

México es un espanto: Crisis económica por un lado, crisis política por el otro, pinche crisis administrativa, corrupta, que se agranda con los disparos y las granadas de fragmentación de los sicarios de la droga contra un Ejército que mal la hace de policía en las calles cuando los propios policías bien que la hacen de escuchas, orejas, “dedos” del narco y dedos de sus superiores jerárquicos. El record macabro de las 300 pozoladas del ominosamente famoso Santiago Méndez López, las putas de caché del pederasta legionario Marcial Maciel, la antidemocracia del duopolio televisivo, el Estado Fallido de los panistas -que, según Lorenzo Meyer, tienen miedo a gobernar de a de veras-, más las terroríficas pruebas de que el viejo PRI viene al quite en 2012 con su moral que vale para una chingada, causan espanto al más valemadrista de los abúlicos.
México es una mierda: Mierda política, mierda económica, pinche mierda administrativa, corrupta mierda que agranda su pudrición mefítica cuando los cañonazos verdes de los barones de la droga (el fantasmagórico Mayo Zambada, el ubicuo Chapo Guzmán, los dos capos más poderosos del país, según Anthony P. Placido, Jefe de Operaciones de Inteligencia de la DEA) compran vidas y almas a políticos sin alma, al mismo tiempo que ruedan cabezas, plazas, devastan estructuras sociales, dan pábilo para futuras anexiones yanquis, justifican el Estado policiaco de la derecha en el poder.
En Tabasco se mata como si tal pareciera que la vida, como diría José Alfredo, no valiera nada, lo mismo que en Tamaulipas, Chihuahua, Guerrero, Veracruz, Michoacán y en otros focos rojos de la geografía nacional donde la violencia estatal hace hasta la ignominia por desaparecer cuando suenan las ráfagas de los “Matapolicías”, se rasga el silencio de la noche y el ruido del día con el rechinido de las llantas de las Hummers, o se decapitan en caliente a los “pinches culeros traidores”.
Desde la posición oficial sobre esta sangría mexicana (en 51 días transcurridos de este año ultra moridor, un informe especial de El Universal indica que la delincuencia ha matado a 1003 personas, todo un record y toda una escalada de muerte sin precedentes en anteriores años), la consigna de Calderón fue limpiar la nación de las estructuras delincuenciales lo más antes posible, pues si no fuera así, si no se hubiera acentuado la lucha contra el narco, “el siguiente presidente de la República iba a ser un narcotraficante” (declaración de Gerardo Ruiz Mateos, secretario de economía, en un desayuno en París con miembros de la comunidad mexicana).
W Radio recogió estas declaraciones de Ruiz Mateos, que corroboran lo que todos saben, lo que nadie ignora, esa verdad de Pero Grullo, que el narco se ha posicionado como un estado dentro del estado: “Hay varias ciudades en México y varios municipios donde cobran sus impuestos, donde imponen su ley y donde imponen presidentes municipales, donde exigen derecho o bono de seguridad”.
Con la policía minada hasta el tuétano por el narco, el secretario de economía indicó que lo único que les restaba era sacar al Ejército “porque encontramos una policía federal desmantelada, un sistema de inteligencia totalmente desmantelado y había que entrarle”.
Cancún es un claro ejemplo de esta infiltración del narco tanto en órganos policiacos como de gobierno. La cruel tortura y posterior violenta muerte del general Enrique Tello Quiñones a manos de un grupo de Zetas encabezados por el ex militar Luis Arturo Oliver, alias el “Gori 4”, líder de una cédula del Cartel del Golfo en ese polo turístico, sonó la alarma del sospechosismo contra el presidente municipal de Cancún, el guerrerense Gregorio Sánchez Martínez, pésimo cantante grupero, mediático político y empresario inmobiliario al cual, desde que estaba en campaña electoral, en más de una ocasión se le relacionó con el crimen organizado. Su director policiaco, el ex militar Francisco Velasco Delgado, alias el “Vikingo”, posterior de los hechos en el que perdiera la vida Tello Quiñones, Román Zúñiga y Ramírez Sánchez (sobrino del alcalde de Cancún), fue “arraigado” por la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) para el deslinde de responsabilidades y, según Sánchez Martínez, el “cruce de datos” (es decir, para que “colaborase” con las indagaciones a punta de culatazos o picana eléctrica en culo y testículos). El general Sergio Aponte, citando archivos de Sedena, indica que Velasco Delgado estuvo relacionado con asesinatos en 1993, hechos que no impidieron que “el Vikingo” ocupara la dirección policiaca de Cancún por sexta ocasión desde 1990.
Un reporte de Rosa Santana para Proceso 1684 (8 de feb. de 2009), bosqueja una relación familiar del primer edil cancunense:
“Es el undécimo de los 14 hijos que procrearon Crescencia Martínez y Antonio Sánchez (ambos ya fallecidos), varios de los cuales tiene antecedentes delictivos, según versiones periodísticas no desmentidas”.
“Por ejemplo, el diario La verdad de Quintana Roo refiere que el hermano del presidente municipal de Benito Juárez, Feliciano Sánchez Martínez, está preso en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México, acusado de ser el cabecilla de la banda de secuestradores conocido como Los Villaverde. El caso fue llevado en el Juzgado 17 en Materia Penal Federal”.
Ese mismo periódico informaba –señala Santana-, que “Magdalena Sánchez Martínez, también hermana del alcalde, estuvo tras las rejas después de ser detenida en el aeropuerto de la Ciudad de México. Llegó desde Colombia y pretendió introducir clandestinamente 300 mil dólares en efectivo, cuya posesión no pudo justifica”.
Una solicitud de amparo por parte de Magdalena Sánchez y su esposo Carlos Gasca –socio íntimo del alcalde-, fue registrada el 11 de enero de 2006 en la primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
La verdad de Quintana Roo (propiedad de Carlos Canabal Ruiz, quien fuera alcalde interino de Benito Juárez posterior de la detención de Juan Ignacio García Zalvidea en 2005) “difundió igualmente que Omar Francisco Hernández Sánchez, sobrino de Gregorio Sánchez Martínez, es buscado por la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) por su presunta participación en el aterrizaje de un avión cargado de cocaína en Chiapas”.
Días después de que Sánchez Martínez rindiera protesta como alcalde de Cancún, el junior Ángel Sánchez, vástago del político cantante, envalentonado por uno de sus guaruras, balearon juntos la casa de un estadunidense por un conflicto sentimental. Por más que el Ministerio Público del Fuero Común iniciara la averiguación previa 2547/2008, no se llegó a sustanciar el proceso, pues “el alcalde anunció que castigaría a Ángel internándolo en un colegio militarizado de Estados Unidos. El joven ya regresó a Cancún”.
Si no hemos tenido un presidente narco, al menos Quintana Roo puede presumir que ha sido gobernado por un narco gobernador: el chueco Mario Villanueva Madrid. “Greg” Sánchez se ha candidateado una vez para la gubernatura, y los políticos del grupo Chetumal y Cozumel no dudan de que lo haga –por más que una ley “nativista” le impida jurídicamente entrarle a la contienda electoral- en 2011 al término del periodo constitucional de Félix González Canto. ¿Repetirán la historia los quintanarroenses?
Si no hemos tenido un presidente narco, al menos sí hay sospechas por parte de la DEA sobre las incriminaciones que les hacen a varios colaboradores cercanos al Secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna (y, según el Por Esto!, al propio Genaro García Luna): “Nos preocupa, por ejemplo -indica Anthony P. Placido-, que de manera constante se mencione que varios de los colaboradores más cercanos del secretario (de seguridad pública) Genaro García Luna podrían estar involucrados con grupos criminales como el de los hermanos Beltrán Leyva”. Me pregunto: ¿Por qué Fecal no ha hecho nada al respecto? Esta me fuerza a hacerme la siguiente: ¿tendremos o ya tenemos presidente narco? ¿presidente federal o presidente municipal?
México es una mierda: Mierda política, mierda económica, pinche mierda administrativa, corrupta mierda que agranda su pudrición mefítica cuando los cañonazos verdes de los barones de la droga (el fantasmagórico Mayo Zambada, el ubicuo Chapo Guzmán, los dos capos más poderosos del país, según Anthony P. Placido, Jefe de Operaciones de Inteligencia de la DEA) compran vidas y almas a políticos sin alma, al mismo tiempo que ruedan cabezas, plazas, devastan estructuras sociales, dan pábilo para futuras anexiones yanquis, justifican el Estado policiaco de la derecha en el poder.
En Tabasco se mata como si tal pareciera que la vida, como diría José Alfredo, no valiera nada, lo mismo que en Tamaulipas, Chihuahua, Guerrero, Veracruz, Michoacán y en otros focos rojos de la geografía nacional donde la violencia estatal hace hasta la ignominia por desaparecer cuando suenan las ráfagas de los “Matapolicías”, se rasga el silencio de la noche y el ruido del día con el rechinido de las llantas de las Hummers, o se decapitan en caliente a los “pinches culeros traidores”.
Desde la posición oficial sobre esta sangría mexicana (en 51 días transcurridos de este año ultra moridor, un informe especial de El Universal indica que la delincuencia ha matado a 1003 personas, todo un record y toda una escalada de muerte sin precedentes en anteriores años), la consigna de Calderón fue limpiar la nación de las estructuras delincuenciales lo más antes posible, pues si no fuera así, si no se hubiera acentuado la lucha contra el narco, “el siguiente presidente de la República iba a ser un narcotraficante” (declaración de Gerardo Ruiz Mateos, secretario de economía, en un desayuno en París con miembros de la comunidad mexicana).
W Radio recogió estas declaraciones de Ruiz Mateos, que corroboran lo que todos saben, lo que nadie ignora, esa verdad de Pero Grullo, que el narco se ha posicionado como un estado dentro del estado: “Hay varias ciudades en México y varios municipios donde cobran sus impuestos, donde imponen su ley y donde imponen presidentes municipales, donde exigen derecho o bono de seguridad”.
Con la policía minada hasta el tuétano por el narco, el secretario de economía indicó que lo único que les restaba era sacar al Ejército “porque encontramos una policía federal desmantelada, un sistema de inteligencia totalmente desmantelado y había que entrarle”.
Cancún es un claro ejemplo de esta infiltración del narco tanto en órganos policiacos como de gobierno. La cruel tortura y posterior violenta muerte del general Enrique Tello Quiñones a manos de un grupo de Zetas encabezados por el ex militar Luis Arturo Oliver, alias el “Gori 4”, líder de una cédula del Cartel del Golfo en ese polo turístico, sonó la alarma del sospechosismo contra el presidente municipal de Cancún, el guerrerense Gregorio Sánchez Martínez, pésimo cantante grupero, mediático político y empresario inmobiliario al cual, desde que estaba en campaña electoral, en más de una ocasión se le relacionó con el crimen organizado. Su director policiaco, el ex militar Francisco Velasco Delgado, alias el “Vikingo”, posterior de los hechos en el que perdiera la vida Tello Quiñones, Román Zúñiga y Ramírez Sánchez (sobrino del alcalde de Cancún), fue “arraigado” por la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) para el deslinde de responsabilidades y, según Sánchez Martínez, el “cruce de datos” (es decir, para que “colaborase” con las indagaciones a punta de culatazos o picana eléctrica en culo y testículos). El general Sergio Aponte, citando archivos de Sedena, indica que Velasco Delgado estuvo relacionado con asesinatos en 1993, hechos que no impidieron que “el Vikingo” ocupara la dirección policiaca de Cancún por sexta ocasión desde 1990.
Un reporte de Rosa Santana para Proceso 1684 (8 de feb. de 2009), bosqueja una relación familiar del primer edil cancunense:
“Es el undécimo de los 14 hijos que procrearon Crescencia Martínez y Antonio Sánchez (ambos ya fallecidos), varios de los cuales tiene antecedentes delictivos, según versiones periodísticas no desmentidas”.
“Por ejemplo, el diario La verdad de Quintana Roo refiere que el hermano del presidente municipal de Benito Juárez, Feliciano Sánchez Martínez, está preso en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México, acusado de ser el cabecilla de la banda de secuestradores conocido como Los Villaverde. El caso fue llevado en el Juzgado 17 en Materia Penal Federal”.
Ese mismo periódico informaba –señala Santana-, que “Magdalena Sánchez Martínez, también hermana del alcalde, estuvo tras las rejas después de ser detenida en el aeropuerto de la Ciudad de México. Llegó desde Colombia y pretendió introducir clandestinamente 300 mil dólares en efectivo, cuya posesión no pudo justifica”.
Una solicitud de amparo por parte de Magdalena Sánchez y su esposo Carlos Gasca –socio íntimo del alcalde-, fue registrada el 11 de enero de 2006 en la primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
La verdad de Quintana Roo (propiedad de Carlos Canabal Ruiz, quien fuera alcalde interino de Benito Juárez posterior de la detención de Juan Ignacio García Zalvidea en 2005) “difundió igualmente que Omar Francisco Hernández Sánchez, sobrino de Gregorio Sánchez Martínez, es buscado por la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) por su presunta participación en el aterrizaje de un avión cargado de cocaína en Chiapas”.
Días después de que Sánchez Martínez rindiera protesta como alcalde de Cancún, el junior Ángel Sánchez, vástago del político cantante, envalentonado por uno de sus guaruras, balearon juntos la casa de un estadunidense por un conflicto sentimental. Por más que el Ministerio Público del Fuero Común iniciara la averiguación previa 2547/2008, no se llegó a sustanciar el proceso, pues “el alcalde anunció que castigaría a Ángel internándolo en un colegio militarizado de Estados Unidos. El joven ya regresó a Cancún”.
Si no hemos tenido un presidente narco, al menos Quintana Roo puede presumir que ha sido gobernado por un narco gobernador: el chueco Mario Villanueva Madrid. “Greg” Sánchez se ha candidateado una vez para la gubernatura, y los políticos del grupo Chetumal y Cozumel no dudan de que lo haga –por más que una ley “nativista” le impida jurídicamente entrarle a la contienda electoral- en 2011 al término del periodo constitucional de Félix González Canto. ¿Repetirán la historia los quintanarroenses?
Si no hemos tenido un presidente narco, al menos sí hay sospechas por parte de la DEA sobre las incriminaciones que les hacen a varios colaboradores cercanos al Secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna (y, según el Por Esto!, al propio Genaro García Luna): “Nos preocupa, por ejemplo -indica Anthony P. Placido-, que de manera constante se mencione que varios de los colaboradores más cercanos del secretario (de seguridad pública) Genaro García Luna podrían estar involucrados con grupos criminales como el de los hermanos Beltrán Leyva”. Me pregunto: ¿Por qué Fecal no ha hecho nada al respecto? Esta me fuerza a hacerme la siguiente: ¿tendremos o ya tenemos presidente narco? ¿presidente federal o presidente municipal?










