sábado, 26 de julio de 2008

Lucía, bellamente violenta




Corre la especie de que en los pasillos del poder nicaragüense, un ex guerrillero sexagenario, hoy presidente de ese país asolado por sus inepcias administrativas, ha encontrado el verdadero amor después de mucho camino andado por los andurriales de la dictadura somocista, de la revolución triunfante de los valerosos imbéciles de esa “Nicaragua bellamente violenta”, y posterior del chasco que se llevó en 1990 al triunfo de Chamorro proclamando la democracia de los votos por encima de la forzada democracia salida de las bocas de fuego de los kalashnikov. “Un segundo aire, un segundo mandato, y Fidel es eterno, ¡coño!, y el socialismo del Siglo XXI será por decreto de mis cojones o por una pinche reforma constitucional”, rumia el viejo guerrillero, y desde su oficina presidencial, los ujieres, intendentes y secretarias, lo oyen pudrirse de cansinos suspiros pedorreando el ambiente con versos melifluos del vate nacional: “La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?”/ “Como rosa de oriente me fascinas…/ ¡Oh bello amor de mil genuflexiones”/. El declamador de los versos de Darío, ¡quién iba a ser sino Daniel Ortega!, el hombre más feliz del mundo de la izquierda pre-perestroika latinoamericana; satisfecho a pesar de los múltiples a pesares económicos con los que sobreviven los nicaragüenses, a pesar de que con sus rústicos discursos genera conflictos internacionales con sus confesiones simiescas. ¿Y cual es la princesa, dueña de sus pedorreantes suspiros? ¡Quién iba a ser sino la Moret!, la chilanguita de cerebro afiebrado por recetas de cocina marxista de la Harnecker.
La confesión simiesca que Ortega hiciera en una alocución a la narcoguerrilla de las FARC para que deponga las armas, designándoles, entre otras lindezas, como “hermanos”, desencadenó muestras de rechazo tanto en grupos opositores al Mandril Rojo (es decir, Ortega) en calles de Managua, como denuncias del gobierno de Colombia ante la OEA. Sobre el discurso (en el cual estuvieron presentes Chávez y las dos “guerrilleras heroicas”) en el que Ortega fincó su parentesco con los chacales de la narcoguerrilla de las FARC, el embajador de Colombia en aquel organismo interamericano, Camilo Ospina, acotó lo siguiente:
“Resulta ofensivo para la nación colombiana que se otorgue ese tratamiento a un grupo terrorista que comete crímenes de lesa humanidad, incluidos el secuestro, reclutamiento de menores, y uso de minas antipersonas y armas no convencionales de efecto indiscriminado…” (AP, 25 de julio de 2008).
Pero ahí no termina la queja del embajador, ya que, como he dicho líneas arriba, él también, el embajador y media América, se ha dado cuenta del escarceo amoroso entre el pachucho ex guerrillero y la filósofa maoísta salida de los subterráneos de una de las clases soporíficas de Sánchez Vázquez, o de uno de sus discípulos sesentayocheros desmadrosos del primero. (Para guardar apariencias, ya que la favorita es la chilanguita, las dos “guerrilleras heroicas” se pasean en “la hora del Oficio Nocturno”, cuando Ortega, y no Somoza, sale redivivo de su mausoleo de semental domesticado. Y en automóviles que pasan “rápidos por las carreteras” de Managua, las risas de la Moret desangran la palidez callada de la luna de siempre. Ortega suspira. Y presiente que esa belleza pasará rápida, “como el modelo de los autos” y la marca de condones y los amores que se desechan al pie de idiotas lejanías. ¡Uta, que cursi se vuelve uno leyendo a Cardenal!).
El embajador de Colombia indicó que con las acciones del amoroso Ortega, que, además de conceder asilo a las dos “guerrilleras heroicas” de las FARC –es una hipótesis de que sean guerrilleras, es una suposición de que sean heroicas; no sé por qué, pero estas dos muchachillas me recuerdan los versos finales del Canto XLV de Ezra Pound: “Han traído putas para Eleusis (léase a los mandos de las FARC)/ Se sientan cadáveres al banquete/ a petición de usura (o del difunto Reyes)./- “se ha presentado con ellas y las ha elogiado en público ‘tratándolas como princesas’”, Bogotá, por vez segunda (la primera fue el 24 de junio, cuando Ospina señaló que Ortega protegía a farianos en su territorio) “tendrá base para pedir sanciones internacionales” contra el gobierno que encabeza el Casanova ex guerrillero. Nadie se espante de aquel trato principesco que recibe la Moret (el amor es el amor, aquí y en el culo del mundo), y ya que me ando muy citador de poetas, recuerden los versos del bardo Lizalde, con los cuales me despido y hasta luego: “Aman los puercos. No puede haber más excelente prueba/ de que el amor/ no es cosa tan extraordinaria”/.

La libertad contra la fe

En el ensayo “La libertad contra la fe” (de El ogro filantrópico), Octavio Paz escribió que “No hay despotismo más despiadado que el de los propietarios de la verdad…”; que la lógica de estos “ignora los remordimientos y su virtud la piedad”. Sin piedad, los ucases de muerte de las FARC, esos "predestinados por la Historia colombiana", rompen cualquier dique de cordura (razón, leyes, derecho internacional si se trata de minas anti personas, discurrir de la propia historia, economía, psicología del pueblo) con tal de implantar su ideología asesina en la estructura del Estado colombiano. Y no creo que incurra en violencia adjetival al llamar ideología asesina la que ostenta las FARC. Para ellos, siguiendo consignas maoístas, el poder nace del fusil, y la violencia sigue siendo –a pesar de las marchas por la paz colombiana sucedidas en París, Washington, Miami, y en Leticia, Colombia- partera de la Historia. La fe de sus dirigentes es una fe suicida, pero al fin y al cabo, fe autista, inamovible en sus machos doctrinarios. “Las iglesias (en este caso la iglesia negra de las FARC) comienzan predicando la palabra de Dios y terminan quemando herejes y ateos en nombre de esa misma palabra; los partidos revolucionarios actúan primero en nombre del proletariado y después, también en su nombre, lo amordazan y lo oprimen”.
Pero esta iglesia que comanda el sumo sacerdote Alfonso Cano, ha mandado a sus fieles el nuevo decálogo de muerte, poniendo como dogma el muy dicho mexicano de Jalisco nunca pierde: “Dos de los comandantes – Rodrigo Granda y Jesús Santrich, leo en la nota de AP que recoge un diario de la Península- advirtieron ayer que la guerrilla no bajará los fusiles, pese a los llamados desde todo el mundo, incluso de la izquierda política, a poner fin a la lucha armada”. En dicho comunicado de la ABP las FARC tachan, sin nombrarlos explícitamente, de “oportunistas” a Chávez, al perro de Ortega, barragano de la Moret, que ladró con jactancia desde Managua que las FARC son, ciertamente, sus “hermanos” (pero no aclaró de qué, si de sangre o de infamias criminales), al casi cadáver Fidel Ruz y a otros especímenes que hoy les dan la espalda a este grupo narcoterrorista sumamente maltrecho pero no extinguido.
En una pieza desopilante, las FARC sentenciaron que las posiciones en contra de su chamba de narcóticos y secuestros en pos de la liberación colombiana, eran “retruécanos con los que se suele manosear la realidad sin asco de arrastrar los principios para mostrarse revolucionario mientras se es oportunista”. Me pregunto: ¿Qué se puede esperar de un grupo, a todas luces homicida, que no sólo manosea a la realidad, sino que la niega rotundamente, y que por burdos principios leídos en libracos del carajo, hecha bomba, rastrilla vidas con metrallas, produce coca, empuerca la izquierda democrática colombiana, numantinamente se aferra al poder de la violencia por una sola cosa: no la liberación de la clase campesina u obrera –el que siga creyendo esa falacia no tiene madre o es un miembro de la CIA-, sino los dividendos que implica su empresa capitalista de la coca y los secuestros. No hay que hacernos guaje.

viernes, 25 de julio de 2008

Muerte en la tarde del “Sinaloense”



He visto corridas de toros. Pero para un argentino, hay algo feo en una corrida…no me parece muy hábil agarrar a un toro y matarlo entre diez o doce personas
Jorge Luis Borges

Por lo que toca a las cuestiones morales, no puedo decir más que una cosa: es moral todo lo que hace que me sienta bien, e inmoral todo lo que hace que me sienta mal. Y, juzgados por este criterio, que no intento defender, los toros son absolutamente morales para mí, porque, durante la corrida, me siento muy bien, tengo el sentimiento de la vida y de la muerte, de lo mortal y de lo inmortal, y una vez terminado el espectáculo, me siento muy triste, pero muy a gusto…Ernest Hemingway


Ha muerto un toro descomunalmente “matrero”. Muerto es un decir, porque en realidad fue cobardemente victimado, asesinado, muerto por asfixia, ahorcado como el más vulgar criminal, sentenciado a morir y remorir por el hecho simple de que este burel se limitaba a cumplir con su instinto animal de sobrevivencia, de defensa combativa. Destripaba y descoyuntaba caballos, es cierto, y es cierto que se iba directo contra la “caballanidad” humana de las cabalgaduras y la inhumanidad caballuna de jinetes y vaqueritos, desquitando su furia, su neurosis asesina enclaustrada en las innumerables plazas terrosas de las villas y pueblos perdidos de la Península, los famosos “tablados” de indios. Su nombre, ya leyenda de la memoria popular que recorre los caminos y la manigua peninsular, “El Sinaloense”, terror de vaqueros, cagados de miedo cuando veían detrás de la reja de maderas que reprimían los ímpetus de muerte de sus caballos, que el “toro asesino” apisonaba, con sus cuartos traseros, vez enésima, el suelo rojo del ruedo de bajareques.

Fue muerto en Homún, aldea yucateca sin esperanza, por cuatro infames canallas, miedosos de que el Sinaloense les sacara las vísceras a sus meretrices yeguas, a sus sementales deslechados.

Al Sinaloense ya la calaca le rondaba, le jugaba bromas a sus tarros cacarañados. Echeverría –vaquero tendero de mi pueblo, conocedor experto del ritual fiestero peninsular, aún atribulado en las noches de lluvia por el recuerdo insistente, tenaz, de la “Julia”, yegua suya a la cual le fue escarbado con brutalidad su vientre por los cuernos de un hermano del Sinaloense, del rancho de Kulunché-, cuenta que…

…a ese pinche toro ya le había cargado la verga, entre los vaqueros ya corría el precio de su cabeza.

El Sinaloense se salvó en Kalkiní, devastó con el remover tumultuario de su cuello las innumerables celadas que le fraguaron en “Ox”, vio de cerca el abismo de la nada en otros crepúsculos dispersos del ayer, pero en aquella tarde fatal de Homún (miércoles 16 de julio de 2008) el destino, o lo que conocemos como tal, decidió que ya le había llegado la hora de pagar con su sangre, lengua y pulmón, las doce destripadas y las doce cagadas de pánico que le propinara a doce vaqueros sin destreza para la brida y el lazo. Como dijo Echeverría, “ya le había cargado la verga”. Murió el Sinaloense, y los enanos acomodados únicamente a lidiar becerritos, hoy pueden montar en paz, que ya no hay toro que cubrirá, en los concursos de lazo, de aquí en adelante, el puesto que dejó vacante el padre de los toros yucatecos.

Pero el Sinaloense, padre de los toros yucatecos, y laxante semoviente de los pendejos vaqueritos, en realidad no nació en ninguna de las vegas empedradas de la Península. Cuenta su deudo-dueño, Pedro Pérez Sosa, que al astado se lo compró a una señito ama de casa de Tepakán (otro pueblo sin esperanza de la península), una mujer que después de hacer la comida y el mandado, pos como que le metía, por amor a su acendrado catolicismo, a eso de la empresa taurina. La seño compró al burel en Cancún, y al parecer corre la especie o rumor de que el astado escuchó por vez primera los trinos de los pájaros en el rancho de “Cerro Viejo” del lejano Guanajuato. Antes de ser asesino, fue una promesa que la seño de Tepakán le hizo, no se si al cura mofletudo o al santito del pueblo. Posterior a la “promesa”, la ama-empresaria buscóle dueño al futuro asesino, junto con un hermanito suyo (es decir, el mismo que escarbó con saña de violador el vientre no tan virginal de la Julia); y su morrillo, cuerpo, cuartos y tarros cayeron en las vegas empedradas del ranchito de Kulunché de don Pérez Sosa. En esas vegas lajosas de Kulunché nacería la leyenda de furia y sangre, de vísceras y muerte, que el Sinaloense iría construyendo, como una inamovible albarrada a prueba de equinos huracanes, con las doce vísceras caballunas que sacara al aire y a las moscas de muerte en su paso raudo, paso de hoz, de hacha y machete cortante, por los tablados calinosos de la sofocante Península.
Era una muerte anunciada la muerte que con suma cobardía le perpetraron al Sinaloense. En Homún, la verga, el destino, la hora o la pinche mala leche de los vaqueritos cobardones, cargó con la vida del Sinaloense. Antes de que se llevaran a los toros en el camión de redilas al tablado de Homún, una llamada telefónica advirtió a don Pérez Sosa de que la verga, el destino, la hora o la pinche mala leche de los vaqueritos cobardones, ya afilaba el plan de muerte contra el astado: “una persona habló a la casa para prevenirnos, pero como se le dijo que era difícil llevarlo porque cojeaba de una pata, ya no dijo nada hasta después de los hechos”.

“Después de los hechos”. Hechos espantables, airados por haber sido realizados con suma cobardía, sin ningún sentido de la piedad cristiana, esa piedad que movió a San Francisco de Asís a llamar hermanos al lobo silvestre y a los animales del bosque. La muerte del Sinaloense, para mí, fue un hecho amoral, y en la que, sin ser Hemingway, sólo puedo decir una cosa: no estoy en contra de la corrida de toros, que no intento denigrar, ni de las fiestas salvajes del pueblo, que no intento comprender, pero al ver por DVD pirata (y no se cual es el original) los últimos estertores del “toro asesino”, sentí que era partícipe de una acción, amoral para mí, porque durante el tiempo en el que observé la agonía del toro, me sentí muy, pero muy mal, y tuve el sentimiento de que lo que se realizaba ni era fiesta sin consecuencias teológicas, ni arte, ni mucho menos tragedia escenificando la vida y la muerte: era, eso sí, un atroz e impune asesinato, agravado porque sus cuatro asesinos que lo ahorcaron se supone que cuentan con razón, que no se mueven como autómatas, por instinto, como el Sinaloense; y que, como bien dijo don Pérez Sosa, “los vaqueros que entraban a lazarlo sabían a lo que (se) exponían”, que a “nadie se le obligaba a participar”.

Pero los cobardes, esos cuatro canallas que se observa en la filmación de la muerte del Sinaloense, no querían exponer ya más el pellejo de sus parturientos equinos, la sentencia era inamovible. Me pregunto ¿Quién resultó en realidad el asesino? Porque es fácil prever que el animal, en un estado de fiebre producido por la adrenalina, mataba a caballos por instinto, al calor de su cuerpo primitivo. Pero esos cuatro asesinos, como se aprecia en el video, actuaron con fría humanidad: sin compasión, con un amarre tipo “cochino”, que aprieta y no afloja, los vaqueros, viendo al toro mordiendo el polvo, picaban con sus espuelas a sus monturas y las hacían retroceder en direcciones contrarias al cuello de la bestia moribunda. Sin escuchar los gritos de los curadores del astado y de la concurrencia, como autómatas, podría decirse que por instinto asesino, los vaqueros no cedían a los ruegos para que soltaran a la bestia. Me pregunto: ¿Quién es en realidad el asesino, el instinto o la razón?

Posterior de su muerte, el Sinaloense -bautizado así por el hecho de que, al salir al ruedo, la canción del mismo nombre lo acompañaba en su faena de carcomer el vientre de cuanto caballo le pusieran a su alcance- fue destazado, y su carne regalada entre los moradores de Cacalchén. Seguramente ha de haber salido de a poca el chocolomo que hicieron con sus restos. Yo no sé, no lo probé. Me limité a comer las criadillas, y al día siguiente sentí una furia asesina, difícil todavía de controlar.

viernes, 18 de julio de 2008

Los que matan y asolan a los macondianos

¿Quiénes “matan y asolan” en Colombia? Además de la desmigajada FARC y las carretadas de dinero corrupto de sus primos los narcos, el no menos terrorista ELN, el fascismo de los Para y, desde luego, el Ejército colombiano, matan y asolan a Colombia el hambre de los macondianos que chapalean su inanición en las riberas del Magdalena (no en el frío de los “cachacos”), la inflación de los panes y pescaditos en la cada vez más exigua mesa de los Buendía, y la sordera mágico realista de la terrateniente oligarquía…Por supuesto que la doctrina antropofágica de las FARC no se estructura ni en libres mercados ni en socialdemocracias templadas, menos en democracias políticas: es el más selvático, agrario y pedestre marxismo leninismo cruzado con rememoraciones a un Bolívar precursor de Marx.
Perdido en el trópico del desamparo generacional posterior a la muerte bruta del bloque comunista, y de ahí su soledad histórica frente a la inmensa mayoría de los colombianos que creen que no con catecismos de color sepia y otras chaladecez prosóviets se resolverá la situación de violencia y pobreza del país de los macondianos, las FARC han sacado de su estuche de monerías su pragmatismo guerrillero: Cano, un antropólogo loco enamorado del olor picante de la pólvora, hubo de haber recordado una de sus clases de etnología salvaje, hubo de haber reinterpretado el concepto del potlach para el hoy cadáver Tirofijo, para poner a Bolívar entre la barba de Marx y la calvicie de Lenin.
Marxismo-leninismo + bolivarianismo + terrorismo + homicidios y secuestros a granel más narcotráfico capitalista, he ahí la estructura organizativa de las FARC, aunque el experto en el tema, Marco Palacios, en reciente colaboración para Letras Libres, indica que, siendo las FARC una agrupación antifanática de las modas (no es indigenista, siendo el indigenismo, posterior al EZLN, lo más chic en las pasarelas revolucionarias del primer mundo), su estilo no ha cambiado demasiado desde los sesenta. Un estilo agrario, campesino: “El estilo campesino de las FARC, ajeno a los romanticismos, se mantiene con la tenacidad, la autosuficiencia, el patriarcalismo y el pragmatismo como valores centrales. Por eso no debe extrañar que, entre las nuevas generaciones de la Colombia urbana, los farianos sean vistos con desdén e ironía por su arrogancia y su violencia prolija y sombría” (Las FARC y la paz en Colombia, LL, julio de 2008).
De ahí el desfase histórico y generacional de un grupo autista que no reconoce la incapacidad del romanticismo guerrillero para borrar diferencias sociales e inaugurar el reino de San Guevara en la tierra (tierra, no se olvide, minada por minas quiebrapatas, irrigada por la sangre derramada de los civiles). El dato histórico nos indica la pudrición de la economía nicaragüense, cubana y ahora venezolana a pesar de los petrodólares, si se confronta con la inteligente vía chilena a la izquierda democrática.
Lo que urge, en primer lugar, es la solución al conflicto armado (tanto con los capos como con los farianos), para asegurar la economía colombiana, que con Uribe ha visto la aurea mediocritas.
Mientras tanto, hoy en el portal de Internet de El País aparece una fotografía de un homúnculo de alrededor de 1.60 que le calculo frisando los cuarenta y tantos años, vestido con camiseta blanca y pants negros de ejercicio. Va escoltado por dos militares colombianos y ostenta un mostacho de fumador taquicárdico. No se ve peligroso pero ha sido el más famoso carcelero de la historia de infamias latinoamericanas. En la expresión de su rostro no se visibiliza nada, salvo la nada que los asesinos sienten cada vez que se acuerdan de los exterminios realizados a sus jurados enemigos de clase. El nombre del escoltado es Gerardo Antonio Aguilar, alias el “César, quien junto con Alexander Farfán Suárez, apodado Enrique Gafas, fue detenido cuando la “Operación Jaque” -“Fénix” o lo que diablos sea- liberó a Betancourt y a otros catorce rehenes. Las FARC han tachado de “despreciables” traidores a César y a Gafas, y desde diversos puntos ideológicos han llovido epítetos contra el honor de estos machos de pelo en pecho guerrillero: judas, collones, rajones, vendidos al imperio, poco marxistas, sin madre, etcétera.
En voz de su abogado, César se defiende, y contumaz, a grito pelado niega el comunicado de las FARC, y niega el haber defeccionado: fiel como un perro enamorado de la perra más lasciva de la jauría; o masoquista, dolido en su amor mancillado por ese infame comunicado de las FARC dudando de su perruno corazón de esbirro, tras las celdas César aspira a que se le reconozca dos cosas: su fidelidad a la quien le da de palos (las FARC), y su olímpica estupidez, cuando dice que lo chamaquearon por una inteligencia militar superior a su selvática civilización: “El guerrillero sostuvo –leo en la nota de prensa- que ‘todo el mundo sabe que el rescate fue producto de una inteligencia militar sumamente avanzada’”.
La verdad, es que la tesis del señor Sheridan, similar a la que escribieran Cano y el Mono Jojoy, es muy explicativa y casi convincente, pero líneas arriba Carlos A. Carrillo ha recurrido al sentido común para modificar mi hipótesis de la defección de César y el Gafas: “Resulta, - escribe don Carlos- por demás, entendible, lógica, probable y creíble la versión FARCista acerca de la ‘traición’ de ‘César’ y ‘Enrique’, pues entre las opciones de vivir en libertad en la selva colombiana, con cierto nivel jerárquico y sin tener que esforzarse mucho para subsistir y la traición, resultaba mucho más conveniente e interesante -para los dos Judas- ésta última”.
Maticemos: supongamos que el gavillero César, acostumbrado a mandar a la tropa, además de que rehúye al trabajo y que utiliza el sistema del patriarcado jerárquico para irla pasando huevoniando su práctica revolucionaria, además de eso es un reverendo estúpido con un coeficiente de macaco al suponer que existe inteligencia entre los militares: sólo los pendejo se dejan atrapar de esa burda manera.

martes, 15 de julio de 2008

Aforismos del humo

En el dominio de la poesía la verdad es múltiple, trascendente.

La poesía es la única forma valedera a todo lo humano, es la realidad visible de lo invisiblemente contradictorio: la inteligencia puesta al día por sus conciudadanos.

El hombre sólo puede expresar sus desarraigos, o lo que es peor, sus envilecimientos corporales, lingüísticos.

Se expresa un leve sentido por imposible que parezca, aunque es cierto que lo más profundo es inexistente: estamos inmersos en la apariencia cotidiana de las cosas vulnerables. De ahí que escribamos para aprehender las fugaces bellezas.

El pensamiento sistemático es lo más aburrido que existe, por eso la poesía y Nietzsche no aburren.

Conocer es un acto puro de barbarie.

La naturaleza no conoce. En realidad solo el poeta conoce, pero su conocimiento es irreductible a otro cognoscente. Cuanto más, el lector de poesía solo busca la atonalidad, la consonancia, o un ritmo que lo seduzca o lo acalle.

El tiempo es uno de los atributos del hombre, aunque lo trágico venga del movimiento del tiempo. La verdadera poesía no es tiempo.

Dios está fuera del tiempo, es un concepto irreal. Dios es un poeta que, cuando se le ocurre lanzar una metáfora construye un mundo o manda a la chingada a los hombres

Se conoce contra los prejuicios, al conocer violentamos nuestra naturaleza. Los prejuicios del poeta deben ser transfigurados por el filtro de la métrica.

Lo más inhumano en el hombre sólo es posible de explicar con una única razón: su chaladez estriba sobre el cuerpo de una ideología o de una mujer. El poema es un monstruo que da cabida a estos dos movimientos del alma.

Las prostitutas seducen por el hecho de estar más cerca de la irracionalidad creadora de los poetas. Mesalina, a su modo, fue un poeta del rango de Safo.

Una mujer hermosa sin tapujos que se va a la cama con cualquiera es más casta que una mojigata: es un producto más allá de la humilde naturaleza de una santa. La evolución natural la ha llevado al pináculo de las especies: debajo de sus caderas todos los hombres –incluido el poeta –se arrodillan a su violenta naturaleza.

El lenguaje de un hombre es lo único que aborrezco.

Un orgasmo femenino es mejor que escribir un soneto surrealista.

En la actualidad, el espíritu heroico colinda con lo anacrónico y lo cursi. El bardo andante es un simulacro de hombre.

Dios no pudo haber creado al hombre, es decir, Dios no pudo haber creado una poesía tan simple.

Dios no debió haber creado al hombre, es decir, Dios no debió haber creado el arte que se contradice.

La tarjeta de crédito, el celular y la Internet han desplazado a la cruz.

Yo estoy condenado al ascetismo…por hoy.

Todos los hombres se odian naturalmente los unos a los otros. Hobbes pensó en mayor profundidad que Jesús, de ahí que su filosofía me seduzca en demasía.

Hacer un análisis retrospectivo de la vida del otro es como entrar en un sueño e interpretarlo con los usos insulsos de la lógica de siempre…

Un chandala o un nihilista melancólico como el que esto suscribe, excluido voluntaria o involuntariamente del género humano, no se atreve, no por comodidad sino por aburrimiento, a tomar partido o a crear su ideología para confrontarse en la lucha de clases

Mis semi-silencios me acompañan

El principio de identidad es nacionalista

Tuvieron que pasar más de 2,500 años para que Helena de Troya reencarnara en el cuerpo de Violeta. Es una pena que yo no sea ni siquiera el perro de Paris…

Lo primero que se me ocurre para reconciliarme con la humanidad es la destrucción por bomba atómica de mi pueblo

El espíritu en su cordura se disgrega en la carne

Espero que algún día triunfe el comunismo y que tú no seas más la propiedad privada de tu cónyuge.

El ala reptílica de mi cerebro enamorado.

Civilizados ¿por quién? Es mejor decir: Amaestrados, y preguntarse: ¿por cuál domador?

La Jergafasia de los filósofos, la idiotez semántica del pensamiento puro. Yo creo muy profundamente en lo que dijera Wittgeinstein: “Acerca de lo que uno no puede hablar, debe uno callar.” Se hipostasia la inteligencia con la verborrea indiscriminada de palabras nescafé. Eso dejadlo en manos de poetas herméticos.

El hombre ya no es un fin en si mismo. El hombre se ha devaluado. La mujer ya no quiere saber nada de él.

Sólo se globaliza la pobreza y la estupidez de occidente.

Ninguna guerra es justa, salvo la de primates.
La inteligencia es bella ¿Por qué no habría de serlo?

Toda heterodoxia deviene, a la vuelta de los días, en la más irracional ortodoxia. Toda revolución (festiva, heterodoxa) deviene en una revolución petrificada, cerrada, autista, homicida como la cubana.

Se globaliza la mierda, el aburrimiento, el hastío. ¿Acaso no sabemos globalizar otras cosas?

Creo que con el tiempo, todos mereceremos leer a Borges.

Escribir por ejemplo, un futuro libro que llevase por título: “El porvenir de una desilusión.”

La ambición es un exceso de vanidad. Nunca he entendido la vanidad de la ambición. Soy un pobre hombre que, en su simple reducto de vida, sólo es capaz de ambicionar el Nóbel.

Está bien así, dejen a la Razón sin Alma. No le pongan pesos muertos, vanas rémoras teológicas.

¿Por qué sigue viva la pasión atávica por destruir al otro? No sé, yo apenas voy por el degüellamiento de los Hunos, que en nada se parecen a las gentes decentes. Mañana haré patria, mataré mil chilangos.

El hombre es el único animal que se complica la vida: crea a la mujer de su costilla, le canta y le compone versitos, se angustia por que no lo aceptan, la deifica y, ya por último, sólo le produce aburrimiento. En definitiva, el hombre es el único animal que se complica la vida.

Nietzsche y se acabo la pinche filosofía.

miércoles, 25 de junio de 2008

El cadáver más viejo de Colombia


El pasado 26 de marzo se petateó uno de los grandes hitos de la historia universal de la infamia marxista que viera la luz en estas tierras tan desmadreadas de América: se trata de Manuel Marulanda “Tirofijo”, un chacal insaciable de sangre y carne colombiana que nunca dejó de ser el carnicero de Genoveva, Quindío, Colombia. Tenía 78 años cuando vino a la muerte desde el sumidero de las edades de la violencia colombiana que el Bogotazo iniciara. El tiro fijo de un cáncer certero lo mandó directo al reino del espanto, al reino de ultratumba, lugar donde seguramente lo esperaba Jack el Destripador de prostitutas londinenses; Pol-Pot el apilador de tibias y calaveras camboyanas; Hitler restregándose su lomo con jabones hechos con las grasas de seis millones de judíos; los distintos primeros ministros israelíes -¿ha muerto Sharon?- matando con morteros y tanques a niños, hombres, mujeres y viejos palestinos indefensos o armados con piedras para defender sus frágiles posiciones terrestres, la poca tierra que les queda; todos los presidentes priístas que gracias a Dios han muerto; el pederasta padre Maciel y algunos de sus curas sodomitas; Pinochet y sus estadios de fútbol ominosamente rememorando las fiestas orgiásticas de muerte del Coliseo Romano de los Césares; Castro (no ha muerto ese cadáver, pero imaginemos que sí para nuestra salud mental) pudriendo o matando en mazmorras húmedas e insalubres del Morro a los disidentes cubanos que piden no revoluciones de terciopelo -que se hacen eternas porque el dictador no se atreve a morir- sino revoluciones democráticas de inmediato, sin plazos hermanísticos.
Murió Tirofijo, y la bella y des-Chávez-tada Lucía Moret anda inconsolable sonándose los mocos de su aflicción totalitaria. No llorés mi niña Moret, que ogros como ese, para nuestro mal mamacita, abundan en estas tierras contaminadas de Utopía.
Buscaba la paz, dicen burdamente los adláteres del chacal que desangró a Colombia. Los caminos del socialismo y del hombre nuevo, argüirá uno de esos idiotas que omiten la dialéctica de la historia y que abundan como la peste en las catacumbas de Filosofía de la UNAM, no se hacen con flores ni ternezas. Ya lo dijo Marx, la violencia partera, etc., de la historia, etc. Y uno se pregunta, ¿en cuanto ascienden las estadísticas de muerte que arrojó los cuarenta años de “lucha revolucionaria” de este carnicero que en su vida de lecturas reposadas del Des Kapital y fiestas de las balas no comprendió que su utopía militarista me valdría madres si no me da para tragar, si me es improductiva, si desencadena nuevas y más explosivas violencias, si crea por ondas expansivas de pólvora grupos de autodefensa –los llamados paramilitares- de la oligarquía terrateniente y de los propios narcos que no toleran la “coexistencia pacífica” con las huestes de Tirofijo, para no pagar el impuesto sobre cultivos de coca, pistas de aterrizaje clandestinas y laboratorios de procesamiento; el llamado “Gramaje”? siendo el secuestro y la extorsión la “herramienta” de los grupos militares de izquierda para recaudar fondos a su “causa revolucionaria”, recordemos cómo los hermanos Fidel y Carlos Castaño -, los creadores de un paramilitarismo incremente y sanguinario- por un secuestro de su padre por parte de las FARC que no pudieron pagar, y al saber de la muerte del viejo, pasaron de ser unos traficantes de esmeraldas y coca de segundo rango, a convertirse en el brazo armado de narcos y de la oligarquía terrateniente para perseguir, torturar y ajusticiar con brutal impiedad a la guerrilla y a la población civil sospechosa (es decir, inocente) de colaboración con la guerrilla de las FARC o el ELN:
En 1981, en el pueblo minero de Segovia, las FARC secuestraron al padre de Fidel Castaño, un traficante de segunda que se dedicaba al contrabando de drogas y de esmeraldas. Ese crimen tendría la más fatídica consecuencia”.
En efecto, las consecuencias fueron el incremento sustancioso y brutal de la violencia colombiana, inserta la sociedad entera en una novela negra donde lo que menos se pensaba era la esperanza de la paz:

Según cuentan Fidel y su hermano menor Carlos, los guerrilleros —viejos conocidos de los Castaño— exigieron un rescate que excedía por mucho la capacidad económica de la familia. Los hermanos ofrecieron lo que estaba dentro de sus posibilidades. La guerrilla no aceptó. En lo que Carlos luego calificaría de ‘error’, Fidel les envió a los secuestradores una carta en la que afirmaba que, en caso de que la familia lograra reunir una suma de dinero mayor a la ofrecida, ‘sería exclusivamente para luchar contra ustedes’. Fidel alguna vez contó que, en el cautiverio, su padre, que llevaba días atado a un árbol, se dio de golpes con la cabeza contra el tronco hasta perder el conocimiento, y que los guerrilleros "lo dejaron morir" así, al parecer de un ataque cardiaco. En su relato impreso, Carlos cuenta que los de las FARC mataron directamente a su padre cuando la familia no logró reunir el dinero del rescate.
Hoy en día ese tipo de detalles le importan a mucha gente, las FARC incluidas, porque, según un sobreviviente al que entrevisté en 1989, en 1983 un grupo de hombres comandados por Fidel Castaño pasó como guadaña por los pueblos cercanos a Segovia, donde Castaño dedujo que habían mantenido cautivo a su padre. Arrancaron a bebés de brazos de sus madres y los mataron a tiros; clavaron un niño a una puerta, empalaron a un hombre en un poste de bambú y descuartizaron a una mujer a machetazos. Hubo 22 muertos. Fue la primera masacre de tales dimensiones en Colombia desde los tiempos de La Violencia: la brutal guerra civil que se desató entre 1945 y 1965.


Fue también el inicio de una serie de matanzas que desde entonces le han costado la vida a miles de hombres y mujeres en pueblos que, supuestamente, brindan refugio a la guerrilla. Antes de morir en combate hace algunos años, Fidel Castaño organizó a su gente y a otros grupos aliados en las llamadas Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, o ACCU. Lo sucedió Carlos, su hermano menor, quien transformó la alianza en un grupo armado en extremo eficiente que, a su vez, hizo un pacto con otras agrupaciones similares a lo largo del país, creando las Autodefensas Unidas de Colombia. En una entrevista televisada que se transmitió hace poco, Carlos Castaño aduce que su asociación cuenta ya con 11,200 integrantes. La cifra real se calcula en la mitad, pero no es difícil creerles a los líderes de las Autodefensas cuando afirman que les gustaría que los números crecieran más despacio, porque, a pesar de que cada día hay más guerrilleros y más de sus simpatizantes por exterminar, no es fácil controlar a tal cantidad de voluntarios”[1].


Derecha, paramilitares, FARC, ELN, en nada se diferencian si de formar un orden neoliberal o socialista yuxtapuesto sobre pilas y pilas de cadáveres se refiere; o sobre ingenuidades burguesas de tontas inútiles como en el caso de la bella Moret. Al fin y al cabo, sus medios violentos para perseguir sus objetivos las emparenta y rubrica como grupos terroristas: no es el fin, sino los medios violentos para calificarlos como terroristas, ¿y cuáles son los medios implementados por las FARC? Apuleyo Mendoza nos da unos ejemplos:

“De los hechos típicamente terroristas de la guerrilla atraparía a vuelo de pájaro algunos muy indicativos. Por ejemplo: a una pobre campesina, llamada Ana Elvia Cortés, dueña de media docena de vacas, recaudadores de impuestos de las FARC le colocaron en mayo de 1999 un collar bomba para obligarla a pagarles la suma que le habían fijado. La mujer anduvo varias horas con el collar en el cuello ante la impotencia de vecinos, policías y fotógrafos. Finalmente perdió la vida cuando estalló el explosivo. El macabro recurso utilizado por la guerrilla tenía como propósito hacer saber a los campesinos de la región lo que podía ocurrirles si no pagaban su respectivo tributo. Una vez más, el terror como arma de extorsión.
Si hechos como éste no bastaran para identificar como terroristas a las FARC y al ELN, podrían citarse las bombas colocadas en el piso 39 de un lujoso hotel de Bogotá, los coches bomba en diversas ciudades del país, el asesinato de tres indigenistas americanos ordenado por un frente de las FARC o el fusilamiento de tres misioneros de la misma nacionalidad después de veintinueve meses de cautiverio, los catorce atentados contra el entonces candidato y ahora presidente de la República Álvaro Uribe Vélez, el secuestro de niños menores de diez años de edad en los autobuses escolares, el de los feligreses de una iglesia en Cali o de los pasajeros de un avión de Avianca que volaba de Bucaramanga a Bogotá, los atentados dinamiteros a oleoductos y torres de energía eléctrica, la matanza perpetrada en la población de Bojayá, el 4 de mayo de este año, cuando la iglesia donde se habían refugiado sus aterrorizados pobladores, ante un ataque de las FARC, fue pulverizada con un cilindro de gas repleto de dinamita ocasionando la muerte de 114 personas, de las cuales 43 eran niños”[2].

Pero bueno, ha muerto el “asesino desinteresado” Manuel Marulanda Tirofijo, y tal vez un juglar de la sabana colombiana aficionado a Borges, escribiría los siguientes versos al rasgueo de la guitarra, cuando la tarde cae con las sombras de la noche:

Traiga cuentos la guitarra
De cuando Tirofijo guerreaba,
Cuentos de minas y de muertes humanas,
De paramilitares y narcos,
Cuentos del Medellín sangrante
Y del camino del espanto.


El sicofante del presidente nicaragüense Daniel Ortega, el alguna vez guerrillero católico de la Nicaragua bellamente violenta, y hoy zombi nomás movido por el virus chavista de los petrodólares, desde los abismos esquizofrénicos de una izquierda ingenua y paleolítica, ha hecho la esquela-semblanza del cadáver más tirano de Colombia: “Fue un gran hombre, honesto, sencillo y valiente. Desde hace más de 10 años buscaba caminos de paz en Colombia. Estaba dispuesto a entrar en un proceso conveniente y justo, que incluyera el intercambio de presos de ambas partes, pero en Colombia hay una oligarquía pro imperialista que no quiere la paz”. (Vean sección internacional del Diario de Yucatán del lunes 26 de mayo). No sé bien a bien cuales son los parámetros para medir la grandeza de los hombres que tiene el señor Ortega en su caletre, pero me los imagino:
1.- Tirar certero una bomba contra civiles no combatientes y salir después con el pretexto de que se trató de “errores” de combate, como es el caso de la masacre de Bojayá, (4 de mayo de 2002) donde 110 colombianos –niños, viejos, mujeres, aclaro que las huestes del carnicero no clasifican a sus víctimas, son simples estadísticas contabilizables, muertes inútiles para la consecución del poder- que se encontraban en una Iglesia en día domingo, perdieron la vida. Mal día para rezar: Dios no se encontraba para ellos cuando paramilitares, según informes de la ONU, buscaron refugio en la iglesia de Bojayá para escudarse de las FARC. Las FARC tiraron la bomba, y posteriormente reconocieron este acto criminal como un “error” solamente. No sólo a indígenas matan rezando, y no solo priístas matan de esa forma.
2.- Tachonar de minas anti-personas (los colombianos las adjetivan siniestramente como “quiebrahuesos”) el suelo de Colombia donde se concentran las huestes de las FARC -desde 1998, con Andrés Pastrana en la presidencia, una “zona desmilitarizada” de 42,000 km2 (casi la extensión total de, con los municipios colombianos de Meseta, La Uribe, La Macarena, Villahermosa y San Vicente del Caguán controlados por el poder de las armas de las FARC-, Human Rights Watch ha denunciado el reclutamiento de menores de 10 o 12 años de edad, sin que burgueses como la Moret protesten por esa opresión de la izquierda paleolítica. Sobre estas concesiones de tierra efectuadas por el gobierno del “Mago del mundo virtual, Plinio Apuleyo Mendoza señala los trágicos efectos: “Pero la realidad acaba derrotando los juegos de imagen. Tres años y medio después de iniciado el mal llamado proceso de paz, los hechos típicamente terroristas de las FARC obligaron al presidente colombiano a darlo por cancelado. De la paz jamás hubo ningún atisbo. Al contrario, nunca ha sido más catastrófica y sangrienta la situación de Colombia. Las cifras lo dicen: treinta mil asesinatos y tres mil secuestros por año, y dos millones de desplazados. La guerrilla ha aumentado en un 35% sus efectivos y ha engrosado considerablemente su armamento, gracias a diez mil fusiles recibidos de Jordania por conducto del siniestro Vladimir Montesinos, que los hizo llegar a las FARC mediante el pago de una suma millonaria. En la vasta zona de despeje, ya cancelada, se duplicó la siembra, procesamiento y exportación de coca. También se convirtió en campo de concentración de secuestrados, lugar donde se negociaban y pagaban los rescates y donde se promulgaron leyes de la guerrilla, como la Ley 002 del Caguán, según la cual se exige a toda empresa o persona con un patrimonio de un millón de dólares o más pagar un 10% a las FARC, so pena de retención (secuestro) o acción terrorista contra sus bienes.
a) Irse directo contra la población no combatiente, la población civil, envenenado un acueducto en el departamento de Huila, días antes de que se cancelara en 2002 la enésima negociación de paz entre las huestes del carnicero Tirofijo y el no menos enfermo gobierno derechista, pero legítimamente constituido por medio del voto popular, de Colombia.
b) La grandeza de un hombre, según Ortega estribaría en qué tan cobarde eres con las damas (yo, confieso, a Moret la llevaría al cielo meridano a cantarle “Peregrina” y recitarle los Veinte poemas de Neruda, etc., etc.): la verdad, no es de caballeros, y menos de grandes hombres, lo que le hicieron a Ingrid Betancourt: cuando se encontraba en campaña por la presidencia de Colombia, la valentía o tal vez la candidez de Ingrid la impelió a ir a dialogar con los insurgentes. Estos no lo pensaron dos veces, y pues decidieron secuestrarla, poniéndole desde el primer momento los grilletes de la cobardía, explicitando con esto el esclavismo que sufren diversos sectores de la población colombiana secuestrados por la guerrilla del por fin ya cadáver, el carnicero Tirofijo: desde terratenientes, comerciantes, campesinos, empresarios, turistas, niños, políticos, militares y policías; de entre éstos últimos, algunos tienen más de 11 años de cautiverio en la selva, con condiciones infrahumanas de existencia. Me pregunto, ¿estas son las “propuestas de paz” de las FARC que quería conocer Lucía Moret? Su dicho, sobre las “propuestas de paz” de las FARC, es un insulto a la vida o al recuerdo de los innumerables muertos, bombardeados, mutilados por minas anti personas, secuestrados en las soledades infernales de las selva húmedas de la Amazonía colombiana. Más que insulto, una idiotez.
c) El gran hombre sería, según la visión más ignara y cavernaria de cierta izquierda paleolítica que bebe de los pedos de los petrodólares salidos del palacio de Miraflores, un súper empresario del narcotráfico: no Pablo Escobar fue el gran capo del narco en Colombia, sino Tirofijo. Reticentes en un primer momento a participar de las bondades de la coca, ya a principios de los años ochenta las “zonas libres” de las garras del Imperio que administraban las balas irascibles de las huestes de Marulanda, le entraron al desmadre y a la cosecha de la coca: primero con el llamado “Gramaje”, es decir, el impuesto sobre los cultivos ilícitos, aplicable en un primer punto a campesinos guerrilleros. Posteriormente vendrían los nexos con los carteles de la droga de Medellín y Cali para que estos tuvieran el salvoconducto para sus pistas de aterrizaje clandestinas, además de la instalación de sus laboratorios para el proceso de la fina. Según la Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF) del ministerio de Hacienda de Colombia, en 2003 este gramaje significó a las FARC $ 600 millones de dólares para su financiamiento. No obstante esa cantidad, la mayor suma para sus “gastos de guerra” y seducción –quise decir concientización- a las muchachas ingenuas como la Moret, provienen de los secuestros y las extorsiones a la población civil.

Esos serían, más o menos, los parámetros con que el cacaseno de Daniel Ortega calcula la grandeza de los hombres. Ante eso, solamente nos queda recordarle lo que dijera León Felipe sobre la poesía: “Poesía es transformar una bacía de barbero en un yelmo de Mambrino”, decía el poeta. Ortega podría suscribir ese dicho, pero con la inmensa diferencia de que Ortega no ha hecho poesía: ha dicho, eso sí, una soez mentira, una banalidad idiotizante: “El crimen perfecto –diría Ortega-, la anti poesía perfecta es transformar a un carnicero asesino en un modelo de virtudes parecido a la castidad de mi abuela”.
Naciones Unidas, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, entre otros organismos internacionales, han incriminado a las FARC por violaciones al derecho internacional humanitario y al Protocolo II adicional a los Convenios de Ginebra, por los siguientes delitos: reclutamiento de menores, secuestro de civiles, toma de rehenes, desapariciones forzadas, actos de violencia sexual contra niñas, como violaciones y torturas, trato inhumano a rehenes, entre otros actos abominables.
No soslayo la brutalidad del Estado derechista en Colombia, que con Uribe se ha recrudecido desde 2002. Weber tal vez se hubiese equivocado al conceder monopólicamente la violencia al Estado. Los pacifistas bobos –no creo serlo- tal vez no se les justificaría al avalar la crudeza del gobierno colombiano para instaurar la paz en Colombia a como de lugar y cueste lo que cueste. Es posible que los objetivos de las FARC –el desarrollo de un proyecto revolucionario de carácter marxista-leninista para la Gran Colombia, que incluye la toma del poder por las armas para acabar con las desigualdades sociales, políticas y económicas que existen en Colombia, recobrando la “soberanía nacional” de las manos del Imperio- sean, en el fondo, pero muy en el fondo de las innumerables muertes, loables en cierto sentido por su irrealidad claustrofóbica, ahistórica.
Es posible que Uribe sea solamente un psicópata que se quiere vengar a como de lugar contra los asesinos de su padre. Es posible que el Estado de derecho, las leyes y la Constitución de Colombia, como dijera un literato del siglo XIX de cuyo nombre quiero pero no me acuerdo, se hizo para los ángeles pero no para los colombianos. Es posible que la Moret, pensándolo bien, sea no una chilanga ingenua, sino una Juana de Arco del siglo XXI. Es posible que Sheridan se equivoca y que a mi me remuerde la conciencia por haber confesado mi arrobamiento por esa chilanga que alza el puño izquierdo y ve detrás de sus anteojos a los distintos cerdos que chillan para ser parte de su piara.

Chetumal Quintana Roo, 27 de mayo de 2008.



[1] Guillermoprieto, Alma, “La otra guerra de Colombia”, Letras libres, agosto de 2001
[2] Apuleyo Mendoza, Plinio, “Las FARC, un enclave terrorista en Colombia”, Letras libres, México, septiembre de 2002.

Leyendo los periódicos

Leo las últimas notas periodísticas que aparecen en la prensa de la Península, y me aburre la monótona información que refiere, entre otras cosas y para no variar, de los vaivenes de la reforma energética, chingada –como debería de ser- por una izquierda distinta a la izquierda paleolítica de los amlistas (el análisis histórico-político de Lorenzo Meyer que tuve el gusto de escuchar y gravar en videocasete por la televisión del Congreso, lo considero lo más lúcido y acertado que se dio), de la polución del narco y la “virtual defenestración” que Cuauhtémoc Cárdenas –apoyado por una izquierda en desbandada- hiciera contra el rayito de esperanza, López Obrador. Julio Teissier, un fervoroso anti-peje, sobre esta posible reposición del ochentón Cárdenas en su partido que saliera del brutal fraude del 88, indicaba en su columna del sábado 21 de junio que el ganón sería en exclusiva el tlaxcalteca Ebrard (tlaxcalteca porque profetizo en este güerito traición a su jefe): “Pero el que saltó y se apoderó del resultado de la jugada fue…Marcelo Ebrard, el heredero de Andrés López en el gobierno de la ciudad, que se ha convertido en rival del tabasqueño con su clara aspiración a volverse en el candidato del PRD a la presidencia en las elecciones de 2012”. Yo creo que las apuestas por la Silla Grandota aún están verdes, y muchos saldríamos perdiendo en unas quinielas tan a destiempo…Recordemos que en el segundo año de Fox nadie daba un peso por el Generalito Calderón. El tiempo –que no perdona casi nada, salvo el olvido aclararía Borges- dirá quién de las manzanas podridas (el lúbrico Creel, el represor Peña Nieto, el salinista Ebrard o el mercurial, voluble y ya lejano Obrador) resiste mejor al óxido y los coletazos de la rupestre política nacional. Por lo pronto Ebrard tiene frente a su escritorio el pedote de las nueve muertes de jóvenes en la discoteca New’s Divine, que según el informe de la Secretaría de Seguridad Pública chilanga, murieron por asfixia cuando se dio la estampida. Por lo pronto el país se desangra en una guerra intestinal que un gobierno militar como el del Generalito Calderón moviliza contra el narco (aquí vale citar un comentario de un filósofo pescador de la bahía de Chetumal muy amigo mío: caen los charales, pero los peses gordos, los cetáceos, ¡ni madres! Ellos se encuentran en las aguas profundas de la élite política-económica). No se escatimará costos contra el narco, dicen los altos funcionarios de la derecha, salvo si en ellos entraran el respeto a los insulsos derechos humanos por parte del Ejército mexicano. Porque si de respetar a los derechos humanos, esto clarísimo que implican altos costos a un Ejército mexicano cuyo antecedente viene de la escuela del crimen del 68, se fragua en la guerra sucia y genocida de los años 70, y lo más reciente, son las pánicas noticias que nos vienen desde Chiapas de las incursiones armadas y con tanquetas que el Ejército de Calderón hiciera en municipios autónomos zapatistas de ese estado. En el norte del país hay muchos casos en que el Ejército mexicano es acusado de asolación a la población civil, so pretexto de expurgar sospechosos; señalado en asesinatos “accidentales” a personas en los anticonstitucionales retenes, en violaciones tumultuarias a prostitutas. El caso de la muerte de una anciana indígena en el estado de Veracruz –violada hasta más no poder por militares que hasta la fecha no reciben el peso de la ley, porque ésta, esta ley que invocan los bobos y los gánsters, ha sido siempre ligera, casquivana como una putilla que se vende por dinero-, a nadie le importa y a nadie le interesa, ya que, al fin de cuentas, ¿es importante la vida de una mujer en extrema pobreza, fantasmagórica para una élite racista como la élite que nos gobierna con las consignas del fascismo a lo Franco?
El ombudsman nacional, Soberanes, un cerdo que dice que los derechos humanos es objetivo único de su dependencia, junto con la plana mayor militar, el Generalito Calderón, el “español de pura bestia” Mouriño y la partidocracia que nos atosiga, han negado la ayuda gringa del Plan Mérida, invocando muy aguerridamente a la tan desprestigiada soberanía nacional (misma soberanía que, si de llevarse a cabo las reformas energéticas, y si entrara el capital gringo y español en Pemex, me daría en qué pensar la aparente contradicción de términos del gobierno del Generalito), porque, según la visión tan esquizofrénica de estos cerdos, indica que si los gringos piden cuentas al Ejército de sus operaciones de “policía” en tiempos de una sui géneris paz mexicana (por ese de que rueden cabezas de decapitados en discos y centros nocturnos), esto escupe con fragrancia nuestra huraña soberanía nacional. Denise Dresser lo ha sintetizado de esta forma:
“Felipe Calderón, y José Luis Soberanes, y Ruth Zavaleta, y Juan Camilo Mouriño, y Santiago Creel, y Ricardo García Cervantes, y Rosario Green y todos los que han empuñado las armas para defender el orgullo herido ante la supuesta agresión extranjera tienen algo en común: están peleando la guerra equivocada. Están buscando reclutas para una mala causa. Más que convocar a la defensa de un concepto abstracto y políticamente manipulable como lo es la soberanía, deberían abocarse a la defensa de mexicanos de carne y hueso. Más que rehusar condiciones para proteger los derechos humanos, deberían exigirlas. Porque el verdadero patriotismo nace de un sentido de responsabilidad colectiva y habrá que generarlo para que no haya más mujeres violadas por el Ejército, ni más hombres golpeados en los retenes, ni más jóvenes acribillados afuera de un Campo Militar, ni más ciudadanos víctimas del daño colateral, ni más crímenes sin castigo. Ésa es la guerra legítima que el país entero debe pelear. Ésa es la guerra necesaria que los mexicanos necesitan librar. Porque como lo escribió André Gide: “Los nacionalistas tienen odios anchos y amores angostos”. Y en cuanto a la protección de los derechos humanos, quizás convendría odiar menos a los estadounidenses y amar más a los mexicanos”.

El frente abierto contra el narco, tal parece que, por mientras, está perdido aunque se confisquen toneladas de coca y arsenales que causan un soponcio hasta al más refinado guerrillero (los gringos, sin buscar chivos expiatorios para exculpar a la criminal clase política, sí que tienen la culpa cuando ofertan, aparte de un “libre” mercado no tan claro como es el que se estructura en el TLCAN, un mercado negro gigantesco de armas de fuego que van desde simples pistolitas hasta morteros antitanques). Y otro frente que se abre –abierto tal vez desde el inicio de la era Fox cuando el “Zorro” mandilón le espetó al cuasi-cadáver Castro que se limitara a comer y se largara a su Cuba totalitaria- es el paso de indocumentados cubanos por territorio nacional, yendo por la anfractuosa geografía nacional como si fueran por el solar paterno…En Quintana Roo, específicamente la dependencia de Migración en la ciudad de los curvatos y de los burócratas siniestros, Chetumal, desde el año pasado el ex subdelegado de esa dependencia federal en el Puente Internacional de Subteniente López, denunció las sistemáticas corrupciones del hoy arraigado Diteo Domingo Domínguez y compinches, delegado en ese entonces de INM. Lo cierto es que esta Mafia Cubana, cuya matriz se encuentra en Miami –financiada por la fundación Mass Canosa y otros gánsters de cuello blanco- y con “delegaciones” en Mérida y Cancún-, moviliza un arsenal tecnológico –radares satélites, yates ultrasónicos, pasaportes falsos expedidos por ¿quién más sino Migración de Quintana Roo?-, troquelando enormes sumas de dólares con los “gusanos” que logra llegar a suelo gringo. Por supuesto, nadie resiste un cañonazo de 50,000 dólares, y mucho menos un funcionario de Migración corrupto. Por supuesto, allá está esa ley gringa de pies mojados abierta para todo hombre o mujer que no quiera estar en la Isla cuando Fidel decida morirse. Por supuesto, la pequeñita glasnost del alcohólico Raúl Castro –sin visos de cambios políticos hacia la democracia- no complace a los “gusanos” demócratas, y pos estos deciden largarse…El caso es que la dictadura antillana, involuntariamente, es el responsable directo de la red de traficantes de humanos.

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