jueves, 12 de septiembre de 2013

BECANCHÉN ANTES Y DESPUÉS DE 1847

La clave para desechar la tesis de la fiscalidad de Arturo Güémez Pineda sobre el origen de la guerra de castas, al menos para el sur de Yucatán, es el pueblo de Becanchén. Becanchén era uno de los pueblos más prometedores antes de 1847 por sus riquezas de suelos profundos -150 metros arriba del nivel del mar- y sus innumerables pozos y sus fuentes de agua que brotaban de las piedras. Tenía hasta un becan, palabra maya que significa canal o corriente (de ahí su nombre, Becanchén), y varios pozos que inundaban esta parte sureña de Yucatán, geográficamente hermanada con las ricas tierras de los Chenes, en lo que hoy es Campeche. En un lapso de 20 años, de 1820 a 1840, Becanchén fue colonizada por el capital tekaxeño y meridano, y la caña comenzó a devorar brazos y a devorar milpas. Una estampa del pueblo dado por el Registro Yucateco pocos años antes de la hecatombe de 1847, decía de Becanchén, entre otras cosas, que:
[…] y si este fue ahora veinte y cinco años un lugar solitario y silencioso, una montaña, mansión de animales feroces y carnívoros, en el día de hoy es una hermosa población que contiene seis mil habitantes. Tiene 3 alcaldes municipales, 8 juzgados de paz, sesenta y tres ranchos de propiedad particular entre los que hay pingües establecimientos, una multitud de rancherías y pequeñas poblaciones que se extienden al sur hasta las inmediaciones de Bacalar.
En un libro de denuncios de tierra anterior a 1847, se ve claramente el afán de crecimiento de los 63 ranchos cañeros que crecieron de la noche a la mañana. Becanchén era una zona fronteriza a la colonización yucateca, y entre los nuevos colonos criollos del lugar se dieron pugnas para liberarse de Tekax (los becancheños secundaron la rebelión de Santiago Imán), y tal vez debido a esto, en ese pueblo se concentraría el mayor número de combatientes después de 1847: los mayas se adiestraron en el arte de la guerra debido a las pugnas entre las élites regionales. La guerra de castas inició, y los ricos ranchos cañeros de la zona fueron completamente quemados, y el pueblo promisorio de Becanchén se convertiría en un desierto a la larga por ser uno de los puntos más cercanos a la territorialidad rebelde. El pueblo de Becanchén, cercano a Tzucacab, es importante en la historia del sur de Yucatán para entender los orígenes agrarios de la guerra de castas, porque fue uno de los pueblos que otorgó un buen número de rebeldes en una relación de abril de 1850 de los combatientes mayas que diera Leticia Reina en su libro Las rebeliones campesinas en México (el número era de 520), y aparecerá constantemente en los denuncios de tierra proporcionado por un libro de registros de la época.
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La guerra fue devastadora para Becanchén. Todavía para 1884 y 1892, se quiso comenzar a repoblar ese lugar mediante diversas formas. El 1 de abril de 1884, un decreto del gobierno daba unas exenciones a los individuos que se establecieran en el término de dos años después del decreto –con casa, familia, fomentando un establecimiento agrícola- en el abandonado pueblo de Becanchén, las cuales estribaban en que no pagarían contribución alguna durante seis años; y sus sirvientes no estarían obligados a la Guardia Nacional por los mismos seis años. El 9 de agosto de 1892, La Revista de Mérida publicó un curioso artículo denominado “Ciudades chinas. Repoblamiento de Ticum y Becanchén”. En ese artículo se leía que un ciudadano chino Kim Wing, pidió una concesión al gobernador para llevar a ciudadanos asiáticos para construir, sobre las ruinas del viejo asentamiento maya subsumido en las ruinas del pueblo yucateco con población blanca y mestiza anterior a 1847, una ciudad china en medio de la tupida selva del suelo feraz de Becanchén y Ticum. Kim Wing ofrecía, decía la nota, “comenzar sus trabajos de repoblación en el plazo de un año entretanto construye los edificios que han de habitar los colonos. Solicita permiso para distribución de las respectivas tierras entre los colonos y fundar templos chinos, jardines, huertas públicas, erigir monumentos, levantar mercados industriales al estilo chino”. Pedía, además, “que se le conceda permiso para comunicar con vías férreas estas nuevas poblaciones con todas las del partido”.
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Esta nota de La Revista de Mérida de 1892, es sintomática de la época que comenzaría para 1890 en la parte sur de Yucatán: con el declive de la montaña rebelde, y la confianza que daría la posibilidad de un Estado fuerte como el Porfiriano, el proceso de recapitalización en la zona crecería. El tren, que yo sepa, nunca llegó vía Decauville a Becanchén, y el actual Becanchén que conozco es todo, menos una ciudad china.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

¿UN PRESIDENTE PROMETEICO?: LAS MUERTES DE SALVADOR ALLENDE Y FELIPE CARRILLO PUERTO


A Salvador Allende, la reacción chilena teledigirida por Washington lo mató: un ejército completo comandado por Pinochet, eliminó a un solo hombre parapetado con su ametralladora, su casco y su traje de doctor de pueblo en el Palacio de la Moneda; aquel hombre que inspiraría a Gilbert Joseph a escribir sobre la vía yucateca al socialismo. Porque precisamente, antes de Allende, en Yucatán, un hombre de pueblo había obtenido el poder en forma dizque "democrática", y desde ahí, comenzaría a llevar a la práctica sus visiones socialistas plasmadas en congresos como el de Motul e Izamal: la reivindicación del proletariado maya, la entrega de tierras y los barruntos del “hombre nuevo”. A Carrillo Puerto, la reacción yucateca lo mató cobardemente, impunemente; y a Allende, su asesinato fue sintetizado de forma admirable por García Márquez en el discurso con el que el colombiano recibió el Nobel:
Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército [...]
Esta frase del aracateño, sin duda, es demoledora, aplastante por lo que tiene de cierto: en la América nuestra, en la América de nadie, los extremos se vuelven monstruosos, y no existen medianías. Ahora bien, el gesto último de Allende, ¿nos puede decir algo de una personalidad megalomaníaca, de una mente suicida que estaba convencida que podría con un ejército completo? Entiendo que las revoluciones, todas, al final se estancan, se petrifican, se pudren, les entra pus y la gangrena las acalla. A Allende no le dieron chance de demostrar su petrificación, su más que posible vicio de quedarse para siempre en el poder, como Castro, como Chávez, como los sátiros sandinistas y otras alimañas dictatoriales. A Carrillo Puerto, uno de los “mártires” y modelos de virtud del régimen priísta exculpado hasta por sus panegiristas de ayer y de mañana, no se dice que ejerció el poder de forma autoritaria, que gobernaba detrás de los mequetrefes como Berzunza y otros, que desde su partido socialista comenzó la vindicta pública y privada, que si bien fue un repartidor de tierras, al mismo tiempo ponía los andamios para que el régimen que iniciaría a partir de 1929 viera en él a un ejemplo claro de cómo gobernar mediante todo un sistema caciquil vertical. Estoy seguro que si se hubiera salvado de la muerte en 1924, Carrillo Puerto hubiera estado ahí bastante tiempo, y en vez de Bartolomé García Correa, el hombre fuerte del Maximato en Yucatán sería el hombre que secundó la candidatura presidencial de Elías Calles en Yucatán: nada más y nada menos que Carrillo Puerto.

EL SOCIALISMO CUBANO ES UNA PIZZA DE CONDONES

A propósito de un comentario de un amigo recordando a un balserito que dejó su encierro tropical cubano, que llegó a Quintana Roo, asentó sus reales en Chetumal, y comenzó a ser más papista que el Papa el conchudo hijueputa, señalé lo siguiente:
Uno que conoce a los cubanitos puede decir, sin empacho, que cuando salen de su encierro cubano, son más papistas que el papa, es decir: saliendo de su colectivismo, se vuelven los más capitalistas de los capitalistas, como aquel que ya se ha señalado, el modestísimo aquel, que en su isla del "encanto" comía sus deliciosas pizzas de condones que pepenaba en el malecón de La Habana, los cuales hurtaba a los gringos y europeos que hacían sus cochinadas con las mulatas culonas de allá los muy guarros. El cubanito era un tremendo granuja el conchadesumadre boquiflojo huevón. Pero hoy los tiempos han cambiado. Hoy el cubanito, gracias al entreguismo que cunde en esa Universidad de Quintan Roo, se ha convertido en todo un "profesor investigador" que viste bien, digiere y defeca bien, pues ya no come esos exotismos gastronómicos gracias al "socialismo y muerte", o a la "Cuba libre" realizada por ese portavoz de la "libertad" tropical, el sátrapa Castro.

martes, 10 de septiembre de 2013

Entre los pliegues de ese simulacro de vida

El secreto de que todo dure es persistir en el ser, dijo Spinoza recordado por Borges. Y yo pienso que el secreto de la amistad, o de otra cosa, radica en el hecho de que el que esté frente a ti sepas tú como va a actuar, como va a mover los dedos de sus manos. La amistad sólo se da por medio de fijezas, y a uno, estoy seguro, las personas les gustan porque siempre han sido según como el recuerdo, y no es una perogrullada decirlo así. En el “te conozco” va implícita toda una historia milenaria de relaciones sociales, desde que el hombre dejó de ser bestia. Con una persona tienes confianza porque sabes cómo reacciona, etc, porque según tu cuadrícula mental, reaccionará de esta manera, y se comportara de esta forma. Pero cuando una persona cambia de forma radical, da miedo, y genera un rechazo y una suspicacia. Yo conocí a alguien que un día, al levantarse, dejó de verse en el espejo. Todos sabían que ese alguien era reservada, se comportaba de esta forma; era, como dicen las muchachitas actuales, “muy tranquis". Un día ese alguien cambió: comenzó a ser más extrovertida, nos enseñaba partes de su vida que nunca supimos, o si sabíamos, era de oídas, tangencial. No iba a fiestas y se volvió mole de todas. No era platicadora, y nos bombardeaba con su cháchara diarreica. No bailaba, y hasta me dicen que hasta al tubo le entra ahora. Yo tuve miedo de esa mujer -porque es, irremediablemente, una mujer-, de ese cambio radical hecho en unas cuantas semanas. Medio mundo preguntó que qué le pasó. Yo supuse que algo se quebró dentro de ella, algo dijo click, algo fue el detonante para que esa parte atrancada de su personalidad comenzara a salir a contemplarla todas las mañanas de sus días. Siempre que la veo me pregunto si todavía está ahí, entre los pliegues de ese simulacro de vida.

En verdad, en verdad os digo

A priori, pido disculpas por mi sinceridad, pero lo diré:
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Pues ojalá, y en verdad lo digo, ojalá y algún día se acabe para siempre ese chancro bestial que se dice hijo de Dios el muy hijueputa, el muy prostituto; y si así fuera, su Dios, o sus dioses si fuéramos idólatras y nos andemos comiéndonos los corazones -aunque muchos, sobre todo los hippies, lo son, idólatras; y hay más de una hijueputa o un hijueputo que anda por ahí comiendo corazones-, serían unos dioses indecentes por haber creado a ese carnicero de la tierra, a ese sucio bípedo que habla, come, defeca, se enamora, sueña con la eternidad desde su porqueriza existencial, cuando no es más que un simple asesino de los animales con los que se atraganta todos los días en eso que llama, el muy granuja, arte culinario; a ese "civilizado" a base de tanta testosterona mezclada con sangre con la cual, desde el neolítico, o antes, desde el paleolítico, o cuando era mono y pensaba en sodomizar a su mona, ha manchado esa cosa que se llama historia con sus sueños de grandeza y sus inclinaciones de chacal. Chacal abyecto, deyecto...Ojalá, ojalá, y reojalá que algún día desaparezcamos como especie maldita creadores de Cristos locos y vírgenes infieles, o de huicholobos y kukulcanes maricones, y ruego todos los días que los rusos y los yanquis y los musulmanes, ya saquen de una vez por todas a esas bombas y ojivas y empiecen a quemarlo todo, empezando, desde luego, por el pueblo bárbaro de donde proviene mi radical misantropía.

lunes, 9 de septiembre de 2013

HISTORIA PERSONAL DE MI BRECHA DIGITAL


Hoy, al levantarme a las siete de la mañana hice, como todos los días, lo que siempre acostumbro hacer antes de comenzar el día: bañarme, hacer y beber mi café; y entre sorbo y sorbo de mi primera ración de cafeína, revisar los periódicos virtuales. Me sorprende una noticia que da el Diario de Yucatán, acerca de que Yucatán cumple 18 años con internet, siendo el Cinvestav Yucatán y la UADY las primeras instituciones en servirse de, para ese entonces, aquella nueva herramienta que vendría a cambiar casi todas las formas de convivencia del hombre –sociales, académicas, económicas, políticas y hasta amorosas.

Un reciente artículo que leí, de Luis Reygadas, hablaba sobre las desigualdades sociales del siglo XXI, y ponía como una de las variables para medir la desigualdad social, a la brecha digital. Apunto un interesante dato que señala Reygadas, porque tiene que ver con eso que Bourdieu habló del capital cultural y del capital económico:
La llamada brecha digital, que separa a quienes tienen acceso a las nuevas tecnologías de la información y quienes están desconectados de ellas, se forma casi siempre alrededor de antiguas fracturas sociales y económicas: son los grupos sociales privilegiados quienes se encuentran en mejores condiciones para apropiarse de los nuevos recursos, ya que cuentan con los capitales económico, social, político, educativo y cultural para hacerlo. En México los sectores de ingresos altos y mayor nivel educativo fueron los que tuvieron un acceso temprano a Internet, mientras que el resto de la población aún no lo tiene o se fue incorporando después, de manera lenta y con mayores dificultades (Reygadas, 2013: 290).
Reygadas apuntaba que, junto con el nivel de ingreso familiar, la escolaridad de los padres de familia era y es determinante para tener computadora en casa. En el año 2000, alrededor de la mitad de los hogares en los que el jefe de familia tenía estudios superiores había computadora (42.8% con licenciatura y 57.8% con postgrado), y la desigualdad se presentaba en los hogares en que el jefe de familia no tenía instrucción o sólo contaba con instrucción primaria: en ambos casos las computadoras eran inexistentes (0.5% para el primer caso, y 2.9% para el segundo caso).
Pues bien, dejemos el interesante trabajo de Reygadas, y pasemos a mi historia personal con las computadoras y mis escarceos con el Internet. Todo lo que dice Reygadas es cierto: en mi casa nunca hubo ninguna computadora –mi padre y mi madre no terminaron la primaria- hasta que dejé ahí la primera lap que me compré en 2007, ya que me había conseguido una segunda lap, una gringa, de marca Assus, que aunque funciona todavía a la perfección, ya no la utilizo porque trabajo con una tercera en una historia universal de un pueblo incivilizado. Es decir, Reygadas dijo algo tan evidente para mí: de 2007 a 20013, he pasado de una licenciatura a un doctorado, y en ese lapso he tenido 3 computadoras.

Me sorprende que la brecha digital se de en dos generaciones: mi sobrina utiliza con toda naturalidad la lap, ya que ella pertenece a una era distinta, muy distinta a hace 20 años. Yo, antes de 2007, no tenía ni correo, y no utilizaba para nada el internet sencillamente porque no tenía, como ya dije, computadora: la licenciatura me la pasé sin esa herramienta, y mi primera lap, recuerdo, me la compré trabajando en un periódico de la chingada de cuyo nombre no quisiera acordarme, aunque era un asiduo de cibercafés, y computadoras no me faltaban porque visitaba casi a diario la biblioteca pública de Chetumal, Javier Rojo Gómez. Me acuerdo que antes tenía una computadora viejísima, donado por una hermana: era de mesa, calentaba como un horno, y no duró mucho, ya que quedó ciega su pantalla.

Por cierto, que yo recuerde, en el año 2002 se abrió el primer "cibercafé" en mi pueblo, lo abrió un profesor que me dio clases en bachillerato, y a pesar de que los "cibers", desde entonces, han proliferado como hongos en mi pueblo, ese primer "ciber" (donde obviamente no ofertaban y no ofertan café) sigue funcionado, cosa que causa admiración, aunque yo no visito, actualmente, ningún ciber, así sea poniéndome un revolver en la sien. Como he dicho, mi correo electrónico es joven, tiene 6 años apenas, y en 6 años me he incorporado, como dice Reygadas, al Internet, aunque creo que no de forma lenta sino rápida: tengo este blog donde analizo las peripecias del mundo y sus anexas, y gracias a este esfuerzo de publicación virtual, he tratado de modificar mis magros conocimientos de “computación”. No sé nada, pero lo poco que sé lo aprendo rápido, aunque siempre diré que los libros, las bibliotecas y la lectura, son lo mío, mi mero mole; y no las fiebres de exquisitos que llegaron a Internet porque su padre académico, o su madre profesional. Mi padre nunca supo de esto, él era libresco como yo, y estoy convencidísimo que la desigualdad social no estriba solamente en la brecha digital sino, desde luego, en la brecha libresca. Puedo decir que en 10 años, esas dos brechas sociales han sido sustanciadas: tengo la biblioteca más importante del sur de Yucatán.

Fuentes:

Reygadas, Luis, “La desigualdad y su legitimación. México 2010”, en Leticia Reina y Ricardo Pérez Monfort (coordinadores), Fin de siglos ¿fin de ciclos?: 1810, 1910, 2010, México, Siglo XXI Editores, 2013, pp. 286-296.

“18 años de internet en Yucatán”, Diario de Yucatán, 9 de septiembre de 2013, en http://reportajes.insitu.mx/internet/index.html, visto el 9 de septiembre de 2013.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Sobre el “cronista vitalicio” de la ciudad de los Curvatos


El día de hoy, en un diálogo rápido con un joven historiador yucateco, coincidimos en que, para un historiador que se precie de serlo y que no conciba la vida sino trasegando los archivos, que alguien le diga "cronista" es peor que una mentada de madre: es una afrenta indigesta, un casus belli, un rompimiento de las hostilidades que merece ser subsanado a punta de puñetazos –coces y piquetes de ojos incluidos - para limpiar el honor manchado de ser comparados, por el vulgo ignaro, con esas lacras conservadoras (los cronistas), con esos hociqueantes de muladares que no salen de su “contexto” y piensan que están hablando del universo; a nosotros los estudiosos de Clío que tenemos, se supone, herramientas científicas en vez de alegatos memorísticos. 

El historiador trabaja con todas las herramientas proporcionadas por las ciencias sociales. El cronista vive entre álbumes fotográficos. El historiador abstrae y sintetiza momentos; el cronista dice y dice, y sigue diciendo sin saber lo que dice. El historiador inquiere las fuentes, trabaja la memoria, utiliza el dato fotográfico, el dato musical y no se queda con un solo documento. El cronista es, por lo general, un viejo profesor retirado que le falta el corset, la alquimia de la disciplina para que convierta su endeble calabaza en una carroza de taller historiográfico. No puedo pasar todo el día, enseñando las herramientas de la microhistoria: la microhistoria, la historia, es ciencia; la crónica mal entendida por los bellacos, sucesos que se encadenan, chismes de verdulera con ínfulas de socialité pueblerino.

El diálogo rápido que sostuve con el joven historiador, se debió a un pequeño comentario que hice sobre un cronista. Un "cronista vitalicio" de la ciudad de Chetumal: Ignacio Herrera Muñoz. Este cronista vitalicio puso ayer una queja en el muro de su Facebook, señalando su molestia de que el actual cabildo de Othón P. Blanco le quiera poner, o imponer, un “cronista bis”, o un segundo cronista que pudiera hacerle sombra al “cronista vitalicio”, Ignacio Herrera Muñoz. El cronista alegaba que, según disposiciones jurídicas que me aburre citar aquí, el cabildo está impedido de nombrar otro cronista vitalicio –cargo que se ejerce de manera honorífica- por la razón de que no existe la figura jurídica de “cronista bis”. En ese punto, démosle la razón a Herrera Muñoz: el cabildo chetumaleño no puede hacer nada, si antes no se reforma la Ley de los Municipios del Estado de Quintana Roo.

Ahora, expongamos nuestros pareceres contra esa figura jurídica del “cronista vitalicio”. No cabe duda que el actual cronista vitalicio de la ciudad de Chetumal tiene sus buenas migas políticas. Alegará tal vez su pedigrí “barriobravero”, o tal vez su ascendencia payobispense. Pero hay que ver actualmente las estadísticas: Chetumal es una ciudad de muchos migrantes, por tanto, alegar “nativismo” rupestre, es cosa “choteada”. Otra cosa que podríamos preguntar: aparte de sus reportajes en el Diario de Quintana Roo, ¿existe un libro del cronista escrito con tesón?, ¿cuáles son las funciones del cronista, además de preservar, conservar? Difundir, sin duda, es lo más importante, y en ese punto, tal vez el cronista actual salga bien parado: creo que tiene tres libros escritos a lo largo de...¿20 años? Pero no basta difundir por difundir. Considero que el actual cronista de Chetumal –en 8 años que viví en esa ciudad, fui su lector, sigo siendo su lector- debería primero ir aprender a leer y a escribir como Dios y la buena gramática manda, y acto seguido sentarse a escribir una crónica del siglo XX de Chetumal, con todo el mar de conocimientos que ha ido pepenando en más de 20 años: ¿por qué no nos cuenta sobre las tradiciones de antaño, sobre los mitos, sobre qué evocaba el río Hondo a los viejos payoobispenses, por qué no nos cuenta de innumerables cosas que guarda esa rica ciudad crecida entre manglares? Los honores intelectuales no se dan por medio de loas y ditirambos acríticos, sino acallando a sus malquerientes con trabajo impreso que no sea exclusivamente una hoja burocrática del Diario de Quintana Roo. Pero eso no es todo. Es urgente, necesario, que en sociedades supuestamente democráticas –y Chetumal, hipotéticamente lo es-, se deroguen las figuras jurídicas autoritarias y antidemocráticas de los “cronistas vitalicios”: también ellos deberían ser revalidados o no en sus cargos, según su producción. Y ojalá que esa ciudad de los Curvatos cuente a la de ya con dos o tres más cronistas con un mínimo de barniz historiográfico. 

En la Universidad de Quintana Roo se han formado buenos elementos de licenciados y licenciadas en humanidades -pienso en mi amigo, el historiador Celcar López Rivero- que podrían ampliar más la cobertura histórica de la crónica en ese estado. ¿Es posible eso, o la crónica en Chetumal seguirá por sus viejos cauces conservadores?

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