a la historia del pueblo. En abril de 2014, entrevisté en su residencia de Mérida, al abogado Edilberto Sabido Calderón, nieto de Máximo Sabido Ávila. Esta es la transcripción de dicha entrevista.

Entrevista de tradición oral con el señor Edilberto Sabido Calderón, Mérida, Yucatán, abril de 2014.

El jefe político Máximo Sabido Ávila, murió en 1951 en Mérida. Tenía cerca de 80 años al momento de morir. Ser jefe político le agenció a mi abuelo enemistad en el pueblo. Algunas gentes le tenían odio o rencor al difunto de mi abuelo. Su padre, Máximo Sabido Pérez[21] tenía un retrato donde se le ve con piocha y barba. Su hijo, mi abuelo, era bachiller. En ese entonces, ser bachiller era una situación poco común. Inclusive, mi abuelo dejó al morir muchos libros filosóficos, y creo que entendía algunas cosas de leyes. Creo que él [se refiere a su abuelo, Máximo Sabido Ávila] le enseñó a mi papá la escribanía pública porque mi papá muere siendo escribano público. Mi papá aprende de mi abuelo ese oficio de escribano, casi como aprende el hijo del carpintero la carpintería: sin la teoría, en la pura práctica.
Mi padre[22] nació en la finca San José Sunah[23], cercano a Xcanteil. Hasta el día de hoy, los de Xcanteil consideran que Suná invadió los ejidos de Xcanteil, pero eso ya es otra historia…Mi papá hablaba que su abuelo, Máximo Sabido Pérez, tenía dos fincas: Carolina y San José Suná eran sus dos fincas. Me atrevo a pensar, que tanto mi abuelo como mi bisabuelo, pues tuvieron como esclavos o algo así en esas fincas. Sirvientes o peones, había gente que estaba trabajando ahí. Esa impresión es lo que tengo.

Doña Conchita
Mi abuela, la mamá de mi mamá, era comadrona. Se llamaba Concepción González Piña. Doña Conchita recibió a quién sabe cuántos petuleños, quedando ella viuda tan joven. Mi abuela hablaba, que en Peto, no sé si en el tiempo de Elías Rivero o antes, la gente de escasos recursos se iba a las afueras del pueblo, y que de repente, un buen día, llegaban a la población y saqueaban, robaban, y si había que matar, mataban[24]. Y que don Elías Rivero era el que hacía justicia con su propia mano. Él, si tú la buscabas[25], si no él, otro lo hacía: no había golpes, eran pistolazos.
Mi abuela vivía a media esquina de la plaza de Peto, viniendo hacia el oriente del pueblo. Entonces, cuando comenzaba el griterío de la gente que ya se habían presentado a saquear a Peto, en aquella época, la única arma era la escopeta, el butbidtzon. Mi abuela buscaba la escopeta de su difunto esposo, ponía trancas a todas las puertas, y les decía a sus hijos que se pusieran debajo de la mesa. Mientras tanto, ella se sentaba en una silla a esperar con el butbidtzon en la mano. El primero que se apareciera en la casa a querer saquearla, no lo hubiera contado. Afortunadamente, nunca pasó nada grave. Ella, viuda joven, defendía a sus hijos con el butbidtzon. Esto que me contó la abuelita, ya era un muchacho de 12 o 13 años al escucharlo.
No sé si ha considerado que Peto era centro de acopio del chicle. Mi papá llegó a ser arriero. Los chicleros eran muy afectos a los machetazos. Decía mi papá, que muchas veces fue testigo, que con un machetazo alguien le descolgaba la cabeza a otro. Sólo veían cómo los ojos de la cabeza cercenada daban las últimas señales en el suelo.
La Guerra de Castas fue cuando, en el centro del pueblo, aparecieron “colgados”[26] en los almendrones que había en esa plaza principal. Que los soldados colgaban a los rebeldes en el mero parque.

Suná y los de Xcanteil

En Suná había una casa que servía para ceremonias religiosas porque había hasta una fuente [pila bautismal] para agua bendita. Más o menos, a 40 metros había una chimenea para procesar caña. Aproximadamente, a 50 metros de la chimenea está una noria de aproximadamente 40 metros de profundidad, estaba alta la noria, hasta ahora conserva un canal hecho de piedra que transportaba el agua y caía a un bebedero para alimentar a los ganados. Al lado de los bebederos había un corral de aproximadamente 400 metros. Todo el corral, hasta hoy, tiene pilas de piedra.[27] Me imagino que en Suná sembraban también maíz, y creo que había tres fuentes de producción: ganadería, maíz y panela. Ya cuando lo trabajaba mi padre, incluyó la apicultura, y respecto al ganado, muy poco. Todo eso era trabajado por los sirvientes. Cuando viene la época de la Reforma Agraria y se deslindan situaciones, ahora sucede que Suná está invadiendo Xcanteil y empieza el conflicto con mi papá, pero mi papá nunca abandona a Suná. Yo lo acompañé a Suná varias veces. Estábamos yendo y mi papá llega hasta hacer un camino para ir más rápido. Inicialmente, recuerdo que íbamos a pie y pasábamos por Xcanteil. Mi padre dejó de pasar por Xcanteil, y por la carretera a Chetumal hace un camino de sascab[28] hasta Suná, de aproximadamente 3 kilómetros. Entonces, a veces estamos yendo a Suná en el jeep de mi papá por ese nuevo camino, y se nos topa un árbol recién cortado obstruyendo el camino; de ese tipo eran las actitudes de los de Xcanteil, como para decirle a mi papá: “No tienes derecho a pasar”. Pero mi papá cargaba siempre en el jeep su machete y su hacha, y plas-plas, desgajaba en un santiamén los árboles. Afortunadamente, nunca hubo un enfrentamiento directo entre los de Xcanteil y mi papá. No le hacían nada a mi papá porque él se mete en la política. Dejé de acompañar a mi papá a Xcanteil en 1955, y vuelvo allá en 1997, inclusive hago un retrato y tomo fotos de aquello.[29]





[1] Es decir, el padre del cronista con el mismo nombre que escribiera su libro póstumo, Mis memorias de Peto.
[2] Joseph, Gilbert. M., y  Allen Wells,1997. Summer of Discontent, Seasons of Upheavel: Elite Politics and Rural Insurgency in Yucatan, 1876-1915. Stanford University Pres., p. 192. La Candelaria fue contra el clan Olegario Molina Y Avelino Montes. Existe innumerable material para estudiar la oligarquía porfiriana en Yucatán. Cfr. Savarino, 1997:145-179. Wells y Josep (1996), Joseph (2010), Betancourt y Sierra Villareal (1989), González Navarro (1979), Acereto (1947), entre otros.
[3] Diario Yucateco. La mañana. 4 de marzo de 1911.
[4] Cfr. Rodríguez Sabido, Luis Arturo (2004), Semblanza histórica de Peto, Mérida, Instituto de Cultura de Yucatán – Consejo Nacional para la Cultura y las Artes – Programa de Apoyo a a las Culturas Municipales y Comunitarias. Y el de Máximo Sabido Ávila (1996), Mis memorias de Peto, Mérida, Edición del autor.
[5] De 1840 a 1940, habrían tres Máximos Sabidos, pues el primogénito heredaba el nombre del padre. En abril de 2014, conocí y entrevisté al último de los Máximos: el profesor Máximo Sabido Calderón, radicado en Mérida desde hace años.
[6] AGEY, Poder Ejecutivo, sección Gobierno del Estado de Yucatán, serie Administración, c. 52, vol. 2, exp. 72, cd. 29 (1857).
[7] Boletín Oficial del Gobierno de Yucatán, 29 de enero de 1850.
[8] Dumond, 2005: 433.
[9] La Razón del Pueblo, 25 de diciembre de 1871.
[10] La Razón del Pueblo, 28 de febrero de 1879.
[11]  En 1890, Sabido Pérez cultivaba maíz y panela en su finca San Miguel. “Cuadro relativo a las fincas rurales del partido de Peto, según datos enviados por la jefatura del mismo”. La Razón del Pueblo, 13 de octubre de 1890.
[12] Y el motivo de que naciera en Mérida y no en Peto, tal vez fuera porque su padre, el comandante Sabido Pérez, como hemos dicho líneas arriba, había huido de Peto ante el temor de una invasión general de los de Chan Santa Cruz.
[13] La finca Suná fue comprada posteriormente por Máximo Sabido Ávila, el 8 de noviembre de 1907, “sin tierras”, pero con dos pozos, al otrora rico comerciante venido a menos, Nicolás Borges. RAN, Mérida, poblado Xcanteil, Municipio Peto, carpeta Dotación, exp. 176, f. 54.
[14] En una necrología del cronista que escribiera Mis memorias de Peto, un nieto suyo, Arturo Rodríguez Sabido, “castellaniza” el apellido de la madre de su abuelo, cambiando el apellido maya “Can” por el apellido español “Cano”. Viniendo de familias blancas con el recuerdo persistente de la Guerra de Castas y el racismo inherente en Yucatán contra el pueblo maya, no tengo la menor duda de que en el apellido de Antonia Can se explique por qué el cronista de Mis memorias de Peto lleve el mismo apellido del padre, eliminando el Can. “Máximo Sabido, con coraje y terquedad logró el éxito”, artículo de prensa de Arturo Rodríguez Sabido, Por Esto!, 29 de mayo de 1996.
[15] AGEY, Caja  670, sección Milicia. Serie: Jefatura política. Asuntos internos (1911),  “Causa seguida a Elías Rivero y socios por los delitos de rebelión, homicidio, destrucción de propiedad ajean, y ataques a la libertad individual y robo,” foja 97.
[16] La Revista de Yucatán, 20 de noviembre de 1920.
[17] La Revista de Yucatán, 8 de septiembre de 1922.
[18] La Revista de Yucatán, 19 de abril de 1924.
[19] El adjetivo sería proferido por los labriegos de Xcanteil, en la década de 1930.
[20] RAN, Mérida, exp. 176, asunto Dotación, poblado Xcanteil.
[21] En la historia de 100 años de la Villa de Peto, he contabilizado cuatro Máximos Sabidos. Este Máximo Sabido sería el primero, antiguo veterano de la guerra de castas. Cfr. Nota 460 del capítulo III de esta tesis.
[22] Se refiere al cronista que escribió el libro Mis memorias de Peto, con idéntico apellido Sabido Ávila, por lo que a continuación se dirá.
[23] Para el 4 de abril de 1997, después de haber abandonado Suná por conflictos con los ejidatarios de Xcanteil, Eddy Sabido, en compañía de familiares, regresó “más de 30 años” después, a esa hacienda que su padre y su abuelo quisieron fomentar. “Breve relatoría de mi experiencia” [o excursión de los Sabido al lóbrego Suná]. 4 de abril de 1997, Eddy Calderón Sabido.
[24] Al parecer, esta memoria oral señala el periodo de los ataques a la región de Peto por parte de los de Chan Santa Cruz. Sin embargo, en el periodo de convulsiones políticas que arrancan de 1911 a 1924, se dieron motines o enfrentamientos entre los miembros de las elites pueblerinas, y los miembros populares del pueblo. Un enfrentamiento y saqueo del pueblo por campesinos del pueblo, se analiza en el capítulo último de esta tesis. Cfr. AGEY, Poder Judicial del Estado de Yucatán, sección Departamento judicial de Tekax, proceso instruido a Cancionilo Muñoz y socios por los delitos de robo, asonada y destrucción de la propiedad ajena por incendio, perpetrados en la Villa de Peto, serie juzgado de primera instancia de Tekax, c. 83 (1915).
[25] Es decir, si uno se enfrentaba o “se la buscaba” con Rivero.
[26] Por “colgados” se entiende a personas ahorcadas.
[27] En Yucatán, se dice “pilas” a los bebederos.
[28] Sascab: tipo de tierra blanca propia de la península.
[29]Breve relatoría de mi experiencia” [o excursión de los Sabido al lóbrego Suná]. 4 de abril de 1997, Eddy Calderón Sabido. Hojas sueltas en posesión de su autor.

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