miércoles, 25 de mayo de 2011

"El narcocorrido que yo defiendo"



Por Luis Omar Montoya Arias (estudioso del narcocorrido)

Recientemente el gobierno del estado de Sinaloa ha prohibido la difusión de los "narcocorridos". Esto incluye espacios cerrados como restaurantes, bailes masivos, antros, etc. Platicando con diversos especialistas en el tema como Ramírez-Pimienta, César Burgos, Alirio Castillo et al, nos hemos planteado la necesidad de reflexionar sobre el problema. Lamentablemente nuestros gobernantes están cerrados al diálogo. Como autoridad en el tema considero necesario realizar una serie de ejercicios reflexivos en torno a la prohibición. Este es un de ellos.

Al respecto veo diversas problemáticas.

Qué es el narcocorrido. Realmente no está definido, ni acotado. Si todavía no hay un consenso sobre qué es un narcocorrido (en sentido estricto) entonces cómo lo van a prohibir. Quién decidirá qué es un narcocorrido y qué no lo es, y por tanto qué tipo de corridos serán prohibidos. A partir de qué parámetros van a definir un narcocorrido. Desde dónde están definiendo un narcocorrido, desde la letra, desde la música, desde la instrumentación?

Qué pasará con los "narcocorridos" críticos como "Al filo del reloj", "El discípulo del diablo", "La Granja", etc. Qué pasará con las obras de Paulino Vargas y Teodoro Bello. No estoy de acuerdo con la prohibición del corrido, en general. Me parece que ésta prohibición es sólo un pretexto del gobierno para regular lo que los mexicanos escuchamos, y también para reprimir la música crítica. Con el pretexto de la prohibición del narcocorrido terminarán censurando todo lo que huela a crítica al sistema. Ojalá que pudieran generarse reflexiones en este sentido.

¿Acaso censurarán a Guillermo Velázquez, a Oscar Chávez y a todos los intérpretes críticos de México? ¿Querrán que todos los mexicanos terminemos escuchando a "Patilú", y toda esa mierda comercial?

El "narcocorrido" que yo defiendo es el "narcocorrido crítico", ese que señala la corrupción de los gobiernos, la marginalidad, la pobreza, la desigualdad. El narcocorrido que defiendo es el que tiene que ver con historias con compromiso social como las de Paulino Vargas y Teodoro Bello.

Justo ayer leía que el periodista deportivo Cristian Martinolli fue sancionado por llamar "energúmeno" a un tipo que se metió a golpear a un jugador de fútbol. Hoy leo una nota donde se prohíbe el uso de faldas en Navolato. Me parece riesgoso que se abuse de la prohibición. Considero que en el fondo hay un miedo terrible del gobierno a que la gente reaccione, a que la gente cuestione.

También me preocupa que se prohíba el "narcocorrido" porque en esa dinámica represiva terminarán afectando al corrido mexicano. México es una potencia mundial en el corrido, México es una de las potencias culturales de Latinoamérica, México es un referente cultural en Iberoamérica. Me parece riesgoso que nuestros gobernantes abusen de la represión para controlar lo que los mexicanos debemos escuchar, leer, ver. Si tanto les preocupa la basura que consumimos por qué no censuran tanta mierda de telenovelas que producen las televisoras, por qué no las obligan a cambiar su programación. Por qué no sancionan a las escuelas “patito” que han hecho de la educación un negocio. Si realmente les preocupamos tanto como dicen, por qué no censuran a otras músicas que también promueven la violencia, considerando que hay distintos tipos de violencias.

Hay muchos vacíos que identifico en la prohibición del mal llamado "narcocorrido", como que los políticos no se han percatado que la música que acompaña a algunos corridos es mucho más violenta que las letras mismas de las tragedias. Claro que difícilmente lo sabrán pues no entienden en su complejidad al corrido mexicano. Por eso, y con justa razón, Jorge Olegario Hernández Angulo (líder de Los Tigres del Norte) señala que “la diferencia es que nosotros vivimos el corrido, y los otros tratan de entenderlo”.

Parece que también ignoran que el origen de los hoy llamados “narcocorridos” está en el siglo XIX, y que durante la Revolución mexicana también se crearon y difundieron historias de narcotráfico. Por eso es tan importante conocer la historia. No juzguemos y crucifiquemos al “narcocorrido” sin conocerlo, mejor ocupémonos en documentarnos.

Me tomo el atrevimiento de compartirles algunos ejemplos de “narcocorridos críticos” (como el artículo está distribuido en correo electrónico, el autor anexa tres ejemplos de narcocorridos críticos, los tres de Los Tigres del Norte, mismos que son "El Gato Felix", "El Corrido" y" Al filo del reloj" ). Ojalá que algún día se den un chance de escuchar discos originales de Los Tigres del Norte, para que realmente conozcan la esencia del mal llamado “narcocorrido”. Me imagino que ahora mismo Monsiváis se está revolcando en la tumba por esta hondonada de medidas represivas. Monsiváis un apasionado y profundo conocedor de los “narcocorridos de crítica política”.

domingo, 15 de mayo de 2011

Los verdaderos señores del narco



Esos hombres de la clase políticaeconómicamilitar, amparados por el falso discurso de la legalidad de un Estado dispuesto a los intereses privados de unos cuantos, que no aparecen en las fotos de los carteles de los delincuentes más buscados de la PGR sino en páginas de negocios y revistas de sociales, son los ganones del sistema corrupto creado por la dictadura priísta y sacado provecho por la derecha en el poder desde el año 2000. Todos ellos, dice Anabel Hernández (veáse Los señores del narco, México, Grijalbo, 2010), son los verdaderos delincuentes detrás del escaparate que dejan los personajes más representativos del narco, son "los señores del narco". El libro de Anabel señala que el Chapo Guzmán Loera es el narco de los panistas, y que a Fox le dieron un buen cañonazo para que Puente Grande se convirtiera en Puerta Grande en 2001. El acuerdo con el guanajuatense incluía "protección sistémica del gobierno federal a él (el Chapo) y su grupo..." En su atingente libro, Hernández señala la historia de un pobre diablo (Guzmán Loera) que se convirtió en un gran capo, "en el rey de la traición y el soborno, en el jefe de los principales comandantes de la Policía Federal". Podría decirse que la historia de Guzmán Loera es la metáfora perfecta del sistemático proceso de descomposición social en que se encuentra entrampado México desde hace más de tres décadas. Una descomposición social cuyas dos constantes han sido "la corrupción y la ambición desmedida de dinero y poder".
Sobre el infame carajo de guerra y militarización actual de la vida pública y privada del país a lo largo de este abyecto sexenio, la periodista no deja dudas sobre el montaje del horror creado por Calderón y su "tenebroso jefe policiaco" Genaro García Luna, a quien la sociedad civil organizada, y dolida por el osario de 40,000 muertos creado por la irrazón de Estado, por medio de su portavoz Javier Sicilia pidió su destitución por estar coludido con el narco: "La actual guerra contra el narcotráfico -señala Hernández- emprendida por la administración del presidente Felipe Calderón es tan falsa como la del gobierno de Vicente Fox. El garante de la continuidad de esa protección ha sido el tenebroso jefe policiaco Genaro García Luna, actual secretario de Seguridad Pública federal, y su corrupto equipo de colaboradores...Hoy por hoy, García Luna es el hombre que aspira, con el apoyo de Calderón, a ser el jefe único de todas las policías del país. El impune funcionario incluso ha llegado a afirmar que no hay más salida que dejar que El Chapo opere libremente y que 'ponga orden' sobre otros grupos criminales, ya que así al gobierno le resultará más fácil negociar con un solo cártel que con cinco".
Sin duda, es tenebroso que la seguridad y los mandos policiacos del país puedan estar en las manos de un sólo hombre, García Luna, quien no precisamente recibe órdenes de Calderón sino de...el Chapo. La federalización policiaca daría pie a una nueva policía rural de viejo cuño porfiriano, al servicio de las bondades de un Estado hecho a modo de los intereses de los señores del narco. Tristes tiempos, éstos, de fariseismos desbordados. Mientras que el México de a pie pone los muertos, los señores del narco -es decir, la clase política, militar, narca propiamente, empresarial, e inclusive religiosa- agrandan la acumulación primitiva de su sanguinolento capital bañado por la sangre de los caídos.

domingo, 8 de mayo de 2011

El portavoz Javier Sicilia




“Llegar a cualquier guerra es siempre un paso atrás. Es un fracaso de la democracia, del desarrollo, del entendimiento, una derrota para la humanidad entera.” (Saramago)

La democracia está en la calle. Una nota de El Universal señala que el Movimiento por la Paz y Justicia con Dignidad –con participación de más de 100 organizaciones de la sociedad civil que hoy arribaron al Zócalo de la ciudad de México para exigir parar la estúpida guerra de los que sólo cuentan con imaginación para la violencia-, tiene un documento de 10 hojas donde señala lo que debe hacer y no hace la clase política facciosa entregada a sus individualistas y onanistas luchas burguesas por el poder: detener la guerra de Estados Unidos en México -muerto Osama, el nuevo demonio de los gringos es míster Chapo, recientemente la BBC ha sacado el infundio de que "Hezbolá" atiende al grupo delictivo de Guzmán Loera, las intenciones claras de Estados Unidos, nadie se engañe, es fabricar un nuevo chivo expiatorio con su Estado fallido, o jodido, para una invasión petrolífera planeada desde Washington-, recomponer el tejido social con justicia y dignidad, frenar la corrupción e impunidad (¿dónde están los culpables de Aguas Blancas, de Acteal, de Atenco, los responsables de los feminicidios en Juárez y Edomex?, ¿señaladme los culpables de la combustión del país?); comprobar la verdad y justicia de todos los crímenes (no la verdad “jurídica”, que esa sabemos qué mierda de verdad es, sino la verdad histórica, la verdad real), deteniendo a los autores materiales e intelectuales de ellos; poner fin a la estrategia de guerra – o la imaginación para la violencia, como dice el poeta- del gobierno federal y asumir un enfoque de seguridad ciudadana: el ciudadano no es una estadística posible; el combate a las ganancias del crimen organizado; la atención a la juventud y las acciones de recuperación del tejido social; y lo más importante, la democracia radical sustentada en una democracia realmente participativa –no sólo la democracia de saco y corbata de unos cuantos-, realmente representativa y la democratización de los medios de comunicación.
Es realmente simbólico que la marcha del silencio – silencio que significa, en palabras de Sicilia, la exigencia de que "no queremos ni un muerto más, con la promesa de que el dolor de todos aquellos deudos no será convertido en odio o más violencia, sino que será usado como palanca para restaurar el amor, la paz, la justicia y la dignidad"-, la marcha de la justicia con dignidad, la marcha del “ya estamos hasta la madre” de la narcopolítica sin madre, sea dirigidos por un poeta dueño de la palabra liberada de la suciedad retórica de los prostitutos de la palabra, que son los políticos, junto a un padre defensor del derecho de los migrantes, Alejandro Solalinde, cuando San Fernando representa, icónicamente, la indiferencia de un gobierno de corte fascista entrampado en su idea fija de militarización asfixiante. Sicilia es una voz que habla por las miles de voces omitidas, censuradas a la fuerza por la barbarie de las balas, silenciadas por el espectro real de una guerra fratricida. Realmente, Sicilia es un portavoz, un hombre que porta la voz de los sin voz; sobre todo, la voz de los muertos, sus muertos, nuestros muertos.
Menos simbólico, pero más real, fue la lapidaria frase dicha con tremenda lucidez por el poeta: de los 40 mil muertos hasta ahora, Calderón y sus perros uniformados, el Chapo y sus sicarios, los chacales zetas, golfo y otras pudriciones, son responsables de ellos, de ese osario gigantesco compartido a partes iguales por el “estado de derecho” discrecional de Calderón, junto con las bandas capitalistas del narco azuzadas por el gran mercado estadounidense de las armas y la droga. Pero esa es la coyuntura de los últimos cinco años, eso es la superficie de la barbarie. Porque la verdadera estructura, el verdadero cáncer que hizo posible todo este río de sangre, toda esta turbiedad política y riqueza del saqueo de los pocos, fue el antiguo régimen autoritario. Critiquemos a Calderón, pero no olvidemos, diría el poeta, que todo este pudridero fue gracias al PRI “por haber sido el creador de la mierda de sistema”. En este sentido, es digno de encomio que Sicilia indique a la clase política que limpie a sus miembros coludidos con el narco, pues de no ser así, los mexicanos se verían en la disyuntiva de decidir, en vez de partido político, por cuál cártel votar.
Es realmente simbólico, que las bases del EZLN, con los comandantes Tacho y David integrando el grupo de hombres y mujeres, diera un prueba fehaciente de la solidaridad de los hombres y mujeres “nacidos de la noche” con las otras luchas sociales del México, con la solidaridad en su dolor y su exigencia de paz con justicia y dignidad del camarada Sicilia: el EZLN, así como los padres de los inocentes muertos en la guardería ABC, marcharon hoy en San Cristóbal de las Casas, y nos recordaron que lo que el Movimiento por la Paz y Justicia con Dignidad exige hoy a la clase política, es la lucha del EZLN:





“Nuestra lucha es por hacernos escuchar, y el mal gobierno grita soberbia y tapa
con cañones sus oídos.

Nuestra lucha es por el hambre, y el mal
gobierno regala plomo y papel a los estómagos de nuestros hijos.

Nuestra lucha es por un techo digno, y el mal gobierno destruye
nuestra casa y nuestra historia.

Nuestra lucha es por el saber, y
el mal gobierno reparte ignorancia y desprecio.

Nuestra lucha es
por la tierra, y el mal gobierno ofrece cementerios.

Nuestra lucha
es por un trabajo justo y digno, y el mal gobierno compra y vende cuerpos y
vergüenza.

Nuestra lucha es por la vida, y el mal gobierno oferta
muerte como futuro.

Nuestra lucha es por el respeto a gobernar y
gobernarnos, y el mal gobierno impone a los más la ley de los menos.

Nuestra lucha es por la libertad para el pensamiento y el caminar,
y el mal gobierno pone cárceles y tumbas.

Nuestra lucha es por la
justicia, y el mal gobierno se llena de criminales y asesinos.

Nuestra lucha es por la historia, y el mal gobierno propone
olvido.

Nuestra lucha es por la patria, y el mal gobierno sueña
con la bandera y la lengua extranjera.

Nuestra lucha es por la
paz, y el mal gobierno anuncia guerra y destrucción.

Techo,
tierra, trabajo, pan salud, educación, independencia, democracia, libertad,
justicia y paz. Éstas fueron nuestras banderas en la madrugada de 1994. Éstas
fueron nuestras demandas en la larga noche de los 500 años. Éstas son, hoy,
nuestras exigencias”.

Es realmente simbólico que Javier Sicilia, hombre comprometido con la lucha del EZLN, fuera inspirado, tal vez, por estos hombres y mujeres nacidos de la noche….

domingo, 1 de mayo de 2011

Sabato (1911-2011)



Se nos fue otra conciencia de la humanidad (Sabato decía que el mundo se sostiene por cuatro o cinco personas, y Sabato era una de esas personas, un pilar indiscutible de la humanidad). Saramago respetaba al argentino Sábato, Borges respetaba a Sábato, medio mundo de la izquierda latinoamericana, desde aquella vez que El túnel, Sobre héroes y tumbas, y luego Abbadon el exterminador, hicieran de la novela latinoamericana una totalidad avasallante, un mar de la conciencia dolorida, pesimista aunque esperanzadora del hombre. Sábato comenzó a ser un referente no sólo literario, sino un referente ético en un mundo desbordado. En la Argentina, después de restaurada la democracia, presidió la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas y en 1984 presentó el informe “Nunca más” –pero conocido como el Informe Sabato-, que leído en retrospectiva, representa icónicamente el compromiso del maestro argentino con el valor de la dignidad humana. La grandeza literaria estuvo aunada con la sencillez ética del compromiso con los desprotegidos hacia todo, porque Sabato mismo, en su carta al “Querido y remoto muchacho”, nos decía de donde provenía la justicia: “La verdadera justicia sólo la recibirás de seres excepcionales, dotados de modestia y sensibilidad, de lucidez y generosa comprensión”.
En sus últimos años, el genial Ernesto se había recluido en Santos Lugares para vivir su eterna vejez de vigilante de la humanidad. Algunas anécdotas que me sé de Sábato: fue doctor en física a tan temprana edad, y trabajó en el Instituto Curie. Dejó la física porque buscaba, siempre buscó, el Absoluto, y la literatura se lo dio, primero, con Uno y el universo, trabajo filosófico-literario donde confronta la ciencia, la barbarie nazi, las caídas del alma en los pozos sin fondo del gran capital (En sus años finales, y como producto del problema de la vista, Sabato dejaría la provincia de las letras para pintar sus obsesiones “muncheanas”. En una memorable serie de diálogos, los dos eternos escritores argentinos, Borges y Sabato, rememoraron la mayéutica socrática en un café de pisos ajedrezados de la ciudad de Buenos Aires. Borges quería a Sabato, Sábato admiraba a Borges. Sabato también fue el encargado de darle la despedida al Che, cuando este otro genial argentino no era el Che sino Ernesto antes de Guatemala y antes de la Revolución cubana. Luego Sábato rememoraría esto, cuando el Che ya estaba muerto, hecho mito revolucionario.
Aún recuerdo las fotos del periódico en el 2004, el día en que las academias de la lengua española del mundo le rindieron homenaje al maestro argentino. Sabato, ya cansado y en los umbrales de la eternidad, lloró como sólo lo pueden hacer los viejos sabios, los patriarcas de todos, ese día repleto de emociones. Y ahí estaba, a su lado, junto a Sabato, otro grande, otra conciencia vigilante del mundo que fue de peregrinación a Santos Lugares a conocer al maestro, abrazando a Sabato, demostrándole la ternura de todos -la mía, la nuestra, la de todos- que sentíamos, que sentimos por Sabato. Cuando Saramago conoció en Santos Lugares por primera vez a Sabato, pasó que el mundo se sintió bendecido porque estos dos hombres se reconocieron hermanos: “Hacia este profeta áspero y agreste que la vejez no ha conseguido dominar, hacia esta conciencia dolorida por todas las desgracias del mundo, que un día, muchos años después de las tertulias del café de Lisboa, encaminé finalmente mis pasos, a esa ciudad de Santos Lugares donde también suele irse por otras peregrinaciones edificantes, aunque ninguna tan hermosa y rica en Lecciones para el empedernido descreído que les habla…” Se vieron, se reconocieron, Saramago le dio su Ensayo sobre la ceguera, hablaron de ciegos literarios en un cuarto ennegrecido por la tarde que caía, y a la medida que pardeaba, Saramago escuchó las obsesiones de Sabato. El portugués lo escuchó transitar “por las diversas obsesiones que le conocemos: la implacable descreencia en la razón, la negación crítica del conocimiento científico, el problema del mal, Dostoievski, la apología de la obra breve”. Con los años, estos dos hermanos espirituales se encontrarían nuevamente en otros “Santos Lugares” del globo, se sorprenderían, al saber los dos que estaban hechos de la misma fibra, la fibra buena, la fibra de las más finas éticas humanas: “Regresé años después a Santos Lugares, luego fuimos coincidiendo aquí y allí del mundo, en Madrid, en Badajoz, en Lanzarote, cada vez más próximos el uno del otro en la inteligencia y en el corazón, el hermano mayor, yo, sólo un poco más joven, dos seres que, en el exacto momento en que finalmente se encontraron, comprendieron que se habían estado buscando”. Hoy Sabato y Saramago, Ernesto y José, descansan, viven en nuestra memoria, en nuestras lecturas de sus obras. Queda el compromiso de seguir, si no la grandeza literaria de ambos, cosa vedada a mis flacos recursos inventivos, sí al compromiso, a ese ojo social y coraje para “decir tu verdad, la tenacidad para seguir adelante, una curiosa mezcla de fe en lo que tenés que decir y de reiterado descreimiento en tus fuerzas, una combinación de modestia ante los gigantes y de arrogancia ante los imbéciles, una necesidad de afecto y una valentía para estar solo…”




Descansa en paz, Sábato, y en donde quiera que estés, viejo roble de palabras, estoy seguro que Saramago te espera con todos los abrazos que nos faltó darte...

lunes, 25 de abril de 2011

Partículas fugaces de eternidad visible





Me entero por el periódico de la muerte del gran poeta Gonzalo Rojas. Aunque dejé de frecuentar la poesía hara casi un lustro (es relativo mi alejamiento, porque como las fiebres tercianas, recaigo en esa enfermedad de vez en vez), los recuerdos de mis fervorosas lecturas de Rojas, de Parra, de Paz, de Machado, de Borges, Sabines y tantos otros son, arguyo, lo que clarifican y humanizan mis días. No puedo olvidar aquel fragmento del poema del muerto Rojas, porque en su momento me forzó a pergeñar una composición sobre la inefable belleza:




¿O todo es un gran juego, Dios mío y no hay mujer
ni hay hombre, sino un solo
cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas
fugaces
de eternidad visible?

En aquella lejana, y casi olvidada ocasión, escribí que Rojas llegó hacia lo hondo descifrando la terrible condición humana: la solitaria presencia del hombre frente al silencio de lo que perpetuamente le rodea: “estrellas de hermosura, partículas fugaces de eternidad visible”. Hoy descreo de aquello. Ya no veo "estrellas de hermosura" por todos lados, sino una sóla hermosura, un sólo cuerpo de eternidad concreta a mi lado.

sábado, 9 de abril de 2011

Consideraciones sobre la dictadura perfecta y la inexistencia de la izquierda en Yucatán


El novelista Mario Vargas Llosa, en un artículo aparecido en mayo de 1992, retomaba su controversial, aunque real parecer, del sistema político mexicano que gobernó México durante más de 71 años. Recordemos que en septiembre de 1990, en el Encuentro de Intelectuales que organizó la revista Vuelta de Octavio Paz, Vargas Llosa, en cadena nacional y ante los ojos atónitos del mismo Octavio, desenmascaró la supuesta "democracia" mexicana de que se jactaban los hombres del sistema priísta y sus corifeos intelectuales, al proponer que más que el comunismo, la Unión Soviética o el régimen de Castro, al régimen que le quedaba a la perfección la categoría de Dictadura Perfecta, era el régimen priísta mexicano. “México es la dictadura perfecta”, decía convencido Vargas Llosa. Luego Paz precisaría las "inexactitudes" de Vargas Llosa, proponiendo la weberiana idea de que el sistema político mexicano creado por los Sonorenses y remachado por la organización de las masas campesinas y trabajadoras durante el cardenismo, se trató no de una dictadura o “dictablanda”, sino de un sistema de dominación con partido único. La perspectiva histórica, y la visión de cómo regía y articulaba su perfecto engranaje el Priísmo con la sociedad mexicana dominada en el lado educativo, cultural y político por los intereses faccionarios del Priísmo, nos fuerza a asentir la idea vargasllosiana: El PRI era la Dictadura Perfecta, pero una dictadura camaleónica, pragmática, que lo mismo podría tomar el ropaje populista con Cárdenas o Echeverría, o vestirse con el elegante traje de neoliberal tecnócrata con Salinas o Zedillo. Es un hecho que, desde 1929, a la muerte del último caudillo, Álvaro Obregón, el maquiavélico Plutarco Elías Calles consolidó a las facciones dispersas mediante un partido que dominó la escena política nacional de forma por lo de más sorprendente, si hacemos memoria del convulso siglo XIX y el no menos convulso periodo armado de la revolución. El intermezzo de estos dos periodos, fue esa treintañera pax porfiriana (y de algún modo, podríamos señalar la idea que se presenta en los estudios históricos, emparentando al Porfiriato con los regímenes de la postrevolución). Un partido que logró estar en todos los lugares era un partido dictatorial; un partido que pintó todas las bardas con sus siglas y deturpó y liquidó intentos de autonomía política era un partido dictatorial; un partido que le hizo la guerra a los opositores de izquierda (a los genuinos, no a sus “izquierdas” creadas por el), que fabricó guerras sucias y cruentas, que administró los terrores del Estado, que ideologizó y deformó la historia para legitimarse, degradando la verdad y proponiendo la esquizofrenia entre la sociedad, era un perfecto partido dictatorial. En su artículo de 1992, Vargas Llosa ahonda en sus apreciaciones de 1990, y señala algo que no hay que perder de vista: la idea de que la DICTADURA PERFECTA, para obtener la hegemonía y legitimarse ad eternum en su omnímodo y escatológico poder, recurrió, incluso, al reclutamiento de intelectuales "críticos" y “contestatarios” con el régimen dictatorial priísta. Conscientes o no, esos “intelectuales” críticos con el régimen, le hacían el favor al sistema hasta con las pedradas que le tiraban al régimen. Eso demostraba, dice Vargas Llosa, la prueba de que en México existía una oposición. En 1992, México apenas comenzaba su transición a la democracia, y Vargas Llosa escribía que:


Para todos los efectos prácticos, México es ahora el PRI, y lo que no es el PRI, incluidos sus más enérgicos críticos e impugnadores, también sirve, de una manera misteriosa, genial y horripilante, a perpetuar el control del PRI sobre la vida política y la sociedad mexicana.

Recordemos que la Dictadura Perfecta, el PRI, subsidiaba a los partidos comparsa, reclutaba y aleccionaba a distintos líderes (indígenas, estudiantes, lideresas de colonias), y de la mano de confederaciones charras como la CTM, imponía su presencia en todos los estratos de la sociedad. Con la Reforma Agraria y otras “ayudas” al campo, el PRI traía comiendo de la mano a los campesinos. Pero la estrategia que más impacta, y que señala Vargas Llosa, es la maquiavélica y sutil forma como el PRI obtenía a sus intelectuales “orgánicos”, cuyas “críticas” sólo abonaban reciedumbre al régimen:



A favor del sistema priísta suele señalarse la política del régimen con los intelectuales, a los que siempre ha sabido reclutar y poner a su servicio, sin exigirles a cambio la cortesanía o el servilismo abyectos que un Fidel Castro o un Kim II Sung piden a los suyos. Por el contrario, dentro del exquisito maquiavelismo del sistema, al intelectual le compete un rol que, a la vez que sirve para eternizar el embauque de que México es una democracia pruralista y de que reina en ella la libertad, a aquel lo libera de escrúpulos y le da buena conciencia: el de criticar al PRI.

Esta visión de la intelligentzia mexicana durante la dictadura, claro está, tenía sus valiosas excepciones entre la izquierda. El caso radical sería el de un marxista hereje como José Revueltas, que sufrió cárceles, hambres, persecusiones y demás vilezas, por el sólo hecho de estar contra todo lo que huela a tufos del régimen priísta. En Yucatán, la idea de Vargas Llosa sobre los intelectuales y la dictadura perfecta todavía es válida, es de tiempo actual. Es un hecho que en Yucatán tenemos un déficit de izquierda, y un superávit de izquierditis: todos, empezando por los autoritarios aduladores y besamanos del régimen priísta como el doctor Gilberto Balam Pereira, se creen izquierdistas. Son izquierdistas, incluso, los más tenaces priístas. Sin embargo, la idea de Vargas Llosa, señalando que aún con torpedear con “radicalidades” paleolíticas las consignas neoliberales, de denostar al otro, de vociferar luciferinamente contra el PRI yucateco, indica sólo una cosa: la relación orgánica de esa borrosa y pasadísima idea de izquierda que se ostenta en Yucatán con el régimen priísta. Mi hipótesis de que no existe una izquierda en Yucatán, se demostró el miércoles 6 de marzo pasado, en la marcha que un grupo de “izquierdistas” yucatecos (es decir, autoritarios que se dicen progres, pero que se trata de burdos y tristes estalinistas de derecha) hicieron en solidaridad con Javier Sicilia. En la crónica de la marcha, escrita por José Repetto Menéndez, me entero de que se juntaron, en dicha marcha, dinamiteros luciferinos como Pedro Echeverría, pendolistas del régimen priísta como el cobista Gilberto Balam Pereira, vates oficiales que declamaron sus poesías oficiales, uno que otro vendedor de mota de tugurio de mala muerte, y ensotanados de la teología de la liberación blasfemando contra el gobierno. También hubieron perredistas y petisos del PT local. Su consigna era clara. Contrario al parecer del poeta Javier Sicilia, quien los sacó de sus madrigueras de resentidos sociales con la invocación nacional de marchar ese día, los autoritarios hicieron honor a su relación consciente o inconsciente con el régimen priísta: No mandaron a chingar a su madre de forma parejo. Sicilia, por el contrario, mandó a chingar a su madre tanto a la clase política –sí, a la clase política, y no exclusivamente a Calderón-, así como también a la clase criminal. Los autoritarios, que son muy duchos en hacer la apología del crimen, fueron unilaterales en sus consignas: lavándoles las manos manchadas de sangre a los criminales, arremetieron contra la clase política, pero no contra toda la clase política, sino contra el gobierno federal y su partido. En ese punto, los que se dicen de izquierda en Yucatán se mostraron muy cabrones, es decir, muy priístas. La idea vargasllosiana, de que los más rijosos en sus “críticas”, en realidad son más priístas que los priístas con carnet, está más presente que nunca en Yucatán. De este modo, veamos el proceder de los Balam Pereira, de los Pedro Echeverría, de los Lugo Rodríguez y de los Macosay, con ojos críticos. En realidad, es un hecho que esos hombres, contrario al parecer de José Repetto Menéndez –del cual me sirvo de su nota “Lopezobradoristas y zapatistas encabezan marcha contra el gobierno Federal tras el llamado de Javier Sicilia”-, no representan a ninguna izquierda yucateca, por el hecho de que no hay tal izquierda yucateca. Son, eso sí, manzanas podridas del árbol podrido del priísmo yucateco.

sábado, 26 de febrero de 2011

Sara Salazar: Por sus frutos la conocemos


Preguntaba el poeta: "Si es huérfano el que pierde un padre, si es viudo el que ha perdido la esposa, ¿cómo se llama el que pierde un hijo?". Sara Salazar no ha perdido a un sólo hijo, ha perdido a cuatro: a Josefina Reyes Salazar -activista social muerta el 3 de abril de 2010, sindicalista de maquilas, mujer valiente que exigía el esclarecimiento de las "muertas de Juárez" y acusadora de los atropellos del Ejército en Chihuahua-, a Rubén Reyes y,en días recientes, a María Magdalena y Elías Reyes Salazar. Doña Sara ha perdido también a un nieto, Julio César, hijo de Josefina. Mientras el gobierno festina dineros para su guerra, mientras Ernesto Cordero se burla de los que no ganan ni seis mil pesos, mientras el aparato político se destroza en su lucha por el poder sin más, y la clase oligárquica contrata a sus ejércitos privados para sentirse segura en medio de una república mexicana en estado terminal, Sara Salazar sólo pide justicia, sólo pide que el desquiciante sistema jurídico, judicial, militar y policial mexicano -que crea a sus culpables, fabrica sus delitos, encarcela o mata inocentes, exonera y premia a los que trasgreden su enferma "legalidad", como Sergio Barraza Bocanegra-, esclarezca las muertes de sus hijos, que haga, simplemente, justicia. Y esto es como pedir peras al olmo. Porque para el borracho que desgobierna el país, más vale la vida de un agente de Estados Unidos, que una familia de mexicanos completa.
Como muestra de que las muertes de sus hijos no recaen solamente en sicarios a sueldo, sino que traspasa la hipótesis cínica de que son secuelas del crímen organizado, doña Sara llevó los ataudes con los cuerpos de sus hijos María Magdalena y Elías, frente al edificio de la Fiscalía General del estado de Chihuahua para velarlos ahí mismo; frente a los que, de algún modo, no cumplen con su trabajo de defender y protejer a la ciudadanía de la violencia de los indistintos grupos delincuenciales, por el contrario, protejen y amparan.
En las mantas desplegadas por los que piden justicia a la memoria de la familia Reyes Salazar, no hay márgenes para equívocos, la justicia popular ya dictó sentencia inapelable: GOBIERNO ASESINO.
La nota de La Jornada, conmovedora por la fotografía de doña Sara Salazar haciendo guardia frente a los férretros de sus dos hijos, nos indica que esta familia Reyes Salazar, su lucha por los derechos humanos, por la defensa ambientalista de su comunidad, se remonta en la década de los noventa del siglo pasado. A continuación, transcribo unos párrafos de la nota precitada:

La Jornada en línea
Publicado: 26/02/2011 10:15

Mientras que Marisela Reyes, hermana de dos de las víctimas, dijo que “los responsables del triple asesinato son esa bola de cabrones que no hallaban cómo callarnos la boca”.
Expresó que “el gobierno federal es responsable de la seguridad de toda su familia, y advirtió que la lucha sigue hasta que se esclarezca el triple asesinato, como se hizo con el agente del ICE, cuyos sicarios fueron capturados de inmediato”.
Del fiscal Jorge González Nicolás, pidió que “se largue a chingar su madre, porque no sirve para nada, y de Felipe Calderón, afirmo que es una mierda porque 'nos ha metido a los federales'.”
“Me da asco hablar de él”, expresó.


Luchadores sociales desde los noventa

Las desgracias de esta familia, caracterizada por la lucha social desde la década de los noventa cuando se opusieron a un basurero tóxico en el sur de Texas, se iniciaron en 2009 con el homicidio de Julio César, hijo de Josefina y boxeador de profesión.
Josefina Reyes, asesinada el 3 de enero de 2010, promovió protestas contra los presuntos abusos de militares en Ciudad Juárez, luego de luchar por el esclarecimiento de asesinatos de mujeres y de ser activista sindical de maquiladoras.
La mujer fue baleada en la carretera que va de Guadalupe, lugar de residencia de su madre, a Ciudad Juárez, la más violenta de México y donde ella vivía.
Esta carretera, en la que también asesinaron a Rubén Reyes en agosto de 2010, corre paralela a la línea fronteriza con Texas, Estados Unidos, y atraviesa varias poblaciones que han quedado atrapadas entre el fuego de los narcotraficantes y la fuerte presencia militar. Los asesinatos de Josefina, su hijo Julio César y de Rubén siguen sin esclarecerse, mientras que la casa de esta familia dedicada a la panadería desde hace 40 años en Guadalupe, fue incendiada el 15 de febrero pasado.
La oficina en México del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la ONU expresó su "enérgica protesta" por el asesinato y lo calificó de "indignante", mientras que Amnistía Internacional pidió medidas de protección para el resto de la familia, a las autoridades mexicanas, que hasta ahora se han mantenido en silencio.

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