
Por un feministo indignado
Ni lo uno ni lo otro. Misántropo, tal vez, pues con más de 6000 millones de bípedos paridores, el puñetero mundo no da para más, se cae a pedazos, pudriéndose a cada instante con dolencias animales en cada uno de sus cuatro costados terrenales. El título de este post se debe a que, del otro lado de mi pantalla, un comentarito pequeñito a un post anterior, salido de un “ordenador” de tierras gachupinas y cuyo anónimo autor (¿o autora anónima?) demuestra a escala apabullante su estólido desconocimiento de la poesía del “Tigre” Eduardo Lizalde (nadie lo, o la, obliga), eminente poeta mexicano que en días recientes festejaba ochenta años de vida.
El fragmento del poema precitado, como comprobará cualquier lector en ciernes, es de Lizalde (daría la vida por escribir dos “misóginos” versos de ese calado), y qué mejor homenaje puede uno hacerle, en la humildad que le debe a sus maestros tutelares, que compartirlo con los demás, incluido a fierecill@s feminist@s que no quieren “nada con el falo” (el entrecomillado es de otro poeta al que yo estimo en demasía, Nicanor Parra, chileno), como la (o el) dueñ@ de este blog (pinche aquí).
Fíjese, estimado lector, cara lectora, el prejuicio eurocéntrico que se carga la autora o el autor (o los mexicanos somos todos abúlicos comedores de elotes con el ADN de los tlaxcaltecas, o nos tachan de testosteronas ambulantes con bigote y cananas reptando hasta la indecencia uxoricida), en el siguiente texto que resalto:
“En el blog del mexicano Gilberto Avilez Tax, escritor de Chetumal, he encontrado esta perla (junto a otras muchas) en la que el joven homenajea al "tigre" de la foto en su 80 cumpleaños, y que me ha llamado la atención por lo bien que define en tan poco espacio un aspecto bien patente de la masculinidad por aquellas tierras”.
Y acto seguido, el texto de Lizalde: “Es prostituta vil,/ artera zorra, y ya tenía podrida el alma/ a los cuatro años. Pero su peor defecto es otro/: soy para ella el último/ de los hombres/.
Y al final, el autor o autora dicta cátedra freudiana sobre un supuesto orgullo numantino mío:
“En cuanto al titular de este post: ¿Misógino o despechado?... yo diría que orgulloso. Por otra parte cualidad muy masculina cuando hay de por medio amores no correspondidos”.
Sólo me resta escribir, teclado en ristre para salir en mi defensa y en la defensa de todas las que he amado hasta la perruna e infamante abyección, mi declaración de fe en forma de versos por la que “no me ha correspondido” (me reservo el nombre porque es tabú):
“Que otros se jacten de las mujeres que han tenido,
a mi me enorgullece la que no me ha correspondido”
Y estos últimos versos, no necesito decir que sí han sido alumbrados por mi zurda.