miércoles, 2 de octubre de 2013

Una industria que no sirve para otra cosa que para mascar y para que lo mascado se pegue a la suela de los zapatos


Leo las memorias de Juan de la Cabada contadas a Cristina Pacheco y puestas en papel por Gustavo Fierros (Memorial del aventurero. Vida contada de Juan de la Cabada, 2001). Por años, el hombre que nació entre la selva y el mar campechano, el cuentista genial y conversador desaforado que recreaba con sus gestos y onomatopeyas sus experiencias en la selva, en las prisiones, en los congales y en los cafés literarios, tenía el proyecto de hacer la novela total sobre el chicle, pero no al estilo de Eustaquio Rivera, que en La Vorágine narró la fiebre del caucho de una forma estilizada, deshumanizada casi por la voz omnisciente del narrador. 

De la Cabada, un hombre que le daba importancia suma a la oralidad, era de la idea de que narrar la vida de los chicleros era ahondar en la condición humana misma: su estado de orfandad en medio de una selva hostil, sus violencias y sus respuestas a esa selva calcificante del sureste mexicano. El chiclero tenía que contar su historia, y Juan de la Cabada sería el medio escritural. En sus memorias, de la Cabada, con más de 70 años, todavía decía de una historia que vino a conocer desde la infancia, lo siguiente: “La del chicle es la historia de una explotación dura y larga que algún día escribiré en una novela”. 

La novela tan deseada, tan anhelada, nunca fue realizada (ignoro por qué), pero en varios relatos posibles de hallar en sus Obras Completas (la Universidad de Sinaloa las editó), como el cuento Aquella noche, de la Cabada nos dejó trazos de ese mundo atractivo de la selva, de los ruidos de ese enorme lagarto viviente que fue la selva peninsular, y de sus hombres, los indios mayas descendientes de los rebeldes del siglo XIX, los buhoneros que iban de pueblo en pueblo vendiendo sus cacharros, y esos “personajes legendarios”, esos “hombres extraños” que fueron los chicleros.

En octubre de 1936, Juan de la Cabada llega a Mérida en busca del material para su libro sobre el chicle. Consiguió un empleo como inspector de bibliotecas públicas, y con eso tuvo la posibilidad de reunir la información –es decir, hablar con los chicleros, con las cocineras de los hatos chicleros, recorrer los pueblos que eran centrales chicleras, internarse en la selva. De la Cabada cuenta que:
“De Mérida haría el primer viaje a la región de Los Lirios. Debía entrar al monte por un lugar que se llama Peto, luego conseguir un viaje en avión a Sucacab, donde hay una plataforma y un ingenio azucarero en Catmís”.
Con el tiempo, en sus frecuentes viajes, de la Cabada tendría varios contactos, varios conocidos que le facilitaron sus traslados a la selva. El cuentista de la Cabada, como hemos dicho, nunca escribió esa novela que hoy sería material de consulta indispensable para los estudiosos del periodo chiclero, pero nos dejó una síntesis de lo que el chicle significó. La del chicle, que atraía en pueblos grandes como Peto, Tzucacab, Valladolid, Chetumal y Felipe Carrillo Puerto, a hombres de todas partes como “japoneses, coreanos, holandeses, gringos”, era “una industria que no sirve para otra cosa que para mascar y para que lo mascado se pegue a la suela de los zapatos”. Así mero.

martes, 1 de octubre de 2013

TÚ NECESITAS IR DONDE LAS PUTAS

¿Qué significa soñar con amigos a los que no has visto en mucho tiempo? Milenios, diría yo. Esta noche soñé con dos antiguos compañeros de ideas y batallas distintas. El primer sueño tenía como protagonista a mi amigo Moisés, que por azares de la política de su aldea –se convirtió en redentor de su pueblo- perdimos para la teología y la filosofía a una inteligencia privilegiada. Recuerdo que en una adolescencia aniquilada, iba seguido donde Moisés, los sábados y domingos a embarcarme a la exégesis de la biblia y a tratar de descomponer los silogismos difíciles del padre Aquino. Nunca saqué nada en limpio de mis primeros acercamientos con la teología: el resultado fue que me convertí en un descreído de la palabra, y que Moisés, socarrón, dijera que me iba a ir al infierno de Dante. En el sueño, Moisés dirigía sus leves y pequeños pasos hacia un mercado sucio -como el Lucas de Gálvez- y yo lo acompañaba conversando sobre vacuidades. Me decía que quería comer su “chicharrita” y yo le decía que habría que comprar cebollas y cilantro y limones para acompañarlo. El sueño terminó cuando Moisés desapareció, etc., y yo me encontré perdido en una ciudad inmensa, sin brújula y sin mapa para recorrerla; y de pronto me vi perseguido por una turbia pandilla que quería desollarme vivo, y yo entré a una casa salvadora y vi a una señora cuarentona cuya hija me estuvo calentando las braguetas hace muchas eternidades. La señora me arropó, y la pandilla se quedó afuera y no tuvo la molestia de transgredir el caluroso lecho maternal de la que en esos momentos veía con una mirada pecaminosa que me hizo recordar pasajes enteros del Apocalipsis que leía con Moisés. Y es que la madre de la prendebraguetas tenía un escote excesivo, y a pesar de sus años, el caderamen ancho y las tetas maduras y moldeadas por un regimiento de manos alfareras, la hacía digna de figurar en un círculo del infierno dantesco. El sueño acabó, me levanté de la hamaca, me fui al baño a orinar, y al verme al espejo dije: “Hamburguesa pinche, no te vuelvo a comer tan de noche cabrona”.
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Regresé a mi chichorro para acabar la madrugada roncando como se debe, como un bendito que está en paz con su mundo, y los sueños del infierno regresaron. El otro sueño tenía como protagonista a mi amigo Pacheco. Yo no sé qué se hizo de Pacheco, sé que es un buen amigo, callado y taciturno por ser hijo único, siempre anhelaba algo (yo no sé), siempre que me lo topaba presentía que esperaba a alguien, o que el mundo -su mundo- algún día llegaría a su fin. A veces me daba lástima Pacheco, siempre con la cara triste. Otras, me daba hasta envidia: como por no tener hermanos, en la casa de Pacheco lo que reinaba era el silencio. Pero como dije, Pacheco era alguien que esperaba. Una vez, en Chetumal comencé a rentar un cuarto con dos amigos de la prepa, y Pacheco venía constantemente a visitarnos. Me sorprendían demasiado sus palabras que se deshacían con el viento. Era un ser casi anodino. En ese entonces yo quería ser un poeta maldito, y como tenía leído que todos los poetas malditos andaban con mulatas de culos poderosos, no aguanté más y me planteé a Pacheco cuando vino una vez a platicar con El Manila–uno de los que rentaban cuarto conmigo, del cual siempre dije que era un gay adormilado- y le dije:
Pacheco, lo que tú y yo necesitamos (más tú que yo, la verdad sea dicha) es ir donde las putas. Conozco una mulata que es la maravilla de todo el Río Hondo con sus lodos palustres.
El sábado siguiente hicimos una vaquita, y la Parca, el otro amigo con el cual rentaba cuarto, apenas escuchó la mágica palabra “Puta”, dejó un libro gordo de entomología, caminó hacia nosotros, y con una tranquilidad de hombre de negocios, dijo: “Con 120 pesos nos da para estar libando 4 horas 5 cervezas y viendo a las bailarinas”.
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Ese día le presenté a Pacheco a Margot. Margot era una mulata del último pueblo del Hondo, dueña de una belleza como pocas: sus ojos verdes contrastaban con el cuerpo perfecto de ébano (nalgas de ciclista, tetas de nadadora consumada de pecho), y sus pocas palabras diferían –me contaría Pacheco después- de sus gemidos con los cuales embadurnaba un cuarto de hotel donde Pacheco, después de una “tanda” de cervezas, se la había llevado para regresarla hora y media después. Ese día salimos del picadero cervecero como a las 8 de la noche. Frente a la bahía de aguas calmosas de Chetumal, yo me dispuse a compartir el último poema que había escrito para Margot, y quería que Pacheco diera su visto bueno a los endecasílabos. A Pacheco se le había esfumado de sus ojos esa espera. Ya no esperaba a nadie.

domingo, 29 de septiembre de 2013

MÁS SOBRE EL SUPUESTO OVNI..: ¿QUIÉN MIENTE A QUIEN?, ¿LOS CAMPESINOS DE ICHMUL O EL CORRESPONSAL DEL DIARIO DE YUCATÁN EN PETO?

Descreo olímpica y sideralmente de las supuestas imágenes del "OVNI" de Xquerol tomadas en el pueblo de Ichmul. Las fotos que aparecen en el portal del Diario de Yucatán suscrito por el corresponsal de ese diario en Peto es una vil, infame, y patrañosa mentira. No cabe duda que lo que vieron tanto los de Xquerol como los de Ichmul se trató, efectivamente, de un meteorito.
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Tal vez este meteorito se desintegró completamente al llegar a la tierra, pero en su periplo hacia la nada arrastró cables de luz, interfirió en señales de radio, y de paso, prendió fuego a cacharros viejos, llantas de autos, leños y otras porquerías con las cuales los para nada ecológicos campesinos de la región siembran sus montes a falta de limpieza y manejo razonable de los desperdicios que producen. Los helicópteros que sobrevolaban la mañana del martes 24 la región, buscaban el punto del impacto, y tal vez lo hallaron y mandaron sus equipos, pero dudo que obtuvieran algo, porque la roca se pulverizó. Y dudo mucho más, que las imágenes que inserta el Diario de Yucatán se traten, efectivamente, de los restos, ya no digo del imaginario OVNI de Xquerol, sino de la roca espacial, la luciérnaga de fuego escupida por la lengua del cielo.
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Entonces, la pregunta es, ¿sufre de presbicia, miopía o algún defecto óptico el corresponsal del Diario de Yucatán en la villa de Peto? La pregunta la formulo por el tremendo ridículo que dos veces seguidas ha realizado. Primero, rotula una nota increíble con una imagen apócrifa de un supuesto OVNI que, en vez de radares y metales, tenía puro H2O: era de agua ese embeleco. Después, el corresponsal nos muestra 22 imágenes del pueblo, nos hace ver los encantos del antes populoso pueblo de Ichmul (antes de la guerra de castas, obviamente), y nos inserta como 2 o 4 imágenes donde aparecen varios campesinos del pueblo –algunos con gorras del PRIATO, lo que sin duda es signo de su condición de cacasenos- mostrando campechanamente los restos de lo que primero se dijo eran los restos del supuesto OVNI, para acto seguido cambiar la fofa mentira diciendo que no, que lo que se trató era de una “bola de fuego”, es decir, un meteorito. Yo le respondo al corresponsal: Ni lo uno ni lo otro. ¿Acaso no está viendo retazos de llantas, de radiadores –seguramente ese es el radiador que me quiso vender por 1,000 pesitos un cazador hijo de su madre-, hasta de otras porquerías con las cuales los para nada ecológicos “campesinos mayas” destrozan la naturaleza?
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En verdad, ¿quién miente a quién?, ¿los campesinos de Ichmul fueron los que tramaron la tramoya para captar algo de turismo newageano para su somnolienta aldea, o fue el cacaseno corresponsal del Diario de Yucatán el que, pagándoles algunos pesitos, les dijo que quemaran algunas llantitas, otros leños, algún radiador, un acumulador de auto, algún comal, este metate, ahora esta alpargata, luego este molino de mano para la pepita molida, tráeme esa soga, también el budbitzón de tu tatarabuelo, y ahí tenemos nuestro meteorito? Sin duda, hay que dudar de la honorabilidad del vecino.

viernes, 27 de septiembre de 2013

MÁS SOBRE EL SUPUESTO OVNI DE XQUEROL

Los marcianos siguen llegando al sur de Yucatán, y llegaron no bailando chachachá sino jarana entre rumores insistentes de los lugareños de que el OVNI de XQUEROL había caído en picada la noche del lunes 23 de septiembre en el pueblo de Ichmul. Después de que comenté la nota escrita por Tony Blanco sobre el OVNI de Xquerol, tal vez el rumor ya se había esparcido como la peste por la región: un OVNI había caído, para acto seguido combustionarse, e incluso se había recuperado parte de la nave sideral y ahora sus chatarras entintadas de hollín sirven como recuerdos de otros mundos a los terrícolas campesinos del pueblo de Ichmul. La cosa, sin duda, ha movido las desaforadas imaginaciones de los lugareños, dispuestos a creer cualquier embeleco fraguado en la tierra hechizada del Mayab. Ahora, todos dicen que tienen una parte del OVNI de Xquerol en su poder, ayer apenas un embaucador cazador, mientras regateaba con él un precio justo por una pierna gorda de venado, de un saquillo de sosquil sacó un mísero y oxidado radiador de auto de los años cuarenta, y con toda tranquilidad en su lenguaje alrevesado de maya y español, me dijo:
“Esta es la última maravilla traída por los visitantes siderales y sabios alquimistas de Marte, y será suyo por una módica cantidad de 1,000 pesos”.
Yo le dije que se fuera a vendérselo a su madre y que sólo deseaba la sabrosa pierna de venado. A pesar de que situaciones marcianas como esta han exponenciado la credulidad de la plebe ignara, lo cierto es que el OVNI de Xquerol ha sido visto, oído, o comentado por varios en la región que se extiende de Peto a Ichmul y los antiguos pueblos de Sacalaca y la aldea de Xquerol. Una nota de prensa del día de hoy del Diario de Yucatán que hace eco de la caída del plato volador, señala que “En la villa [de Peto], la Policía Municipal confirma que los militares estuvieron en la zona realizando operativos, pero que habían acudido a esa comunidad y los pobladores no mencionaron lo ocurrido. Sin embargo, se asegura que varios vieron ‘cómo caía el objeto, que ‘parecía una bola de candela’”, y señalando una falsa fotografía de un OVNI de gota de agua, la nota señalaba erróneamente que habían imágenes del OVNI recuperadas en los montes de Xquerol. Sin embargo, llama la atención que los de Ichmul no dieran cuenta del caso, al contrario de los de Xquerol, que dijeron claramente que el OVNI había volado sobre el caserío y que intentó “robar” electricidad de unos cables de alta tensión, causando un desperfecto que repercutió hasta Ichmul. Pero la certeza de que lo que visitó el día 23 de septiembre a esos pueblos, lo dan los ichmuleños: varios de ellos habían visto cómo caía del cielo aquel objeto parecido a una “bola de candela”, o a una luciérnaga escupida por el cielo.
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Al día siguiente, martes 24 de septiembre, en una visita de campo que realicé ese día a los pueblos de Dzonotchel y Petulillo (cercanos a los pueblos de Ichmul y de Xquerol) para sacar algunas fotografías de sus derruidas iglesias, antes de salir en moto para esos pueblos, me extrañó que desde la mañana varios helicópteros del cuartel militar cercano a Peto anduvieran sobrevolando la villa, y el surcamiento del cielo sureño siguió así hasta las 12 del día, incluso el práctico que me acompañaba (don Echeverría Amador) y yo nos topamos con un helicóptero una vez estado en el olvidado pueblo de Petulillo, a pocas leguas de Xquerol. Yo le dije a mi acompañante: ¿pues han de ser narcos o qué coños se traen? El otro rumió algo incomprensible en su jerga inextricable.
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Sobre la foto donde se ve la figura del supuesto OVNI tomada por un fotógrafo de José María Morelos y que inserto abajo, misma que señala la nota del Diario de Yucatán, se ha señalado que, al parecer, era una gota de lluvia lo que se captó, algo evidente si se ve su formación. Sin embargo, esta imagen es la que circula en las redes y esta imagen es la que el reportero del Diario de Yucatán señala como una supuesta prueba del OVNI de Xquerol.
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Como he dicho en la nota anterior, no pienso dejar las cosas así, y apenas tenga una oportunidad, haré mis propias entrevistas a los lugareños de Xquerol e Ichmul para ver qué tan cierto es la especie que circula entre las mentes afiebradas de los lugareños del sur de Yucatán, y que se extiende a municipios cercanos a José María Morelos.
Fuentes: "Cae en el sur una 'bola de candela'. Circula en redes sociales la foto de un supuesto ovni". Diario de Yucatán, 27 de septiembre de 2013. "Incredulidad por objeto Extraño". Por Esto!, 25 de septiembre de 2013.

jueves, 26 de septiembre de 2013

LOS HÉROES NUMANTINOS: ¿FUE TAN FÁCIL LA "PACIFICACIÓN" DE LOS DE CHAN SANTA CRUZ?

Bajará la justicia de nuestro padre Dios sobre los destructores, sobre los gavilanes blancos de los pueblos, sobre los muñecos colorados, sobre los pícaros bellacos. Los Guardianes de la Colmena encenderán el fuego que es la señal del purísimo y único Dios de los mayas, en la Virginidad de la única Iglesia. Vendrá una gran guerra sobre los gavilanes blancos de los pueblos. Y se verá si es verdaderamente fuerte su fe cuando bajen los siervos a regar agua caliente en la cara de las polillas de esta tierra, de los pícaros bellacos, los zopilotes de los pueblos, las zorras voraces de los pueblos (Chilam Balam de Chumayel, cita de Médiz Bolio, Obras selectas, Ensayística y visión del mundo maya, T. II, Vol. II, Mérida, UADY, pp. 461-62)
Descreo rotundamente de las aseveraciones periodísticas que surgieron entre 1895 y 1901, a propósito de la "pacificación" que el gobierno de don Porfirio comenzó a armar contra los últimos defensores de la autonomía de los mayas rebeldes de Chan Santa Cruz, para agenciar para los grupos oligárquicos regionales y nacionales, el rico botín forestal del oriente de la Península (las fijezas vacunas de los gringos habían comenzado a enamorarse de la goma de mascar producido por los zapotales). Si tenían, como dicen las notas periodísticas de la ciudad letrada de Mérida y de México, los de Chan Santa Cruz, entre sus caudillos, a puros alcohólicos tiranuelos que mataban hasta a su propio pueblo, etc., etc.; y si estaban tan a la defensiva o completamente desmoralizados y que ya no eran lo que fueron en décadas previas (pienso, sobre todo, en los años 1860-1880), entonces, ¿por qué duró lo que duró la supuesta "pacificación"?
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La entrada de Ignacio Bravo, le escuché a más de un chetumaleño y hasta a más de uno de Felipe Carrillo Puerto, significó, según ellos, la "pacificación". Yo discrepo rotundamente de aquella aseveración sin sentido, desconocedora de uno de los momentos cruciales de la resistencia étnica de un gran pueblo que, entre otras cosas, posibilitó la resistencia étnica y agraria de pueblos de la frontera yucateca durante la segunda mitad del siglo XIX debido a que con sus invasiones recurrentes habían convertido cantones fronterizos en verdaderos “países del miedo” donde nadie quería ir a invertir su dinero.
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Los de Chan Santa Cruz, es decir los grupos más autónomos -los 2,200 hombres que le hicieron frente a Huerta, a Bravo, a Vega entre 1898 y 1901-, venían de la vertiente ideológica que en palabras de López Austin, eran anti zuyuanos reacios a todo contacto con los elementos extraños: mal armados, con poca pólvora, imposibilitados por la Reina Victoria para la compra de armas en Honduras Británicas, acorralados por mar y tierra en una línea de circunvalación que los cercaba constantemente, mal comidos debido a las pocas siembras de maíz y a la emigración constante de una nueva generación de macehuales que preferían vivir en paz y tal vez huían de la peste del sarampión desbaratando a las fuerzas combatientes, estos últimos defensores de la autonomía rebelde como el comandante Sóstenes Mendoza (sobre Sóstenes Mendoza, pinche aquí), verdaderos héroes numantinos de una posibilidad autonómica sin comparación alguna en toda la historia de las resistencias indias, se batieron en armas hasta el último momento que sus flacas capacidades bélicas les permitieron: la “conquista” meridana-mexicana de Chan Santa Cruz le constaría muy caro a los ejércitos de don Porfirio.
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Veamos el Censo de 1900 para Yucatán, donde se observa el gran número de “heridos” que había en hospitales militares de Peto, uno de los cuarteles principales de la “pacificación”, donde hasta la Iglesia del pueblo se convirtió en un sangriento muladar de soldados y guardias nacionales heridos por los defensores de Chan Santa Cruz.
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Héroes numantinos, héroes anti zuyuanos -muy distintos a Francisco May, que obviamente sería el segmento de la mayanidad enamorado del extranjero y dispuesto a pactar su servidumbre a cambio de denarios capitalistas producidos por el chicle- que no decidieron dejar lo ganado en años de lucha por sus padres y abuelos desde 1847: me refiero, desde luego, a la territorialidad rebelde, al territorio de la autonomía maya desde el repliegue rebelde a “los bosques orientales”, territorio pugnado de manera autonómica desde noviembre de 1849 por Venancio Pec, uno de los primeros caudillos militares mayas que vio con perspicacia que la “guerra santa” profetizada por los chilames era una lucha de liberación anti colonial, ya que exigió, apunta Médiz Bolio, como condición ineludible para la paz, “la devolución de las tierras ‘del Rey’ para entregarlas a los labradores pobres y el reconocimiento de una frontera pacífica entre el territorio dominado por los mayas libres y el que los criollos habían conservado o recuperado de los indios”.
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En un primer momento, los de Chan Santa Cruz se replegaron fuera del pueblo después de que Bravo llegara por casualidad con sus ejércitos. El antiguo santuario fue invadido por los “malos vientos” de los huaches invasores, luego volverían de nuevo, y en 1929, una rama anti zuyuana -la comandada por el comandante Concepción Cituk y Evaristo Zuulub, así como el nieto de José María Barrera, Pascual Barrera- decidió romper relaciones con el zuyuano Francisco May, ya que éste último había pactado con los invasores; ese miserable tirano de May se había "vendido a los mexicanos".
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La rama anti zuyuana formaría un nuevo cacicazgo, el que intrigaría a Villa Rojas en la década de 1930: el cacicazgo de X-Cacal Guardia donde se habían replegado los herederos de la Cruz Parlante. Los senderos autónomicos de los de X-Cacal Guardia aún es posible de observar hoy en día, y esto es un ejemplo claro de que la pacificación de 1895-1901, nunca fue eso, nunca significó el debilitamiento o la difuminación étnica de los herederos de aquellos 2,200 héroes numantinos guardianes de la Colmena que decidieron pelear contra los “gavilanes blancos” que no tardarían en traer la “polilla de esta tierra” en la Colmena de la autonomía maya iniciada el 30 de julio de 1847 en los montes de Tepich.

LOS INCAS Y LOS "AZTECAS" NO SON RAZAS GEMELAS

En su reciente columna Astillero, Julio Hernández López ha clavado con precisión la crítica periodística contra un engendro que ayer se atrevió a insultar a nuestra conciencia periodística actual, Carmen Aristegui. Dice Hernández López:
Colocada en el peor extremo de la de por sí poco defendible agenda de Televisa, gritona y populachera aunque clasistamente exhibidora sólo de los defectos y vergüenzas de los segmentos socioeconómicamente más débiles pero nunca de los poderosos con los que se alinea, filósofa de los interiores sórdidos que nunca reflexiona sobre las causas estructurales de esas miserias ni arenga en contra de ellas, y muy efectiva en la tarea de suplir con decibeles la falta de inteligencia y profundidad...
Por sentido común, por mi muy sentido nacionalista, no comprendo cómo una peruana de sesenta y dos años, enclenque, gritona, mentirosa (dijo que ha trabajado en grupos de rescate con los Topos, y los Topos desmintieron a "la desgraciada") y feísima a más no poder a pesar de sus afeites y cirujías para recomponer su desbaratamiento; una incásica del légamo de un país de mierda venga a burlarse de una región del país así como si nada.
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Alex Lora, aparte de mandilón, es un ignorante olímpico: los incas y los mexicanos (digo mexicanos, porque obviamente que no solo hubieron "aztecas", etc, etc), señor Lora, no son "razas gemelas". En México no existen los asiáticos, ni los "cholos", ni tuvimos la barbarie de Sendero Luminoso ni otros atrasos que datan de tiempos del Estado totalitario del Tawantinsuyo. Por fortuna, el proceso del mestizaje establecido a partir del siglo XIX ha posibilitado entendimientos con los distintos Méxicos. Insisto, las tesis de Aguirre Beltrán y su aplicación a la realidad, ha sido de más ayuda que las distintas chaladeces teóricas de los fundamentalistas étnicos de indistinta ralea.
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Perú, lo ha dicho Florencia Mallon, al contrario de México, no tuvo revolución; y su disparidad étnica es colonial, comparado con el proceso indigenista de México en el siglo XX que posibilitó cierta cohesión sociocultural, no fue significativa: Perú sigue siendo un país colonial fracturado en lo más hondo de su alma bárbara, y de ahí que en el siglo XX fuera un país atrapado entre la barbarie cuartelaria y la barbarie guerrillera. Esto lo ha visto claramente Mario Vargas Llosa, el único peruano -junto con César Vallejo y dos más que no me acuerdo sus nombres- civilizado del país de los Fujimori, de los Montesinos y los Abimael Guzmán: chacales por naturaleza que guardan más herencias con el Estado totalitario incaico que con el que mal implantaron los católicos Pizarro y compañía.
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De ahí que sorprendea que, cómo a un país civilizado –en lo que cabe, porque también tenemos la barbarie priísta- como México, venga una tremenda mentecata sexagenaria como Laura Bozzo (nació el 19 de agosto de 1951) a burlarse –amparada por una televisora y gobiernos priístas- de una parte del México que, limitaciones del proceso indigenista que debe seguir, guarda más de un sentido con todo el Perú de donde proviene esta cacasena.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

EL NONI




Una de aquellas frutas que más detesto, es el noni (Morinda citrifolia). Comencé a odiarlo por su nombre antes de conocerlo en vivo: la palabra me disgustó. Y cuando lo olí, y sobre todo cuando una vez pisé sin querer un fruto podrido de este árbol, lo terminé de odiar para siempre. No hay reconciliación entre el noni y yo.

Originario del sudeste asiático -así como el muy yucateco flamboyán-, de esta "fruta del diablo", "gunábana cimarrona", etc., se ha dicho que, en brebaje, produce flaquera y es bueno para la diabetes. Otros embelecos fraguados por chismes de vieja, afirma que a los impotentes los vuelve desfloradores profesionales. Pero lo que me interesa subrayar, de esta fruta corrosiva, es lo siguiente: el noni no es originario de estas tierras, así como muchos productos en apariencia nativos (se duda hasta de que el maíz mesoamericano sea originario de América), y muchas variedades de plantas no son autóctonas de por estos rumbos.

Yo jamás bebería el noni por su brutal, salvaje y violento sabor similar a azufre mezclado con estiércol (aunque, a ciencia cierta, no sé a qué sabrá el azufre mezclado con estiércol). Y más cuando se pudren los frutos y forman plastas similares a las porquerías que tiran las gallinas malitas de la molleja y con soberanas cagaleras emplumadas de Dios es Cristo.

Si algún día fundara un pueblo, la única regla de convivencia sería el siguiente ucase satrapezco: 

Al que se le sorprenda sembrando, cosechando, haciendo brebajes o fornicando bucalmente con el noni, de inmediato será pasado por las armas.

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