jueves, 12 de febrero de 2009

Evelio Tax Góngora: cronista y periodista


Por Fidelio Quintal Martín


Evelio Tax Góngora dio honor a su apellido maya, Tax que, en idioma maya significa plano y por extensión, firmeza, equilibrio, honorable; también honró a su pueblo escribiendo como un auténtico cronista sobre la vida que se desenvolvía en las comunidades campesinas de Yucatán, escribiendo un formidable libro de crónicas periodísticas. Fue un servicio a la cultura de valor sociológico en donde la vida social aparece como hechos articulados y acumulados de partes de la naturaleza que rodea al hombre y que demuestra el desarrollo de la historia en donde el hombre actúa como sujeto o ser social, aclara las peculiaridades del hombre en el medio en que vive. Esa cultura es la de que trata Tax Góngora, de esos pueblos, sus costumbres, dramas y tragedias de cada día.Pero Tax Góngora no paró ahí, también hace referencias del pasado, habla de la historia en forma narrativa, es un historiador al modo que dice don Luis González y González un famoso historiador de El Colegio de México; una historia hecha o dicha o escrita del modo común que se diferencia de la historia especializada, metodológica o académica conservando su naturaleza esencial de ser el conocimiento del presente, y pasado del hombre.Las características de la personalidad de Evelio Tax Góngora fueron entre otras las siguientes: fue un hombre sencillo, de hablar pausado, un pedagogo en el sentido de la palabra de ser un maestro de niños o de muchachos, poseía una habilidad en la enseñanza de la aritmética, laboró durante 50 años, lo que fue mucho tiempo para cansarlo. Como todo hombre al principio caminaba erguido, pero al final de su carrera o trayectoria de maestro andaba encorvado.En su lento caminar. No miraba en directo, si no con la cabeza ladeada, su llamada personalidad carismática no desapareció. Su carisma perduró por estar del lado del pueblo que es como debería de ser. De las crónicas que escribió, unas 68, más de la mitad, 35 de ellas se refieren a animales en sus relaciones con los humanos y las restantes, unas 28 se refieren a las cosas del mundo en donde participan los seres humanos en donde todo es ansiedad y tristeza y en donde abundan los fracasos y tragedias en una relación de causa y efecto en el seno de una sociedad, que en este caso es la misma sociedad yucateca vista por Evelio Tax Góngora.Evelio Tax Góngora fue una persona admirable, un humanista cultural, y aunque la comparación tiene sus bemoles y dimensiones, desiguales, tiene cierta semejanza con la novela El Gato Pardo del italiano Guiseppe Tomasi De Lampedusa, el personaje de una de las más grandes novelas del siglo XX, y de la literatura universal, de un testigo del final de una sociedad en sus costumbres y en sus formas de vida ante un incierto futuro. A diferencia del noble italiano, el maestro Tax Góngora es una persona que contempla el fin de la época de las costumbres del medio rural yucateco. Es un mensaje en que se sitúa al lado de la clase trabajadora en el que están los maestros trabajadores de la educación socialmente útil.A lo anterior, añadimos que el maestro Tax Góngora fue un periodista en el periodo de 1960 a 2009 desde las poblaciones de Espita, Cenotillo, Buctzotz, Acanceh, Dzitás, Tunkás, Dzoncahuich y Yaxcabá, poblaciones desde donde escribió sus crónicas, los lugares de la tierra yucateca, nuestra tierra en donde emergerá errante la vaga sombra del recuerdo de don Evelio Tax Góngora
Encontrado en el Por Esto, febrero 11 de 2009.

domingo, 8 de febrero de 2009

Nuevas características del reaccionario


Basura leninista, trotskista, maoísta, sandinista, fidelista, y ahora chavista, aves de todos los rumbos de la izquierda hemos sido alguna vez para sentirnos progres. Antes, reaccionario, decirle reaccionario a alguien, era catalogarlo como demócrata en vez de guerrillero, defensor de la libre empresa en vez de seguidor de las pautas económicas propuestas por Keynes o Robinson, práctico realista y poco entusiasta de las utopías absolutas ofrecedoras del reino de Dios en la tierra pero sin Dios, lector de “Vuelta” en vez de “Siempre”, mucho más fanático de los ensayos de política de Octavio Paz que de Eduardo Galeano, crítico de Castro y sus adláteres, más cerca de Washington que de Moscú, o, para acabarla, tentado por el bicho de la comodidad contra la incomodidad connatural de los obreros y el campesinado. Los auto denominados progres, a priori descartaban el raciocinio a los lectores Popperianos: “La derecha no necesita ideas, no le interesa discutir su proceder político”, afirmaba, eufórico, el autor de Terra Nostra (bien mirado, Carlos Fuentes es más derechista ahora que la jibia Monsiváis, ¿será por su chochez?).
Cuestiono: ¿qué se entiende por ser de derechas o de izquierdas? La díada derecha-izquierda, señala el maestro Bobbio, hoy más que nunca, con las crisis de las ideologías en esta "sociedad del espectáculo", se hace necesario reestructurarlas, re-teorizarlas y re-ejemplificarlas nuevamente. Porque, como bien escribe Bobbio en su introducción a la segunda edición de su libro “Derecha e izquierda”: “Ningún izquierdista puede negarse a admitir que la izquierda de hoy ya no es la de ayer”. Hoy, cuando el neblumo de las ideologías totalitarias, mas el cáncer de vista de sus efectos se han disipado –y espero que para siempre, cayéndose el muro de Berlín y con él los prejuicios de sociedades perfectas, que es distinto a la reforma social–, nos preguntamos: ¿Cuál de esos dos bandos irreconciliables en realidad fue el verdadero reaccionario? La respuesta es difícil y compleja: tanto los seguidores acríticos de las propuestas macroeconómicas del FMI y del Banco Mundial de comercio, los agitadores de la plebe denominados demagogos y populistas -Chavez subido en la cresta de su verborrea vacía-, los terroristas de ambos extremos, los etnicistas esencialistas, la mano que no es invisible de la economía (¡velay, señores, detenidamente unos momentos y comprobaréis las garras de los intereses financieros!), los viejos foquistas guevarianos, los loadores de las sociedades cerradas, los nauseabundos existencialistas subtropicales, los secuestradores de la Revolución y los creadores de ella; y, sobre todo, para el instante en que esto escribo, fanático, reaccionario e imbécil es el que aún se atreve a defender y hacerle el ditirambo al decrépito dictador asesino de Cuba que gobierna tras la silla en que asienta sus fofas fosaderas su alcohólico hermano. Alguien que tenga el mínimo de cordura y actitud ética, jamás soportaría a los hermanos Castro. A esos chochos simios ya nada se les cree, ni la muerte...

El Poder Negativo


¿Cuándo se inventó o descubrió el poder? ¿Cuándo fue, pues, el primer instante que el poder, esa caja de pandora, se gestó en las sociedades primitivas? ¿En qué momento, así como concibieron la primera herramienta o la primera arma a partir de un fémur, los seres humanos descubrieron la existencia del poder? En la Enciclopedia francesa de 1765 se lee: “El fundamento del poder es el consentimiento de los hombres reunidos en sociedad”. Hobbes había introducido ya en el Leviatán el matiz de que si, en efecto, los hombres se reúnen para trascender el miedo a la muerte propio del estado de naturaleza (un estado de guerra continua, anárquica) es para encontrar un poder capaz de imponerse a todos ellos: un poder común que los sujete. Tanto para Hobbes, como para los Enciclopedistas, el poder sólo es posible de darse, originarse en las sociedades políticas, en el que existe un pacto imaginario entre los hombres para no destruirse entre sí. Pero cuestionarse sobre el origen del poder y responderlo a la manera como lo hacen los contractualistas, no lo pienso como un gran logro políticamente hablando. La pregunta no sería por su origen. Doy por hecho la existencia del poder, de un poder rector, dominador, humanista (¿?), avasallante, totalitario, fascista, capitalista, aldeano. He ahí el poder en sí, es un factum que no me da la molestia de comprobar su existencia por medio de la retórica, ni siquiera de empirizarlo: es una obviedad constante. La pregunta, entonces, es la de por qué tengo yo que someterme a él, por qué tengo que respetar sus mandatos, en qué forma y fines no tengo derecho a cuestionarlo, y viceversa. Y cuando me hago esta pregunta, para mí la más valiosa, entro irrefrenablemente en las delimitaciones teóricas de la ética y la moral. La pregunta de por qué tengo que hacerme gacha o no la cabeza ante cualquier tipo de poder, implica a su vez inquirir el por qué del orden y la obediencia hacia los que nos dirigen. Para clarificar los conceptos de poder, dominación y disciplina, que en la mayoría de las veces se entremezclan en las discusiones cotidianas, citemos al imprescindible Weber. Del primero dijo que “significa la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aún contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad”. Todos queremos imponer nuestra voluntad en el mundo que vivimos, eso es lo que Schoppenhauer primero, y Nietzsche después, hablaron. Tiene poder el que impone sus dictados, sus pareceres, sus opiniones, sus caprichos: El padre, el sabio, el ideólogo, el caudillo, y a veces el escritor también, imponen sus voluntades desde diversos medios y herramientas. Aquí digamos que una de las características principales del poder, de todo poder, es la de que su arma principal es netamente intelectual: El poder, para legitimarse, convence, no vence. El poder seduce, no viola; el poder atrae, no fuerza; pero el poder absoluto –el poder desligado de la vigilancia del “Estado de derecho”, en estado silvestre- se interna, carnaliza, escarba y mina la axiología y las ideas del individuo, las caza y aprehende; no las extingue, las trasmuta a su parecer, a su conveniencia. El poder absoluto es absoluto no por la probabilidad de que nos aniquile –esa es otra de sus características, la más inhumana de sus características (que no irracional, por que su inhumanidad conlleva unos juicios previos, un razonamiento frío de aniquilamiento), la que el Estado impone a los que no logra seducir, convencer, enmudecer: “Captar al Estado –dijo Sciascia- a través de la imagen que ya obsesionaba a Maquiavelo: el poder centauro, medio hombre medio bestia. Lo que cambia de un autor a otro es la faz situada del lado de las clases: en unos es la faz del hombre, en otros la faz bestia…”-, sino por el hecho de que nos enmudezca.
“Es a veces un alivio poder expresarse a través de otro…” dijo Rossi, y quién si no Lichtemberg nos puede ayudar a expresarnos mejor para contradecir la sentencia de Lord Acto, quien dijo que “el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente…” “Un libro (léase poder) –dijo Lichtemberg- es un espejo: si se asoma un mono (léase gobernante), no puede ver reflejado a un apóstol. Carecemos de palabras para hablar de sabiduría con un estúpido. Ya es sabio quien entiende a un hombre sabio”. Es decir, si el individuo que intenta entrar en los dominios cerebrales del poder es un idiota, nadie espere que se entienda con el poder, pues el poder carecerá de palabras para hablar con él. Y el poder se extingue cuando los macacos llegan a sus umbrales, para dar paso a la vulgar dominación, que es la degradación del poder y el segundo rango para dirigir a las sociedades políticas según Weber. “Por dominación –dijo Weber- debe entenderse la probabilidad de encontrar obediencia a un mandato de determinado contenido entre personas dadas”. Esa “probabilidad de encontrar obediencia” entre las personas, se diferencia en mucho a la “probabilidad de imponer la propia voluntad” que lleva toda relación de poder. Ya dijimos que el verdadero poder se mueve entre la voluntad, las creencias y las ideas de los individuos. Estos razonan la obediencia al poder, interrogan por sus cualidades. Por el contrario, la característica principal de las relaciones de dominio es la violencia, la irracionalidad de los medios para imponer sus mandatos contra los individuos. Ellos, cuanto más, interrogarían las cuantidades de dominio que soportan. “Una asociación de dominación debe llamarse asociación política cuando y en la medida en que su existencia y la validez de sus ordenaciones, dentro de un ámbito geográfico determinado, estén garantizados de un modo continuo por la amenaza y aplicación de la fuerza física por parte de su cuadro administrativo”. Hay una amenaza, latente o explícita, y, por lo tanto, la violencia –que en el poder sólo se da en los que lo cuestionan, y así ya no sería poder sino devendría dominio para los disidentes- se agudiza, se hace ubicua. Prefiero denominar a las relaciones de dominio como relaciones autoritarias, por ser este concepto mejor entendible. Si bien es cierto que en esta relación autoritaria, el poder del Estado se patentiza aún más que en el poder absoluto, no menos cierto es decir, y por paradójico que suene, que en este punto hay más libertad entre los individuos, hay más uso en ellos de la razón. La tercera degradación de poder se refiere a la disciplina que existiría en las sociedades políticas: “el concepto de disciplina –otra vez Weber- encierra una obediencia habitual por parte de las masa sin resistencia ni crítica”. Aquí la sociedad se ha momificado. Hay una anomia social por no haber ningún rastro de resistencia como en las sociedades autoritarias, ni menos crítica como en las sociedades donde se cuestiona la bondad del poder. En las sociedades autoritarias, además de resistencia, hay crítica y disenso. El poder absoluto puede desembocar, o en los sistemas autoritarios, o en las férreas disciplinas de cuartel y prostíbulo. Hay un poder cuyo origen es pactado entre todos, que lleva ciertos valores reconocidos como buenos por toda la sociedad: ese poder es compartido, ese poder no es único. Hay otro poder, el negativo, el individual. De ese poder hemos hablado, de ese poder tenemos que exorcizarnos.

viernes, 6 de febrero de 2009

La veo volando

Fumar en paz contra el mundo
pero sabiendo
de antemano, con antelación,
que no existe esa quimera,
que no puede concebirse,
que es injusto y alevoso
todo intento de paz
que se consume leyendo los periódicos
No permitas, polvo del desaire,
que a oscuras el hombre se muera
en los calabozos de las ideologías
o en las salas de tortura de la CIA nuevamente.
Se la saeta, hambre de la indignación,
indignación del hambre,
no permitas que la insatisfacción
deje de tensarse combativa.
No hay paz, no debe haber paz.
Nuestros muertos están de pie
en acto combativo,
tened alistadas las armas
las imágenes y las palabras,
hacer que se enfurezca de hastío
la pinche luna de los enajenantes amoríos.

Ya es hora de rasgar el silencio unívoco,
el pensamiento único,
de tronchar fraseologías,
dejar con sus sueños de amor eterno
a las anémicas hermosas

Enfurecido
para ti los versos de la metralla del combatiente caído
y los versos de Minerva complaciente.
Avergonzado hombre,
anónimo de tanto no cumplirse
convocando fantasmas
sujetos de cambio histórico
y patrañas lóbulo-frontales
¿Dónde encontrarás el polen de la vida
sino en la violencia de la vida misma?

Hay que arar los campos,
cosechar la ternura que nos queda.
Nunca más la ridícula
apostasía bajo los cómplices
muros de la infertilidad consumista.
No más la obsesa,
la coyuntural y bestial,
la sufrida del hombre
bajo la negra noche de las almas derechistas.

¡Oh andantes quijotes izquierdistas!
hambrientos, tristes y rotosos de esperanza,
con toses inéditas entre las paredes pulmonares,
con libros apolillados y costumbres frugales,
corran la voz de que no es posible desilusionarse ,
no hay derecho de desilusionarse
Utopía llega, la veo volando.

lunes, 2 de febrero de 2009

Sobre la Justicia Social

Frei Betto escribió alguna vez, de las innumerables cosas valiosas salidas de su pluma, un atingente artículo de nombre “Mandamientos del consumismo”, del cual extraigo el siguiente párrafo, por ser una actitud ética indispensable en estos tiempos insolidarios del capitalismo naufragante (por eso de la caída en picada de la economía “pitiyanqui”, según la palabreja del mandril Chávez):
“Solo hay esperanza para quien crea que el diluvio neoliberal no es capaz de inundar todos los sueños e intente navegar, a pesar de que casi no sople el viento, en las alas de la solidaridad con los excluidos, de la lucha por la justicia, del cultivo de la ética, de la defensa de los derechos humanos y de la búsqueda incansable de un mundo sin fronteras también entre ricos y oprimidos…” Esto último, dice Betto, “exige mucha fe y cierta dosis de valentía”.

No dudo que tengo fe en la reivindicación total y absoluta de los oprimidos; y valentía y arrestos no me faltan para ir hacia las últimas consecuencias donde me lleve dicha reivindicación justiciera. Y la última consecuencia de esa lucha revolucionaria, para la obtención de la justicia social es, no veo otras desembocaduras posibles, o la muerte (lo más seguro que existe en mi vida), la cárcel (un distintivo en mi currículum de guerrillero de la pluma), o el destierro. No soy cristiano ortodoxo. El prójimo, mi semejante, para mí es únicamente el oprimido, el SIN-ESPERANZA, los sin nada, “Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
"Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la
crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata”

El amor a los enemigos, para un hombre de poca fe como el quien esto escribe, es difícil que se le conceda. La relación de agravios de la clase oligarca no puede quedar impune amándolos tan pendejamente. Yo no otorgo la otra mejía, pues sería una repugnante condena a la esperanza de los que claman justicia. Si fuera así, sería como el perro que lame su vómito, el vómito del expolio de nuestros enemigos. Prefiero ser la higuera que no da frutos, es decir, la higuera que no complace al santón oligarca o al mal gobierno que nos despieza. Y no temo caer fulminado por su mano asesina, asesina de la esperanza de los oprimidos. La raíz de la revolución persiste, a pesar de la ira de la casta divina o trasnacional. Para mí la fe se reduce en lo que dijo Lenin de ella: “La fe en la capacidad de los hombres, unidos para liquidar los vestigios de los siglos pasados y edificar soberanamente, partiendo de nuevas bases, un orden social”. Un orden social humano, solidario, donde nadie será nunca más nadie.

Silvio Zavala: Yucateco Ilustre


Chequen esta nota del señor Krauze sobre un yucateco ilustre cuya estirpe histórica se remonta al turbulento don Lorenzo de Zavala y don Justo Sierra Méndez. Honor a quien honor merece, maestro Zavala...

domingo, 1 de febrero de 2009

Sobre el Forito Social Mundial


Este “Forito Social Mundial” (las comillas son necesarias porque ni es Foro, pero sí una pasarela de imbéciles de buena voluntad nacidos a los dos lados del charco atlántico; ni hay propuestas sociales, pero si, sí que sí, las cascadas apologéticas de la chaladez voluntarista son infaltables) en donde se cacarea hasta el desgañitamiento afónico consignas esperpénticas a modo de paladas sepultureras contra el sistema capitalista, el demonio neoliberal y los malos de arriba causantes de la crisis financiera para los de abajo, y se prenden inciensos advocatorios para el advenimiento del Socialismo del Siglo XXI (¿cómo se come ese chorizo?, ¿el descongelamiento progresivo de Siberia por el calentamiento global, le ha dado hálitos de vida a la pesadilla totalitaria trasplantada en "Nuestras sufridas Américas"?, ¿habrá Gulags tropicales en él?), no es más que una idónea vitrina para que el verborraico teniente coronel Hugo Chávez, su marioneta boliviana, el indígena lector de Mao Evo Morales, el aburguesado ex líder sindical Lula da Silva, el obispo huarachudo Fernando Lugo, y el ex tecnócrata Rafael Correa (que no obstante contar con un PhD en economía de la Universidad de Illinois, Estados Unidos, está abocado a hacer polvo la economía de ese país a base de recetas financieras salidas de la cabecita de un mandril oriundo de Barinas Venezuela), afinen y apunten sus hueras y estridentes retóricas contra el infaltable Chivo Expiatorio causante de todos nuestros males sociales, de todas nuestras sufridas desgracias latinoamericanas: Los Estados Unidos –que ellos apelan como “El Imperio”- y sus brazos financieros como el Banco Mundial, el FMI, la OMC y otras estribaciones financieras conocidas como las “trasnacionales” que envenenan el ambiente, que envenenan el mundo con sus gases y toxinas de muerte; y que polucionan, quiebran, pudren y devastan las flacas economías nacionales.
Estos cinco exóticos personajes de la izquierda carnívora (no obviemos a la guapa presidenta argentina y a su “montonero” peronista marido), dos de ellos –Chávez y Evo- con pretensiones dictatoriales democráticas a base de enmiendas constitucionales, aún no comprenden que no con buenas intenciones se da de comer al hambriento, de vestir al harapiento, sino con una reestructuración a fondo de la economía nacional que traspase la absurda semántica de sus calenturientos discursos; y con una férrea regularización fiscal y jurídica de los países, no cerrada al libre mercado y cimentada por la incesante lucha democrática.
Chávez ha dicho que fue el primero en mentar, posterior de la caída del muro de las ideologías asesinas, en el Forito del año 2003 de Porto Alegre, al nuevo “Socialismo” del Siglo XXI que, bien mirado, no es otra cosa que un proyecto –posiblemente convertido en más que proyecto en los próximos días- de dictadura vitalicia para Venezuela vestida con los ropajes socialistas. Como dice la nota de abajo de La Jornada que comento, este fofo Forito, mal que nos pese a nosotros los anarquistas borgeanos, ha perdido su esencia desde que involucionara, de vitrina antisistémica de los Movimientos Sociales en una primera instancia –el caso paradigmático de esta fase: el Movimiento Indígena-, a gangosa pasarela chocarrera en la que, con olímpica impudicia, los botafumeiros turistas revolucionarios de los dos lados del charco atlántico, no se cansan de rendirle orgásmica pleitesía a los cinco idiotas de buena voluntad entronados por la barbarie populista.

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