sábado, 13 de octubre de 2012

CREDO QUIA ABSURDUM

La crítica del cielo se transforma así en la crítica de la tierra, la crítica de la religión en la crítica del derecho, la crítica de la teología en la crítica de la política. Marx
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Quitemos a los curas su púlpito y su hisopo, eliminemos a los pastores de la grey, exiliemos a esa casta sacerdotal del reino de los hombres; a los obispos y a los adoradores y a los estudiosos de la Biblia y a los predicadores del desierto o de la selva, no les hagamos caso.
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Eliminemos días del señor, fiestas de adviento, relicarios y cruces, capillas católicas e iglesias protestantes, navidades y semanas santas, mandamientos y pecados; saquemos toda esa parafernalia obtusa que nos degrada el oído, y ya, cuando no haya nada de nada, cuando no tengamos curas, thomases de kempis, luteros y papas, entonces tendremos los oídos limpios de esa cochambre de cera religiosa, los ojos claros para ver directo al sol, y sólo así tendremos la oportunidad de oír a la hipótesis divina diciéndonos, calladamente:
"Cree, cree".

jueves, 11 de octubre de 2012

SOBRE EL TAN MENTADO 12 DE OCTUBRE

No quiero manifestar mañana ninguna opinión sobre el tan mentado 12 de octubre, me dará flojera leer las epístolas y diatribas morales contra los "invasores" escritas en perfecto o imperfecto castellano, y no en una lengua originaria; omitiré a Palomares y Ochoa con su "Del mar los vieron llegar...", etc; no me meteré en discusiones bizantinas sobre un hecho histórico terminado, diré que las Estatuas de Montejo están bonitas ahí donde están, en el remate del Paseo de Montejo de Mérida la sucia; ni barajaré la carta indigenista recordando las aporías de esa doctrina malévola, ni vomitaré el "mueran los gachupines", ni escribiré las palabras cargadísimas de historicidad como Genocidio, Conquista y pueblos indígenas. Me dará igual que cada quien, desde su perspectiva o desde sus conocimientos, haga alusión al tema de las calaveritas de Colón y su encuentro o desencuentro, su invención o imaginación de este continente con sus gentes donde estoy parado ahora, redactando estos pareceres. Recuerdo que Gómara, en su Historia de las Indias, ya había escrito que “la mayor cosa después de la creación del mundo, con la excepción de la encarnación y muerte del que lo creó, era el descubrimiento de estas partes”, señalando con esta aserción hasta qué punto las tierras nuevas despertaban la inquietud de los europeos.
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Lo cierto es que, desde la perspectiva histórica, fue una larguísima y tremenda hazaña la que hizo el marinero genovés, de ir allá con esos mustios y pobres marineros agarrados a la mala, pasando las Columnas de Hércules, entrando a las Canarias, traspasando el Mar de los Sargazos, el Océano, el padre solitario y maldito océano comedor de hombres y maderámenes, yendo al Mar ignoto donde seguramente lo esperaban endriagos, culebras marinas, sirenas de tetas descomunales que dejan dura la verga de los pobres cristianos con sus cantos rutilantes, maelstroms definitivos, fantasmas de la tierra en medio del piélago cuando lo más profundo de la noche, y motines, motines y más motines de sus esmirriados marineros. Sin duda, lo que hizo el genovés bien pudo haberlo hecho con antelación el vikingo y el chino, pero lo que cuenta, en la historia, es que ni el vikingo ni el chino trastocaron el discurrir histórico de las sociedades indígenas como el genovés sí lo logró hacer. Porque ya desde su primer viaje, Colón dio la pauta en su compulsión nombradora de las nuevas tierras agenciadas para su rey “Las cosas deben tener los nombres que les convienen”, señaló Todorov del encuentro, y Colón comenzó a designar, a resignificar, a esclarecer. La apropiación de las tierras se hace desde la palabra y la práctica de una forma por lo demás curiosa.
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“El primer gesto que hace Colón al entrar en contacto con las tierras recién descubiertas (es decir, el primerísimo contacto entre Europa y lo que habrá de ser América), es una especie de acto de nominación extendido: se trata de la declaración según la cual esas tierras forman parte, desde entonces, del reino de España. Colón baja a tierra en una barca decorada con el pendón real, y acompañado por sus dos capitanes, así como por el notario real provisto de su tintero. Ante los ojos de los indios probablemente perplejos, y sin preocuparse para nada de ellos, Colón hace levantar un acta: “Dijo que le diesen por fe y testimonio como él por ante todos tomaba, como de hecho tomó posesión de la dicha isla por el Rey e por la Reina sus señores”.
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Colón comienza a nombrar y a renombrar, y esto fue escuela para la nueva toponimia dominadora. A Yucatán le pusieron el tan famoso “No te entiendo” (eso significa Yucatán), y cuando le decían a los barbudos que fueran a la casa de los mayas de la punta este de la Península, los barbados bárbaros, tal vez debido a que sus pesadas armaduras les impedía la buena escucha, le nombraron Catoche a un famoso cabo aparecido en los primeros mapas del famoso siglo XVI, el verdadero siglo de la Conquista.
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Sin embargo, no seguiré más este pequeño comentario al tan mentado 12 de octubre, porque creo que todo ocurre para bien, así sea la barbarie civilizadora.

lunes, 8 de octubre de 2012

Que la vida...



Que la vida sea una especie de libreta escrita con lápiz,

y que uno tenga suficiente borrador y tajador para corregir errores,

enmendar frases,

subrayar recuerdos,

tachar discursos, suprimir días y dibujar otros... 

Aunque eso,

eso no sería vida sino un simulacro de ella,

una novela que se marchita.

El poder petrificado

A la puta conchuda de la dictadura cubana, con cariño
El ganador: Hugo Chávez Frías y su populismo galopante, momificante. El perdedor, o la perdedora: la libertad en Venezuela. Porque esa es la democracia, el mejor de los sistemas políticos con el cual los imbéciles llegan o se parapetan en el poder (un poder despótico, simiesco y amorcillado). No obstante de que "una de las mejores democracias en el mundo", la venezolana (dictum del sátrapa de Barinas), se parece demasiado a la tramoya gigantesca que vivimos en el antiguo régimen del carro completo cuando el PRI defenestraba con sus cantaletas seudodemocráticas, Capriles le logró arrebatar 6 millones 150 mil votos, frente a los 7 millones 444 mil votos del dictador "constitucional" y "democrático" (esa historia lo sabemos, Díaz, el tuxtepecano, logró empotrarse en el poder por más de 30 años valido de las elecciones cíclicas y respetando una Constitución con olor a oligarquía feudal esclavista), cifras que hacen clara, patente y rugiente, la pavorosa división demográfica que trasmina cada rincón de Venezuela: Venezuela está partida en dos, en dos caras distintas de la población: una población que vende su libertad a cambio de "seguridad" populista; y una población que le apuesta a la incertidumbre, a la imaginación y al fastidio que producen los fastos del poder petrificado...

domingo, 2 de septiembre de 2012

Del inconveniente de haber nacido petuleño

"No soporto a los petuleños. Soy petuleño, no me aguanto a mí mismo"..."Todo lo petuleño me hace indigestión"..Frases que le llegué a escuchar alguna vez al poeta Salvador Vilax.
Para empezar, debo confesar que nací descastado, y no pienso cambiar esa biológica ambición de sentirme fastidiado con el lugar de origen. Desde el primer instante del instante supe que no vivía en el centro de la tierra, que nada de bueno obtendría quedándome entre las albarradas del lugar. No conozco otro cielo más triste (más o menos triste), otra gente más taciturna, que el cielo y la gente de donde nací por accidente.

Nada bueno ha salido de allá, salvo mefíticos recuerdos exorcizados por la literatura primero, y ahora por la historia que intento hacer. Nada rescatable, todo omitible, siempre desechable. Parafraseando a Cioran, diré que la paradoja de ser petuleño...
"es un tormento que hay que saber explotar, un defecto del que hay que sacar provecho".
Si alguna vez se equivocó el bueno de Dios, si en algún momento el supremo sátrapa del universo no tuvo piedad de los hombres, fue cuando puso en la cabeza de algún fraile la idea de congregar a los nativos de la región después de la Conquista de Yucatán, y conformar un pueblo que sería -durante la Guerra de Castas- casi barrido de la historia. Luego, domeñados los bárbaros de Chan Santa Cruz, otra vez las condenadas tierras del lugar serían infestadas por truhanes de toda laya, seguidos de las más infames putas selváticas dispuestas a reproducirse con indios taciturnos y mestizos taimados. En la imperialista época del chicle, las calles del pueblo serían infestadas por negros de Tuxpan, por pordieseros de todos los lugares y las escorias expulsadas de todos los pueblos del "Yucatán profundo". Ese caldo podrido de cultivo daría forma al más sucio, degradado e involucionado pueblo de Yucatán, de cuyo nombre todos sabemos cuál es, pero por salud mental omito teclearlo.
Porque desde antes del principio, la condena de todos fue haber nacido en esta tierra sin esperanza devorada por caciques sin alma. Vuelvo a Cioran, y sólo para confesarles
"haber mirado en otro tiempo como una vergüenza el pertenecer a una nación -o pueblo- vulgar, a una colectividad de vencidos, sobre cuyo origen me cabían pocas esperanzas".
Creía, y quizá no me engañaba, que habíamos surgido de la hez de los bárbaros, del desecho dejado por el tumulto de la Conquista de Yucatán.
¿Cómo se puede ser petuleño sin pegarse un tiro en la cabeza al momento? ¡Fácil!, siendo un degenerado mental que cree que algo civilizado hay en esas albarradas del lugar (no es mi caso) o ser un descastado, un apátrida profesional. Vuelvo a Cioran, para decir que:
"Como odiaba a los míos, a mí país (o a la aldea), a sus campesinos intemporales, encantados con su torpor y se diría que deslumbrantes de embrutecimiento, yo me avergonzaba de ser su descendiente, renegaba de ellos..."
Me rehuso a ser parte de su infra-humanidad, a estar en sintonía con:
"...sus certidumbres de larvas petrificadas, a su soñarrera geológica".
El mono, o el mico, se muere entre los petuleños, raza prehomínida a la que le está vedada el más mínimo rastro de civilización. No sabiendo cómo zarandearlos para que salgan de su modorra mitológica, me ha entrado la idea de exterminarlos simbólicamente.

Pero no se puede hacer una matanza que se quede sólo en la execración. Nunca he dejado de maldecir el accidente que me hizo nacer entre ellos. Nací en Peto, pero prometo que no lo vuelvo a hacer.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Tío Tino

Moriste, me dijeron hoy que moriste ayer, tío Tino, "en el día del abuelo", abuelo tú de medio pueblo, semental enamorado. Aunque no moriste del todo, yo sé que no moriste del todo. Dejaste huérfano de hermanos a mi abuelo, pero no huérfano del todo. Nadie es del todo huérfano y nada es del todo cierto, menos la muerte, menos la sucia y olorosa y casquivana muerte. Hoy escribo estas desleídas palabras, aunque contigo no se debe escribir sino bailar, Zapatear, mover el cuerpo y poner las alpargatas de Dios en los pies de la mañana. En la esquina del tren te sentabas las tardes a tomar el fresco y esperar noticias de las vaquerías, y ayer, oíste ese sonido de charanga allá arriba, Rompiendo los flancos de las nubes y restallando la aburridez de los sermones. Diste gracias a la mañana, y partiste con el traje de gala, albo como una mañana de enero en el pueblo. La charanga y la jarana llegaron al cementerio presidiendo el entierro. Moriste ayer, Tío Tino, aunque no moriste del todo.

miércoles, 15 de agosto de 2012

La condición meridana

Antes consideraba que la condición más abyecta del ser peninsular, era la condición chetumaleña, pero me equivoqué. Ahora estoy convencido, y nadie me sacará esa idea, que la condición más abyecta del ser peninsular, es la condición meridana...Arguyo que un meridano (sin distinción étnica o de clase) es un intento de humanidad peninsular cuya única consigna es restregar su caradura flemática con ruidos ensordecedores: ruido, ruido y más ruido, el ruido es el traje de luces que se pone todos los días el meridano. Mientras más ruido hay en el ambiente, el meridano se siente a sus anchas, destroza el lenguaje de Cervantes con su vozarrón estentóreo, y proclama su segura felicidad al son de los decibelios destripados. Hay algo siniestro en ello, en esa mezcla de provincianismo católico amplificado por un jarabe cerverapachequista autoritario con el cual el meridano ha crecido: entre ruidos del campanario de la Catedral meridana, y las bocinas de la Casa del Pueblo de la calle 65, el meridano ha descubierto su mundo... Sin duda, la socialización primaria del meridano lo hace proclive a dos cosas: La primera es a creer que los bárbaros son los otros, los del “interior del estado”, cuando en realidad la barbarie es cuestión de tener el ojo avizor para comprobar mi aserción: la barbarie, la única barbarie peninsular, es observar a un meridano caminar tranquilamente por las calles sucias, polvosas y ruidosas del centro de Mérida. Entre las inmundicias y cacofonías que destilan los otros meridanos y los microbuses y las chácharas de los vendedores ambulantes, el meridano camina al compás de su salvajismo refinado. Porque él, el meridano, es el centro y ombligo de su universo paleolítico. La otra posible manera en que pudiera desembocar esta condición abyecta del ser peninsular, es la de un tartufismo cosmológico, la de una moralina o doble moralidad: el meridano lanza la maldición, y al mismo tiempo cae en el excremento de su odio o repulsa; el meridano hecha pestes contra los maricones, y al mismo tiempo hace teorías sobre ellos. El meridano dice que no es prejuicioso, pero al mismo tiempo es un dechado de pensamientos decimonónicos, por no decir coloniales. A continuación, enlisto brevemente algunos apuntes que he logrado observar en mis incursiones por la jungla del universo paleolítico de los meridanos:
El meridano es un ser pasivo hasta en la somnolencia. 1.- El meridano no respeta los semáforos o es posible que sufra de un crónico daltonismo sin haberse percatado. 2.- Todo meridano es un gay en potencia, pero eso no es lo más grave de su ser. 3.- El meridano no es ecologista, no distingue entre un simple pedazo de madera y una bolsa de nylon. 4.- Todo meridano que ponga en la mesa de la plática su hispanismo trasnochado, es un cerdo racista con una fijeza secular de que un hijo de Cecilio Chi o Jacinto Pat le de por el culo hasta la saciedad. 5.- Justo Sierra O’Reilly, Manuel Crescencio Rejón, Joaquín Bestard, Alfredo Barrera Vázquez, Felipe Carrillo Puerto y hasta el propio don Víctor Cervera Pacheco, tienen algo en común, aparte de su sobrada inteligencia y de que han sido pilares de la sociedad yucateca, y es que ninguno de ellos nació en Mérida. 6.- Y por último, para acabar esta diatriba, diré que Mérida, esa magnífica y bella ciudad, no se merece al 50% de sus pobladores.

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